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Resilientes

Por: Eduardo L. Gullozo

“No he tenido más alternativas que luchar, y las fuerzas no me alcanzan para rendirme.” Hoy quiero hacer una apología a la resiliencia y destacar que a pesar de nuestra fragilidad y limitaciones el ser humano aún es capaz de sobreponerse a cualquier dificultad, esto es algo digno de admirar de nuestra naturaleza. Existen incontables historias de superación que nos demuestran esa capacidad de sobreponernos a los problemas a pesar de que los pronósticos no nos ayuden, y estas historias merecen ser contadas porque nos sirven de inspiración y de modelo a seguir, ya que la vida es, desde el momento de nuestra concepción hasta la muerte, una lucha constante en la que sobrevivimos a punta de resiliencia.

Hace días estuve de visita por Venezuela, aquél bello país que alguna vez fue un paraíso y refugio de aquellos que buscaban el sueño americano pero en Latinoamérica, recuerdo que en sus mejores tiempos Venezuela fue un prospecto del país subdesarrollado que caminaba hacia el primer mundo: su economía era una de las más sólidas, tanto que su moneda fue capaz de cotizarse mucho más que el dólar, en sus momentos de gloria Venezuela fue el primer país de Latinoamérica en construir un reactor nuclear, también contaba y cuenta con una de las riquezas minerales más grande como el oro, el coltán, el carbón y metales raros, además cuenta con las reservas de petróleo más grande del mundo. Sin embargo todos sabemos lo que sucedió después que un mal gobierno tomó las riendas administrativas de éste bello país, todo ese paraíso se fue así como el Edén se fue de Adán y Eva cuando comieron del fruto prohibido.

Hoy en día el mundo conoce más a los venezolanos que a sus riquezas debido a la migración masiva que existe diariamente gracias a las mismas condiciones del país que los obligó a buscar refugio en los países que alguna vez se refugiaron en esa Venezuela del Sueño Latinoamericano.

El punto es que mi visita por Venezuela fue de inspiración para esta columna, y es que la verdad pensé encontrar un país devastado por la miseria y a su gente en condiciones marginales, ya que lo que los medios de comunicación nos han hecho ver de Venezuela es que es un infierno en el que nadie quiere estar, pero de primera mano note todo lo contrario: vi gente que a pesar de las miles dificultades están luchando por sacar a flote lo que queda de su país, vi gente trabajando todo los días con la misma berraquera con la que nos caracterizamos los criollos, vi gente “echándole bolas” (como dicen ellos) a sus negocios y microempresas todos los días y a pesar de las trabas que el mismo gobierno les coloca, y aunque muchos otros sectores están devastados, como la salud y la educación, a pesar de ello observé que su economía está retoñando de nuevo, pero no a luz de su moneda local sino a la luz del dólar, y creo que fue una de las tres cosas que me sorprendió. Lo primero que me sorprendió fue ver como las personas que no migraron están trabajando duro a pesar de la indiferencia del estado para superar esa crisis que están viviendo, lo segundo fue ver un billete de “Un millón” ¡De un millón! Un billete de un millón de Bolívares que al cambio en pesos (COP) son como Díez mil pesos ¡Qué absurdo!, y lo tercero que me sorprendió fue observar que todo el comercio, el mercado y los negocios se manejan en dólares, los pagos se hacen al valor de compra y venta del dólar, y el dólar circula como si fuese la moneda local de Venezuela.

Esas dificultades me hicieron recordar a las calamidades por las que hemos pasado en Colombia: más de sesenta años de un conflicto interno armado al borde de una guerra civil, la guerrilla, los paramilitares, los falsos positivos, el narcotráfico y la mala reputación que nos dio a nivel mundial, la marcada desigualdad social y la brecha de oportunidades que hay para uno y para otros no, la incompetencia de muchos de los presidentes que nos han dirigido, y aunque todavía no nos ha gobernado un sistema político socialista como el de Venezuela sí nos ha gobernado por muchísimo tiempo un sistema de ultra derecha que al igual que el Chavismo solo favorece a aquellos que están dentro de la rosca. Al parecer a Colombia y a Venezuela no solamente nos ha unido una misma historia, sino las mismas calamidades, y aunque no justifico malas condiciones, sí aplaudo la resiliencia con la que hemos superado cada problema que se nos ha presentado.

A pesar de todo esto aún estamos metiéndole berraquera a nuestro país para tener mejor condiciones, y por ello hoy más que nunca ¡Fuerza Colombia, fuerza Venezuela! Pues la horrible noche cesará.

 

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