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Universitarios de Pelaya siguen pagando la ‘canallada’ del Alcalde 

Pese a las denuncias, testimonios y el impacto social evidente, el alcalde José Fabio Valencia Ramírez mantiene desmontado el corredor universitario, obligando a decenas de jóvenes a estudiar lejos de sus hogares o a rebuscarse para no desertar. En Pelaya, el tiempo pasa, pero el problema sigue intacto. Lo que comenzó como una decisión polémica en marzo de 2025 hoy se consolida como una política sostenida: el alcalde Valencia Ramírez mantiene desmontado el transporte universitario, pese a las múltiples voces que han advertido su impacto en la juventud del municipio.

“No fue un anuncio momentáneo. No fue una medida transitoria. Fue —y sigue siendo— una decisión que, en la práctica, ha trasladado el peso de la educación superior a los bolsillos de familias que, en muchos casos, no tienen cómo asumirlo”, le dijo a La Calle uno de los estudiantes afectados.

Una decisión que se volvió permanente

El llamado corredor universitario, concebido para garantizar el transporte diario de estudiantes de escasos recursos hacia municipios como Aguachica, quedó en el papel. Y ahí sigue. Desde el inicio, la administración de Valencia Ramírez argumentó que el presupuesto no alcanzaba. Según el mandatario, los cerca de 340 millones disponibles apenas cubrirían un bus, insuficiente frente a la demanda. Su tesis fue clara: si no alcanza para todos, no se implementa para nadie. Una lógica que, lejos de resolver el problema, terminó profundizándolo.

Argumentos que no convencen

El alcalde también sustentó su decisión en una posible caída del recaudo del impuesto predial, tras la actualización catastral rural. Según explicó, esto pondría en riesgo la financiación del transporte escolar, obligando a redirigir recursos. Sin embargo, en Pelaya esa explicación no termina de calar. Líderes comunitarios, padres de familia y estudiantes han cuestionado que se sacrifique el acceso a la educación superior bajo escenarios hipotéticos, mientras el impacto real ya se siente en decenas de hogares.

Los que terminaron pagando el costo

“Porque más allá del debate técnico, hay una realidad que no se puede maquillar: los estudiantes”, dijo a La calle un docente universitario. Desde que se desmontó el corredor universitario, muchos jóvenes han tenido que migrar a Aguachica para continuar sus estudios. Otros combinan trabajo y universidad. Algunos más, simplemente, han quedado en riesgo de desertar. “Nos tocó salir de nuestras casas, asumir arriendos, comida, transporte… todo”, relatan estudiantes afectados. Las historias se repiten: habitaciones sin amoblar, jornadas extendidas, alimentación irregular y una carga económica que recae, casi siempre, en familias de bajos recursos.

De apoyo a obstáculo

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Paradójicamente, el mismo programa que buscaba facilitar el acceso a la educación terminó convertido en una promesa incumplida. Padres de familia consultados coinciden en que antes podían sostener a sus hijos desde casa. Hoy deben duplicar gastos: mantener el hogar en Pelaya y, al mismo tiempo, financiar la vida del estudiante en otra ciudad. “Lo que uno gana no alcanza para sostenerse aquí y allá”, es una frase que se repite con frecuencia.

Una postura inamovible

A pesar de las críticas, el alcalde Fabio Valencia ha sido enfático: no dará marcha atrás. “No vamos a ceder a ninguna presión”, ha reiterado en distintos escenarios. Incluso, ha defendido la decisión como una priorización responsable del transporte escolar para niños y adolescentes, insistiendo en que no se pueden poner en riesgo esos recursos; sin embargo, para los universitarios, el mensaje es otro: quedaron por fuera de la ecuación.

El costo político y social

Un año después de la primera alerta, el balance es claro: la medida no solo se mantiene, sino que sus efectos se profundizan. “La juventud de Pelaya, que veía en la educación superior una vía de movilidad social, hoy enfrenta más barreras que antes. Y mientras el discurso oficial habla de responsabilidad fiscal, en las casas pelayenses se habla de sacrificios, deudas y oportunidades en riesgo”, le dijo a La Calle uno de los padres de familia.

“Dejé a mi mamá sola en Pelaya y el alcalde no se conmueve”: estudiante afectado

A esta situación se suma el impacto emocional y familiar que ha dejado la decisión. “Me tocó dejar a mi mamá sola en Pelaya”, relató uno de los estudiantes consultados por La Calle, quien ahora vive en Aguachica para poder continuar su carrera. “Y lo peor es que el alcalde no piensa dar marcha atrás a esta medida contra los universitarios de su  municipio. No se conduele”, agregó. Como él, varios jóvenes han tenido que separarse de sus núcleos familiares, no por decisión propia, sino por una medida administrativa que les cerró la posibilidad de ir y venir diariamente. En otros casos, quienes no han tenido esa alternativa han debido enfrentar condiciones aún más precarias para no abandonar sus estudios.

“Ahora tengo doble jornada: estudio y trabajo por culpa del alcalde”: otro estudiante

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El panorama también ha obligado a muchos universitarios a entrar de lleno al mundo laboral antes de tiempo. “Me vi en la obligación de comenzar a trabajar porque era súper complejo el tema de la alimentación y todo eso”, contó otro estudiante, evidenciando una realidad que se repite: estudiar ya no es la única carga. Trabajar y estudiar al mismo tiempo se ha convertido en la única salida para sostenerse fuera de casa, con el desgaste académico y físico que eso implica.

“Como vamos a recaudar menos, les quito el transporte”: alcalde Valencia en la sentencia de hace un año que aún padecen los universitario pelayenses

“Y es que, por disposición del gobierno nacional, se reestructuraron los avalúos de los predios rurales: pasaron, prácticamente, a comerciales, lo que va a incrementar el valor del impuesto predial del municipio. Ese es otro problema grande que tenemos en Pelaya. Qué prevemos nosotros: que va a haber una abstención en el pago del impuesto predial porque se disparan los costos, lo que afecta las finanzas del municipio”, justificó el alcalde en su momento.

Y, de acuerdo con lo que insinúa el alcalde, esas finanzas afectarían el rubro destinado para el transporte universitario. “Nosotros qué notamos: que podemos quedarnos cortos con los recursos este año (2025) porque, lógicamente, no vamos a tener el mismo recaudo; por lo tanto, le pedimos al honorable Concejo Municipal que pusiera nuevamente los recursos que habíamos destinado inicialmente para el corredor universitario que los colocara en transporte escolar porque necesitamos garantizarlo, no podemos ponerlo en riesgo”, justifica.

“Señor alcalde: reconsidere esta medida injusta. Estamos sacando la cara por el pueblo”, pide estudiante

Mientras tanto, el clamor de los estudiantes sigue siendo el mismo que hace un año: que se reconsidere la decisión. “Estamos sacando la cara por el pueblo”, dicen, al recordar que muchos de ellos aspiran a regresar como profesionales para aportar al desarrollo de Pelaya. Sin embargo, por ahora, ese proyecto colectivo choca con una administración que se mantiene firme en su postura, dejando en el aire una pregunta que sigue sin respuesta: ¿quién responde por una generación que tuvo que abrirse camino sin el respaldo que ya estaba presupuestado?

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