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SAYCO: UNA SOCIEDAD SEVERAMENTE CUESTIONADA

Por: CÉSAR AUGUSTO CELEDÓN

Para la mayoría de los compositores nacionales, Sayco se ha convertido en una auténtica sinfonía inconclusa. Por cuanto allí resplandece la faltan de meritocracia. Esta entidad severamente cuestionada y no precisamente por no difundir suficientemente la música colombiana, frente a la oleada extranjerizante de música y estridentes ritmos que cotidianamente nos está invadiendo, pues las casas discográficas les interesan más las ventas, que la calidad musical o interpretativa que se haga o tenga una canción.

Hace poco se quejaba, es decir contundentemente protestaba Israel Romero, por cuanto a los organizadores de un aclamado y famoso certamen realizado en el interior del país, estos arrogantes y seudopatrocinadores de artistas y grupos folclóricos- de personalidad camaleónica, le dijeron que solo debían interpretar tres canciones porque el espacio estaba condicionado para los artistas extranjeros. Esta comicidad mediocre la vemos todos los días, donde nuestros consagrados y valiosos intérpretes y ejecutantes son permanentemente discriminados y subvalorados. Ahora debemos preguntarnos y esto se hace recurrencial, por cuanto si lo hacen con grupos musicales con trayectoria nacional e internacional, podrá usted imaginarse que puede ocurrir con los grupos que están empezando a proyectarse para abrirse paso en esta difícil disciplina, para salvarse de una patética e injusta extinción. Hay que crear efectos facilitadores para evitar que estos desaciertos y protuberantes fallas no se sigan presentando. Decía pascal, que el mundo estaba lleno de injusticias.

Es preciso que las directivas de Sayco, sean o se conviertan en preceptores, es decir se vistan de un decoroso humanismo proletario, para desmaterializar la conciencia con el fin de ser más valorativos y solidarios con nuestros episódicos y talentosos compositores, para que de esta única forma puedan vivir dignamente sin mayores angustias socioeconómicas. En Costa Rica, España, República Dominicana, México, el compositor es un ser excepcional, y no justamente por su porte trovadoresco, sino por constituirse en una encumbrada personalidad apoyada en una sapiente y fecunda inteligencia, para engalanar a la naturaleza y ala policlasista sociedad. En Colombia sucede desgraciadamente lo contrario, el compositor tiene que mendigar las limosnas que le entrega Sayco, como el devocional Lázaro, en las afueras del fastuoso palacio del rico y prepotente Epulón, vestido de harapientas prendas como flotantes sudarios… hay que cambiar esta solemnidad lapidaria. En alguna oportunidad vino desde México, un importante empresario a conocer a Crescencio Salcedo, y estaba alojado en el hotel Intercontinental en Medellín, y el conserje, no permitió la entrada de nuestro laureado compositor, porque estaba discretamente vestido, y calzando típicas abarcas ¡que decepción y tristeza para nuestros custodios y maravillosos hacedores de cinceladas poesías y versos! Y qué decir del extinto Wilson Choperena, el autor de la celebérrima pollera colorá que se conoció en todo el mundo civilizado y a la actual WALT DISNEY, hizo grandiosas producciones televisivas, con su festivo y anecdótico relato folclórico. Pero que deprimente y calamitoso espectáculo por cuanto su autor murió prácticamente en la miseria, triste y deprimente estrado macondiano, más parecido a una convocatoria de conciliábulos grupúsculos de fetichistas brujos, para crear un sofisma de distracción, para evadir diplomáticamente los reclamos, propuestas y cambios que se deben hacer en Sayco. Cuándo van a entender estos purpurados y retardatarios señores, que, pertrechados en su zona de confort, tienen que aceptar sin contrarréplicas que el compositor es un ser excepcional, pero también es un ser humano que tiene sus necesidades y debe suplirlas para seguir engalanando orgullosamente nuestro polifacético pentagrama nacional. En justicia a tales apreciaciones y requerimientos es justo valorar y reconocer ampliamente la extraordinaria labor ingeniosamente creativa que con paciencia de meditabundo boticario de provincia, viene realizando el reconocido compositor y arreglista, José Ramón Fuentes Acosta, autor de meritorios temas como ‘Me voy pa el campo’, grabado por Calixto Ochoa, a Costa Rica con Juan Piña, Borrachera, Donde quiera, con los Embajadores Vallenatos, Ocañerita con Miguel Herrera y Raúl el Chiche Martínez. Lo más sorprendente de esta tragicomedia, es que este referente de la Polifonía Nacional, tiene en su repertorio más de 150 canciones grabadas y sus regalías son tristemente irrisorias y humillantes: lo más desagradable y decepcionante de este asunto, es que hay algunos compositores que no alcanzaron a grabarle ni 10 canciones y tienen mejores regalías y muchos de ellos están olímpicamente pensionados.

¿Por qué Sayco permite estas injusticias? Hay que ser razonablemente justo y erradicar este tratamiento asimétrico.


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