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Perder es ganar, ganar es perder

En este país macondiano parece que nos persigue un duende con el número 70.000. Primero, fue el famoso contrato del MinTic por un valor de 1.07 billones de pesos con la Unión Temporal Centros Poblados, con un anticipo de 70.000 millones de pesos para cubrir el servicio de internet en los departamentos de Amazonas, Arauca, Cundinamarca, Quindío, Casanare, Cauca, Chocó, Magdalena, Putumayo, Risaralda, Valle del Cauca y Vichada. Esta platica se perdió.

Ahora, el fallo de la Corte Internacional de Justicia dictado esta semana pasada y que confirmó la sentencia de noviembre 19 de 2012 donde perdimos cerca de 70.000 kilómetros cuadrados de soberanía sobre el Mar Caribe. El problema no es nuevo, viene de 1928 cuando nace el tratado de límites marítimos Esguerra- Bárcenas. Pero todo cambió en 1980 con la llegada del gobierno sandinista que declaró nulo dicho tratado, reclamando además el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

El único camino que nos queda es la vía diplomática antes que Nicaragua siga ganando las otras demandas y se quede con Cartagena. Pero el presidente Duque anda alegremente agresivo mostrando el carnet que nos acredita como socios de la OTAN, asunto que no acaba con el hambre que sufre el pueblo ni cambia la carne de burro que reciben los niños en muchos colegios públicos a través del PAE.

La alternativa inteligente es el diálogo y la negociación amigable con el gobierno de Nicaragua así sea una dictadura o un disfraz de democracia. Hay que hablar con el adversario, llámese democracia, monarquía, tiranía, democracia fallida o caricaturesca.

Un enfrentamiento bélico entre estas dos naciones sería mortal para ambos pueblos. Según el escritor Ernest Hemingway (1896- 1961), “jamás piensen que una guerra, por necesaria y justificada que parezca, deja de ser un crimen”. Sería un horror político, como lo estamos viendo actualmente en Ucrania. Un caricaturista colombiano nos advierte: “los que piden guerra, no son los que van a recibir las balas”. Nuestros soldados y policías salen de los estratos uno, ellos ponen su sangre y el sufrimiento de sus familias en un conflicto que puede evitarse.

No conozco un funeral de un soldado o policía de estrato seis, pues cuando el país se incendie ya estos jóvenes están en Miami disfrutando con sus padres el billete que han sacado de Colombia para los paraísos fiscales del Caribe.

Por: Francisco Cuello Duarte

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