En Valledupar, la basura no solo se ve, también se siente. Se percibe en la frustración ciudadana, en las denuncias reiteradas, en el silencio de algunos entes de control, y en la resignación que empieza a formar parte del paisaje. Mientras la empresa Aseo del Norte S.A.S. E.S.P. continúa operando como si todo estuviera en orden, las críticas hacia su gestión no cesan. Lo que para algunos son avances registrados en auditorías, para otros son apenas paños de agua tibia ante un sistema colapsado.
La voz del exjefe de Planeación de Emdupar, Royber Donaldo Fernández Olivella, ha sido insistente, casi exasperada, denunciando el aparente descontrol con el que Interaseo presta sus servicios. Afirma que la empresa incumple con funciones esenciales como el barrido de calles, la poda de árboles, el tratamiento adecuado de residuos sólidos y la operación del relleno sanitario Los Corazones. Denuncias que no son nuevas, pero sí constantes.
Y es que, ¿cómo no levantar la voz cuando la capital del Cesar se perfila más como el basurero de la región que como una ciudad turística? La falta de recolección efectiva, la poda parcial de árboles, los incendios recurrentes en el relleno sanitario, y el derrame de lixiviados por las calles, pintan un panorama que dista mucho del que dicta el Plan de Gestión Integral de Residuos Sólidos (PGIRS). De acuerdo con este, Valledupar debería contar con 681 operarios de barrido; sin embargo, solo hay 250 en acción. Una brecha que se traduce en calles sucias, zonas verdes abandonadas y un malestar que crece en la ciudadanía.
La Contraloría municipal ha salido al paso asegurando que han realizado auditorías y que, como resultado, se han construido plantas de tratamiento, se han mejorado las podas, e incluso se ha implementado un tercer barrido. No obstante, también reconoce que las falencias persisten, por lo cual han dejado plasmadas acciones en un “Plan de Mejora”. ¿Pero cuánto tiempo se necesita para que ese plan deje de estar en papel y se vea reflejado en las calles?
Mientras tanto, las directivas de la empresa aseguran que las denuncias han sido respondidas, que los incendios son causados por factores externos como el tipo de residuos y las condiciones climáticas, y que se han tomado medidas para mitigarlos. Sin embargo, las imágenes de montañas de basura ardiendo y de líquidos oscuros derramándose por las vías, parecen contradecir las explicaciones.
Y aquí surge la pregunta inevitable: ¿quién tiene la razón? ¿El funcionario que denuncia desde la indignación ciudadana o las entidades que aseguran estar cumpliendo con su deber? Lo cierto es que, entre informes técnicos, comunicados y versiones cruzadas, lo único evidente es la insatisfacción de gran parte de la ciudadanía. Y mientras no haya un control estricto, sanciones reales y un compromiso verdadero con el bienestar ambiental y urbano, el debate será eterno y los resultados nulos.
Valledupar merece más que un discurso técnico. Merece resultados. Porque mientras las instituciones debaten, Aseo del Norte sigue en acción… pero ¿en qué dirección?


