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UN POLICÍA EN MACONDO

Por: Francisco Cuello Duarte

En días pasados, un patrullero de la Policía se convirtió en noticia nacional y figura de las redes sociales, al negarse a participar en un desalojo de unas familias vulnerables que invadían un predio de uso público en las orillas del río Pance, en Cali, dentro de una torpe y arbitraria diligencia judicial de restitución, emanada de esa alcaldía, cuando el uniformado al ver las condiciones infrahumanas de las víctimas (mujeres, niños y ancianos), en un acto inusual, estalló en llanto, con tanta pasión y ternura, que contagió a toda la comunidad, absteniéndose de continuar con la diligencia de desalojo. Es la diferencia de nuestros policías, con la calaña de un policía gringo, capaz de sacarle la lengua a un negro, ante la mirada morbosa de sus compañeros.

El policía en mención, si bien cometió una falta disciplinaria leve, según la Ley 1015 de 2006, tampoco es un hecho delictivo para destituirlo o cortale la cabeza, pues su conducta, exenta de dolo, encajaría en una causal de exclusión de responsabilidad, para garantizar unos derechos humanos a unas personas vulnerables, que más tarde se convertirían, con desalojo o sin él, en un problema social, en esta época de pandemia.

Pero tampoco es un acto de heroísmo que puede ser condecorado, según el criterio de unos Congresistas, quienes, en un acto de folclorismo cantinflesco, aprobaron una proposición para darle una mención de honor al patrullero, por ser “un acto que llena de esperanza a este país”, lo que demuestra la falta de trabajo y de sincronización con los graves problemas sociales y económicos que afronta la sociedad colombiana. En un país macondiano como el nuestro, dicha condecoración sería un chiste de talla internacional en estos momentos de confinamiento.

Siendo así, habría que reformar el Código General del Proceso (Ley 1564 de 2012) y el Código Nacional de Policía y Convivencia (Ley 1801 de 2016), para que, en lo sucesivo, la parte afectada en un desalojo o restitución de un inmueble, solicite al Inspector de Policía, que ante el llanto de un patrullero que acompaña la diligencia, se suspenda el proceso pues la justicia se paraliza con semejante impacto emocional.

Definitivamente, si García Márquez estuviera vivo, ya estaría escribiendo el segundo tomo de su famosa novela, Cien años de soledad, mientras que Kafka habría adicionado otros capítulos a La Metamorfosis.

 

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