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LOS ESTAFADORES DE LA FE

 

Por: EDUARDO L. GULLOZO

No cobran indulgencias, pero piden diezmos como si nuestra salvación dependiera de ello. Hace cierto tiempo recordaba las palabras que un presbítero le dijo a una iglesia: “¡el Señor me mostró, me reveló, que en el infierno hay un lugar reservado para aquellos que no entregan su diezmo!”. Desde esa vez que lo escuché decir semejante barbaridad, no sé si lo dijo por ignorancia, comprendí que la creencia de que los líderes religiosos son inerrantes es tan peligrosa como el fanatismo que promueven muchas sectas de índole terroristas.

En el año 1515, el papa León X pretendía la construcción de una de las obras arquitectónicas más caras y lujosas de la época, la que hoy conocemos como la basílica de San Pedro,  una construcción con la que quería presumir su excéntrico gusto por el arte y los lujos. Pero viéndose corto de recursos y materiales para la construcción, tuvo que acudir a la exigencia del pago de más tributos e impuestos a los reinos que estaban bajo su control, sin embargo esta medida que había impuesto no le dio el resultado que esperaba, y fue entonces donde tuvo una ingeniosa idea que le ayudaría a recaudar todo dinero que necesitaba y hasta más. Ese dinero provendría de la buena fe de los cristianos de la Europa de esa época, con las famosas indulgencias, las cuales eran un documento que contenía el perdón del papa sobre el alma que el comprador deseaba sacar del infierno o del purgatorio. Obviamente este privilegio no era gratis para los creyentes, algunos bajo la manipulación de hombres como Johann Tetzel, un comisionado del papa León X, vendían todas sus pertenencias y propiedades para adquirir la indulgencia. Y de esta forma se logró, lo que es a mi parecer, una de las más grandes estafas y manipulaciones que se han hecho en el buen nombre de Dios y a costillas de la buena fe de los creyentes.

Pero ¿qué tiene que ver algo que pasó en siglos pasados con la actualidad? Pues hoy en día gozamos de una libertad de expresión y de culto que la garantiza el mismo estado, sin embargo para nadie ha sido un secreto que esa misma libertad ha sido tomada por algunos cultos, denominaciones o falsos líderes religiosos para hacer cosas ilegales, como por ejemplo la estafa. Solo hace falta echar un vistazo a las noticias, donde salen en primera plana pastores que estafaron a los creyentes, pastores que viven en mansiones lujosas y reprenden desde sus sermones todo tipo de vida ostentosa. Al parecer se ha vuelto común para la sociedad escuchar de pastores que emplean la manipulación para explotar económicamente el bolsillo de sus feligreses, y esas manipulaciones parecen operar bajo una misma premisa que utilizan como el arma con la que le roban la fe y el dinero a los creyentes: el diezmo. Inclusive, hasta hacen un silogismo del texto que se encuentra en Malaquías 3:9-10. “Los ladrones no entran al reino de Dios. Los que no diezman están robando a Dios. Por tanto los que no diezman no entran al reino de Dios.”

¿Qué es el diezmo? ¿Es el diezmo un mandamiento? ¿Depende del diezmo la salvación del creyente? ¿Qué hacen los pastores con el diezmo que recaudan? Intentaré explicar estas preguntas con la mayor claridad y brevedad posible: 1) el diezmo es un concepto que se extra de las Escrituras, especialmente del Antiguo Testamento, donde se tenía que entregar a los sacerdotes provenientes de la tribu de Leví el diez por ciento de lo que un ciudadano israelita o hebreo producía. 2) El diezmo es para los judíos un mandamiento, puesto que era una forma de recaudo como los impuestos, para la manutención de algunos servicios públicos a cargo de los levitas. Para los cristianos el diezmo es un principio semejante a la ofrenda o donativos, los cuales buscan rescatar el  valor de la dadivosidad o generosidad, pero no es un mandamiento. 3) La salvación del creyente no depende del diezmo, por tanto si un creyente no diezma no significa que esté en pecado o que se merezca el infierno, puede significar por el contrario que tiene la situación difícil. 4) En mi experiencia y por la cercanía que he tenido con algunos círculos de pastores y presbíteros, la mayor parte de esos diezmos va directo al bolsillo de ellos. Hay casos de pastores más honorables, que utilizan diezmo para el sostenimiento de la misma iglesia, para ayudar a los creyentes, y para el uso que la Biblia enseña que se le debe dar al dinero que se recauda en la congregación.

Recuerdo en una ocasión, cuando formaba parte del grupo de ministros ordenados de una iglesia, que el pastor principal convocó una reunión. Cuando llegamos todos a la reunión, el pastor dijo que uno de nosotros iba a ser destituido del cargo porque tal persona estaba en pecado, cuando dijo el nombre de la persona, le dijo que la razón de su destitución había sido porque tenía tres meses de no entregar los diezmos. Desde ese día renuncié mis credenciales de ministro ordenado en esa iglesia. Y en todo este tiempo he visto muchos casos similares y peores en algunas iglesias evangélicas, protestantes y pentecostales, donde no te cobran por las indulgencias, pero te piden el diezmo como si este fuese un requisito para la salvación.

 

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