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¿Y los jóvenes qué?

Por: EDUARDO ARREDONDO DAZA

Según la medición más reciente del DANE sobre las condiciones de empleo de las personas—junio de 2021—, Valledupar cuenta con una tasa de desempleo juvenil del 29.2%. Esta inquietante cifra, que supera el promedio nacional en 5,9 puntos porcentuales, ubica a la capital del Cesar como la sexta ciudad con peor desempeño en esta materia. Un indecoroso puesto que revela lo mal que la están pasando los jóvenes vallenatos y sus dificultades para incorporarse al mercado laboral. Una problemática no menor que debe ser prioridad en la agenda de los gobiernos subregionales. De manera que es una obligación ineludible para la administración municipal y departamental implementar con inmediatez políticas públicas que tengan efectos positivos en el objetivo de satisfacer la necesidad de trabajar de los jóvenes vallenatos.

En este contexto, quiero traer a colación el caso generalizado de tantos jóvenes en la ciudad quienes con sacrificio se han educado con la ilusión de encontrar, una vez graduados, un primer empleo, pero en cambio no terminan por encontrar ninguna oferta de trabajo que se ajuste a la carrera que estudiaron. Esto pone sobre la mesa, la necesidad de que se construya con urgencia un sistema de información robusto con la capacidad de cuantificar cuáles son las carreras, oficios y competencias que realmente demandan los sectores productivos de la ciudad e hilar un lazo interinstitucional junto a las instituciones de educación superior para que su oferta académica esté alineada y corresponda con las necesidades del tejido empresarial de Valledupar. A su vez, esto permitirá a los jóvenes decidir sus carreras de manera informada, con cifras reales del mercado laboral. De modo que, una vez terminado sus estudios, encontrarán trabajo porque de antemano conocen que en la calle hay empleadores requiriendo profesionales con su formación académica.

Por otra parte, el mundo está viviendo un proceso de transformación digital masivo que ha sido acelerado en gran medida por la pandemia. Valledupar no puede seguir siendo indiferente hacia esta nueva realidad global; de momento, nada hemos hecho para estar a la vanguardia de los nuevos desafíos que suponen estos cambios tecnológicos, entre ellos la evolución del trabajo. Si entendemos y confiamos en las oportunidades que nos traería incorporarnos de manera inmediata en el sector de las tecnologías de la información seguramente encontraríamos muy pronto la senda del desarrollo. Decidámonos a producir en Valledupar a los mejores desarrolladores, programadores y arquitectos de software del país. Mi deseo profundo es ver a Valledupar convertida en la capital tecnológica del caribe.

La realidad indica que los jóvenes quieren oportunidades, ellos no aguantan más. Llegó el momento de que las administraciones hablen de medidas efectivas encaminadas a aliviar el creciente desempleo juvenil de Valledupar y de que la juventud sea priorizada en la agenda de los tomadores de decisiones de la ciudad.  ¿Y los jóvenes qué?

 

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