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Paradigmas contemporáneos de la educación

Por: Eduardo L. Gullozo

El indicio más claro que manifiesta la inteligencia es la curiosidad, y la curiosidad no mató al gato, lo mató el sistema educativo.” En pleno siglo XXI han sido muchos los avances que la humanidad ha logrado, especialmente en lo que respecta a la tecnología y el intelecto humano. Sin embargo, al hacer una comparación entre la tecnología de hace unos cincuenta años con la de hoy, resulta impresionante el cambio de muchos cosas. Pero si comparamos qué cosas han cambiado en nuestro sistema educativo, notaremos que en un aula de clases solo cambió el material con el que hacen las sillas, el tablero de tiza por el de acrílico, la tiza por marcadores y algunas políticas del sistema. Pero lo demás sigue siendo igual: el mismo paradigma educativo con algunos que otros parapetos.

Resulta inconcebible el desarrollo de una sociedad cuando los paradigmas con los que construyen su progreso son los mismos de hace cincuenta años. Y me gustaría usar el concepto de Thomas Kuhn con el que se refería a los paradigmas, pero en este caso aplicado a aspectos del intelecto humano y la educación, para seguir la idea que él propuso sobre las “revoluciones científicas” cuando en una sociedad había un cambio de paradigma. Esto con el propósito de hacerles ver que en Colombia aún no se ha dado una “revolución” o cambio de paradigma en el sistema educativo, o por lo menos hasta donde sé.

Las disciplinas que se encargan de estudiar el intelecto humano como la neuropsicología, epistemología, psicología y sociología durante las últimas décadas han estado ahondando exhaustivamente en temas relacionados con la inteligencia, y han propuesto teorías que fueron acogidas por países donde la educación es la de mejor calidad en el mundo, países entre los cuales figura Finlandia, Japón, Irlanda, Canadá, Israel y China. Y me ha llamado mucho la atención una de esas teorías propuestas, la cual se está posicionando como el paradigma que mejor explica la razón por la cual el ser humano sobresale en dominios intelectuales totalmente diferentes, y es la teoría de las inteligencias múltiples. Esta teoría explica que un individuo no es inteligente solo porque domina conocimientos lingüísticos y lógicos-matemáticos, sino que, en efecto, hay otros dominios intelectuales en los que un individuo puede sobresalir como, por ejemplo: dominios intelectuales interpersonales, kinestésico-corporal, musicales, lingüísticos, lógicos, matemáticos y espaciales.

Hay algo que como docente tengo bien claro, y es que todos destacamos en algo que nos hace ser únicos en ello. Es por eso que considero que la inteligencia no debe estandarizarse solamente en parámetros que miden dominios intelectuales lógicos, matemáticos y lingüísticos. Al igual que el cuerpo la inteligencia tiene muchas partes, cada parte con una función específica e indispensable para que el cuerpo funcione perfectamente y, aunque la cabeza sea la que ordene todo, ésta no puede funcionar sin el corazón, sin los pulmones o sin otras partes del cuerpo.

Sin embargo, según los lineamientos de evaluación establecidos por nuestro sistema educativo con los que se miden las competencias de los estudiantes, un educando no es competente si reprueba las materias básicas como, por ejemplo: matemáticas, biología, Lengua y Sociales. Entonces supongamos que un niño reprueba el 60% de las materias en el colegio (las básicas), pero sobresale en competencias artísticas, musicales y humanísticas (las de relleno), según el paradigma de las Inteligencias Múltiples no significa que aprobó las materias más fáciles o que es un bruto por desinteresarse de los conocimientos básicos. Por el contrario, significa que el niño está mostrando aquello que le despierta la curiosidad y, en lo que es potencialmente inteligente. Pero en Colombia el sistema educativo aún se rige por los paradigmas de hace tres décadas, y tal estudiante debe repetir el año porque no es competente para avanzar, aunque su desempeño en artística sea de cinco sobre cinco durante todo sus estudios.

En mi experiencia como docente he observado estudiantes que le tienen fobia a las materias básicas, especialmente a dos: matemáticas y castellano. No les interesa en lo absoluto el conocimiento que se ofrece en esas materias, pero también he observado que esos estudiantes sobresalen de manera intuitiva, como si fuese un instinto, en competencias que se desarrollan en materias de relleno como lo son: humanidades, filosofía, religión y artística. Pero sé que el destacar en materias de relleno no les hará apto para avanzar al siguiente grado. El sistema los ha condenado, los ha obligado a dejar de lado su intuición y su instinto en aquellas competencias en las que sobresalen y son potencialmente inteligentes, gracias a un paradigma de evaluación intelectual que ya está mandado a recoger.

Razón tenía un viejo sabio cuando dijo que: «todos tenemos un genio por dentro; pero si calificamos de inútil a un pez por su habilidad de trepar árboles, éste creerá toda su vida que es un bueno para nada». ─Albert Einstein

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