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TU HERIDA NECESITA UNA CURITA

Por: Katherine Muñoz López

Soy Comunicadora Social y Periodista, y aunque mis primeros años de profesión los dediqué a escribir diferentes temas de actualidad como política, farándula, economía, entre otros, no quise hacer lo mismo con esta, la que sería, o mejor dicho es, mi primera columna de opinión.

Esta madrugada desperté a orar como es habitual y luego hubo en mí un sentir que me decía, ¿por qué no le hablas a esas mujeres que hoy necesitan saber que yo les amo, les cuido y les puedo restaurar?, sin duda, de inmediato supe que se trataba del Espíritu Santo de Dios, y bueno, ahí empezó este artículo.

Debo confesar que dudé por un momento en si escribía esto o no, ¿por qué?, por cómo es este país que tanto amo, sí, y es que, aunque lo ame, no desconozco que cuando alguien no está de acuerdo contigo, en vez de seguir de largo y entender que todos pensamos diferente, se lanzan a atacarte con críticas y juicios desmedidos; Sin embargo, entiendo que mi Colombia es un país de libre expresión.

Pero antes de hablar de todo lo qué Jesús puede hacer contigo y de ese inmenso dolor que hoy cubre tu vida, tu corazón y tus pensamientos, quiero bendecirte por estar aquí y decirte que eres libre de creer si Dios existe o no, asimismo estás en tu derecho de querer leer este artículo hasta el final o simplemente salir de esta página web y buscar otro tema de tu interés… ¡créeme, no pasa nada!, al final esto llegará a quien tenga que llegar, es decir, lo leerá quien necesite leerlo.

En mis 29 años de vida he experimentado muchas situaciones de dolor, traición y tristeza, en algunas ocasiones he sido cuchillo, pero muchas más veces he sido herida y sé perfectamente cómo se siente. Un día yo fui tú, esa mujer que experimentó el trago amargo de la separación, yo también sentí que me mataría el dolor, el fracaso, porque lamentablemente esos son los pensamientos que empiezan a atravesar tu mente… pero te tengo una noticia, en ti está el poder para mantenerlos o para desecharlos.

Sé que en este momento estás llena de dudas, preguntas, pero sobre todo TEMOR. Sí, temor a la crítica, a la soledad, y aunque quieres aparentar que todo está bien, sabes que no es así.

Cuando estamos en ese estado pensamos tantas cosas que nos olvidamos de lo importante, el estado de nuestro corazón y cómo sanarlo. ¿Y por qué sanarlo? Amiga, porque se vale llorar, se vale sentir dolor, pero no puede ser para siempre. Sé que en algunas mujeres se demora más que en otras, pero considero importante iniciar, porque cuando una herida es abierta, por supuesto brota de ella sangre y tú empiezas a experimentar un dolor, soportable, pero dolor, al fin y al cabo; Sin embargo, no puedes quedarte viendo cómo se desangra tu alma y corazón.

Yo hoy quiero decirte que esa herida tendrá también una cicatriz, esa herida un día dejará de sangrar y sellará, pero para que eso suceda, debes colocarle un curita, y ¿sabes cómo se llama? Jesús: tu Señor y Salvador.

Cristo no quiere que tú sufras, él no te creó con propósito de dolor, al contrario, él pensó en ti con agrado, con amor y con el objetivo que fueras feliz.

Un día yo fui tú, pero otro día conocí al Señor y decidí ir a su taller, rendir mi vida, mis emociones, mis pensamientos, pero, sobre todo, mi corazón y mi alma para ser restaurada y ¿sabes qué pasó? ¡Lo hizo y lo sigue haciendo!

Hoy yo te animo a que dejes de llorar, a que te levantes de ese lugar de fracaso en el que te han querido ver y que empieces a vivir como lo que eres, una hija de Dios, su princesa. Ve a al taller del maestro mujer, hay una nueva y mejor vida para ti… esa vida se llama Jesús.

Cuando veas su mano actuar sobre ti, entenderás que todo obra para bien y que, aunque dolió mucho, esa experiencia hizo de ti una nueva mujer, más valiente, más fuerte y sobre todo segura de su identidad como hija de Dios. ¡No te tardes más, Jesús espera por ti!

Leer edición impresa 432

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