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LOS DESAFÍOS DE LA ALTA INFLACIÓN

Por: Álvaro López Peralta

Los deseos de felicidad que nos hicimos y repartimos en abundancia entre familiares y amigos -y que quisiéramos para todos los colombianos en general-, con los que iniciamos este nuevo año que en pocos días nos ha llevado a aterrizar en la dura realidad, ahora nos exhortan a morigerar nuestro optimismo, y a revisar nuestras costumbres y pasiones cotidianos si queremos evitar frustraciones en el difícil contexto económico y social que vivimos.

Y es que ahora la mayoría de los colombianos somos más pobres como resultado de la alta inflación que tuvimos el año anterior. Ahora nuestro poder adquisitivo es mucho menor y eso nos obliga a revisar nuestros hábitos de consumo y a limitar la cantidad y calidad de lo que compramos. Todo esto en medio de un alza desmesurada, sin control, de los precios de muchos productos, bienes y servicios, especialmente los básicos que consumen la mayoría de los colombianos, sumado a los altos intereses en tarjetas de créditos y préstamos.

La realidad nos indica que no es necesario ser un experto en economía para entender o hacer interpretaciones del concepto de inflación; ahora los colombianos lo entendemos mejor, en forma práctica y realista, cada vez que vamos a la tienda, al supermercado, a un almacén de ropas y calzados, cuando recibimos la factura de los servicios públicos, vamos a un restaurante, viajamos o hacemos alguna actividad de entretenimiento. Cada día pagamos más dinero por cualquiera de esos productos y servicios.

El año 2022 terminó con la inflación más alta de este siglo, con una cifra de 13,12 por ciento, equivalente a 2,33 veces la del año 2021, a pesar de las medidas monetarias implementadas por el Banco de la República. Fue la tercera más alta de América Latina, detrás de Venezuela con 305,7 por ciento, según el Observatorio Venezolano de Finanzas, y de Argentina con una inflación estimada del 95,5 por ciento. Siguen Chile con el 12,8 por ciento y Perú con 8,46 por ciento. Vale la pena destacar que Ecuador, con un 3,7 por ciento, y Bolivia con un 3,1 por ciento, fueron los países con la más baja inflación en sur América.

La inflación actual es, sin dudas, un fenómeno global del que nadie ha escapado luego de la pandemia y las cuarentenas, que ha sido agravado por factores locales en algunos países, entre ellos Colombia que tuvo que sufrir los traumatizantes bloqueos de su economía durante varios meses del año anterior.

No se han visto las gestiones concretas y efectivas realizadas por el gobierno del presidente Petro para reducir la inflación en el país; por el contrario, mediante acuerdos clientelistas con los partidos políticos, ha logrado la aprobación de medidas que la incrementan, como la de los aranceles a confecciones y calzados importados, que suben al 40%, los impuestos a restaurantes, hoteles y tiquetes aéreos, afectando el turismo, impuestos a alimentos ultraprocesados y a los empaques de plástico, la aceleración del alza de los combustibles y la sobretasa a la generación eléctrica con fuentes hídricas, entre otros.

Ante esta realidad, no nos queda otra opción diferente a la de hacer lo que tradicionalmente hacemos cada mes de enero: enfocarnos en revisar nuestras finanzas personales y familiares -y las empresariales, a quienes les aplique-, para hacer los ajustes requeridos en los presupuestos de gastos con el propósito de asegurar que podemos cubrirlos con los ingresos que se proyecten. Ese es el momento para definir e identificar si es necesario hacer recortes, o si es posible mantener el nivel de gastos, o incluso ahorrar una suma de dinero cada mes, para disponer de unas finanzas sanas y sostenibles. Un programa de computador o una simple hoja de Excel pueden ser suficientes para lograr este propósito.  Buen ánimo.

 

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