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REFLEXIONES Y ENSEÑANZAS DEL COVID – 19

Por: Elmer Jiménez

Sin duda, si algo logrará partir en dos la historia de la humanidad y el curso de nuestros días, será el denominado COVID – 19. No será la guerra estéril que por años se practica en el mundo y a la cual ya nos hemos acostumbrado, tampoco las diferencias políticas, económicas y religiosas, las cuales han dejado huella, pero no tanto como lo dejará en cada uno de nosotros ese terrible y sorpresivo virus. Lo que comenzó como un hecho aislado y casi sin importancia para algunos, terminó convirtiéndose en un verdadero monstruo amenazante e incontenible. Hoy todo el planeta se rinde a sus pies, reconociendo su poder e intentando por todos los medios y de manera conjunta, contener su furia, aceptando que nos equivocamos al subestimarlo y casi que desafiarlo. Hoy los grandes países que suponen controlarlo todo, o casi todo, se desboronan ante el paso del virus por ellos. Hoy esas economías robustas y fuertes de las que dichas naciones gozan, se ven notablemente afectadas e inmersas en una incertidumbre que no se sabe a ciencia cierta, hasta donde irá y cuándo parará. Lo que si nos ha dejado ver y comprobar es lo frágiles que somos como individuos, como sociedad, como país, como institución, como gobierno, ante situaciones inesperadas como esta, nuestra capacidad de respuesta y toma de decisiones se ve menguada, pero también lo es nuestra capacidad de consciencia.

Ojalá, cuando todo esto pase seamos capaces de construir un mundo más humanizado, mas consiente de lo verdaderamente importante y prioritario, donde las armas nucleares y el dinero pasen a un segundo plano, porque está visto y demostrado, que ni las bombas nucleares y los millones de dólares, pudieron detener a un invisible virus que se posó entre nosotros y tiene al mundo frente al escenario más incierto y humillado de toda la historia.

Lo que sí queda claro después que todo esto pase, es que el mundo deberá reinventarse, cambiar de dirección, variar el orden de prioridades, como una especie de reingeniería total. Tanto los países desarrollados, como los que no lo son deberán replantear sus conductas. Los grandes gobernantes dejar de gobernar para ellos y hacerlo por fin en unidad pensando en el bien común y tal cual como lo han hecho ante esta crisis, de igual unirse para enfrentar otras; como, por ejemplo, el hambre de África, la falta de agua potable en muchos rincones del planeta, la desigualdad, el calentamiento global, invertir más en la ciencia que en la guerra. A partir de todo esto y si la soberbia no nos gana, la mayor enseñanza estará representada en pensar y actuar en equipo, unidos, en función de propósitos comunes, con objetivos mundialmente acordados que redunden en el bienestar de todos y no de unos pocos. El poder del Covid-19 nos indica que no se puede seguir actuando y administrando en contra de las leyes naturales, pasando por encima de todos sin importar y medir las consecuencias, sin desapartar la razón de las decisiones, pero también incluyendo dosis de corazón.

Después de todo lo expuesto, vale la pena abordar aspectos que la crisis del CORONAVIRUS ha dejado ver con mayor acento. Quiero comenzar hablando de la fragilidad del ser humano, sobre la impotencia que nos envuelve a todos en situaciones como la actual, donde lo que menos interesa es la posición social, cuanta riqueza posees o que tan cómodo vivas, porque ante la crisis nada de esto cobra tanto valor como la fe y la esperanza. También me quiero referir al caos económico mundial a manos del virus, donde ni el más erudito en la materia hubiera alcanzado a imaginar la magnitud del descalabro e incertidumbre de los países con economías frágiles como la nuestra, que depende de otras economías y diversas variables para sostenerse. La inestabilidad mundial económica que hoy vive el mundo, seguramente se logre superar, pero mientras eso sucede los estragos serán notorios y se harán sentir.

Otras de las reflexiones al respecto, tiene que ver con la cantidad de armas que a diario se fabrican en el planeta y con las que algunos pocos países muestran su poderío y desafían permanentemente a otros. Pues bien, ese montón de millones de dólares invertidos en la elaboración de armas todo tipo, incluyendo las de destrucción masiva, no son más que millones mal gastados. Ni todas esas armas juntas, sirvieron para contener a un enemigo silencioso de nombre Covid-19, las pueden hacer sonar e incluso estallar, que el problema que hoy afronta la humanidad no se exterminara, se necesita más que eso.

Llegó la hora o el momento de aprender a las malas, lo que a las buenas nunca pudimos, o más bien, nunca quisimos. Hoy hay un planeta que reclama nuestra atención, un planeta enfermo, que por causas de las terribles condiciones ambientales, cada día se deteriora más y más y solo unos pocos hacen frente a un problema que nos compete a todos sin excepción, desde donde quiera que estemos, niños, jóvenes, adultos, adultos mayores, etc., porque de no atenderlo, la próxima crisis que nos corresponderá afrontar será la falta de agua, el calentamiento en su máxima expresión y muy seguramente para entonces, ya no habrá mucho por hacer. Creo que antes que lamentar la situación actual y aparición del Covid-19 a nuestras vidas, deberíamos mejor reflexionar, aceptar la gran lección que se nos quiere dar y convertir en una gran oportunidad esta crisis que hoy padecemos.

 

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