El Estadio Hernando René Urrea Costa debía convertirse en el gran símbolo de la recuperación deportiva de Maicao. Durante años fue presentado por distintos gobiernos como una obra histórica que transformaría el fútbol local, impulsaría a las nuevas generaciones y devolvería el orgullo deportivo al municipio. Pero 16 años después del primer anuncio oficial, el escenario sigue convertido en una de las obras más cuestionadas de La Guajira, atrapado entre retrasos, contratos, nuevas inversiones y promesas que nunca terminan de cumplirse.
La indignación de la comunidad crece porque, pese a que el estadio todavía presenta múltiples falencias visibles, el actual alcalde de Maicao, Miguel Aragón, insiste en avanzar hacia una inauguración que para distintos sectores ciudadanos y deportivos representa más una estrategia política y mediática que una verdadera entrega de obra. Para muchos habitantes, el Hernando René Urrea no está listo para ser inaugurado y lo que se intenta mostrar es una “pantalla” administrativa alrededor de un proyecto que, pese a los millones invertidos, continúa lejos de reflejar la transformación prometida desde 2009.
Cargando...
Una obra atrapada en la inestabilidad política de La Guajira
La historia del Hernando René Urrea comenzó oficialmente en 2009, cuando el entonces gobernador Jorge Pérez Bernier anunció una inversión cercana a los 3.600 millones de pesos para remodelar completamente el escenario deportivo. En aquel momento, el proyecto fue vendido como una transformación histórica para Maicao y una de las grandes apuestas deportivas del departamento. La promesa era entregar un estadio moderno, competitivo y en condiciones óptimas para el desarrollo del fútbol y otras actividades deportivas.
El plazo establecido era de apenas dos años. Pero los dos años pasaron. Después pasaron cinco. Luego diez. Y hoy, 16 años después, el estadio todavía no logra consolidarse como una obra plenamente terminada.
Desde entonces, el Hernando René Urrea quedó atrapado en medio de una de las épocas de mayor inestabilidad política e institucional de La Guajira. Durante los últimos 16 años, el departamento ha tenido más de 20 gobernadores entre titulares y encargados, una cifra que evidencia el nivel de crisis administrativa y política que ha vivido la región. En medio de ese escenario de constantes cambios de poder, el estadio pasó de administración en administración sin que ninguna lograra entregar definitivamente la obra.
Cada nuevo gobierno llegaba prometiendo terminar el proyecto. Cada administración anunciaba avances, recorridos técnicos y nuevas inversiones. Cada mandatario aseguraba que ahora sí se cumpliría el sueño deportivo de Maicao. Pero al final, el resultado siempre terminaba siendo el mismo: más retrasos, más contratos y más recursos públicos invertidos sobre una obra que seguía inconclusa.
En 2015, durante la administración de José María Ballesteros, se firmó otro contrato cercano a los 1.400 millones de pesos para ejecutar una segunda etapa del proyecto, pese a que la primera todavía no había sido culminada completamente. La situación ya empezaba a generar fuertes cuestionamientos entre ciudadanos que no entendían cómo seguían apareciendo nuevas inversiones mientras el estadio continuaba lejos de terminarse.
Sin embargo, la cadena de contratos no se detuvo; en 2022, la Gobernación de La Guajira y la Alcaldía de Maicao, bajo la administración de Mohamed Dazuki, firmaron un nuevo convenio por aproximadamente 3.495 millones de pesos para continuar las obras de recuperación del estadio. Cerca de 3 mil millones fueron aportados por el Departamento y alrededor de 500 millones por el municipio.
Con esa nueva inversión, el proyecto superó oficialmente los 8.200 millones de pesos.
Una cifra gigantesca para una obra deportiva municipal que, según numerosos ciudadanos, todavía no refleja el nivel de inversión realizado durante todos estos años.
El estadio de los millones… pero no de los resultados
Fuentes consultadas por el Semanario La Calle aseguran que el escenario continúa presentando múltiples falencias visibles que contrastan con la magnitud de los recursos invertidos desde 2009.
Las críticas se concentran en el estado general de la cancha, las graderías, los camerinos y diferentes áreas internas que todavía muestran señales de deterioro o trabajos inconclusos. Habitantes de Maicao aseguran que el Hernando René Urrea parece una obra eternamente intervenida, un escenario que constantemente recibe adecuaciones y anuncios de recuperación, pero que nunca logra proyectar una verdadera sensación de terminación.
“Siempre dicen que ya falta poco, pero el estadio sigue igual”, comentó una fuente deportiva consultada por el Semanario La Calle.
Uno de los temas más polémicos continúa siendo la famosa “grama importada”, anunciada durante años como uno de los grandes avances de la remodelación. Sin embargo, dirigentes deportivos y ciudadanos consultados por este medio aseguran que esa grama ha sido reemplazada, modificada e intervenida varias veces sin lograr estabilizar completamente el terreno de juego.
Para muchos habitantes, la historia de la grama terminó convirtiéndose en el símbolo perfecto de todo el proyecto: millones invertidos, anuncios constantes y resultados que nunca terminan de consolidarse.
Otra de las críticas recurrentes tiene que ver con las graderías y los acabados internos del estadio. La comunidad cuestiona cómo una obra que supera los 8.200 millones de pesos todavía presenta zonas deterioradas y trabajos pendientes. Algunos habitantes incluso aseguran que el escenario transmite más la imagen de una obra en mantenimiento permanente que la de un estadio completamente renovado.
La percepción de muchos ciudadanos es que el Hernando René Urrea terminó convertido en un proyecto donde las inversiones parecen no tener fin, mientras los resultados reales siguen siendo insuficientes frente a la magnitud del dinero público ejecutado durante más de una década.
La inauguración que genera más dudas que entusiasmo
La controversia más reciente gira alrededor de la intención del alcalde Miguel Aragón de inaugurar el estadio pese a que numerosos sectores consideran que el escenario todavía no está terminado.
Ciudadanos, dirigentes deportivos y vecinos del sector coinciden en que el Hernando René Urrea aún presenta problemas visibles que impiden hablar de una entrega definitiva y completamente funcional. Sin embargo, desde la administración municipal se insiste en mostrar avances y proyectar una imagen de cumplimiento alrededor del proyecto.
Fuentes consultadas por el Semanario La Calle aseguran que gran parte del inconformismo ciudadano nace precisamente de esa intención de inaugurar una obra que todavía sigue despertando críticas y cuestionamientos.
“La comunidad siente que quieren inaugurar una pantalla”, aseguró una fuente cercana al sector deportivo local consultada por este medio.
La percepción de muchos habitantes es que Miguel Aragón busca presentar resultados rápidos alrededor de un proyecto históricamente cuestionado, intentando convertir una obra inconclusa en un símbolo de gestión administrativa.
Y es precisamente ahí donde aumenta la molestia ciudadana. Porque para distintos sectores de Maicao, una inauguración en las actuales condiciones del estadio no representaría una verdadera entrega de obra, sino un acto simbólico diseñado para las fotografías oficiales, las redes sociales y los discursos institucionales.
La comunidad cuestiona cómo se pretende inaugurar un estadio que todavía sigue generando críticas por el estado de la cancha, las graderías y varias zonas internas. También existe preocupación porque, según distintas voces consultadas por este medio, el escenario todavía no transmite la imagen de una infraestructura completamente terminada después de más de 16 años de retrasos y más de 8.200 millones de pesos invertidos.
Para muchos ciudadanos, el riesgo es que el Hernando René Urrea termine convirtiéndose en otro ejemplo de obras inauguradas políticamente antes de ser terminadas técnicamente.
El cansancio de una comunidad que dejó de creer
En Maicao, el Hernando René Urrea dejó de representar únicamente un escenario deportivo. Hoy simboliza para muchos ciudadanos el reflejo de las promesas incumplidas, la improvisación administrativa y el desgaste institucional que durante años ha golpeado a La Guajira.
Varias generaciones crecieron escuchando exactamente el mismo discurso: que el estadio “ya casi estaba listo”. Mientras tanto, cientos de jóvenes deportistas siguieron entrenando en canchas alternas, escenarios improvisados y espacios que no cuentan con las condiciones necesarias para desarrollar procesos competitivos de alto nivel.
Entrenadores deportivos aseguran que el retraso del estadio no solo afectó la infraestructura, sino también las oportunidades de miles de jóvenes que durante años esperaron un escenario digno para desarrollar su talento.
La comunidad también cuestiona la ausencia de controles efectivos alrededor de una obra que ha pasado por más de 20 gobernadores entre titulares y encargados, varios alcaldes, diputados, concejales, contratistas e interventores sin que nadie haya logrado entregar definitivamente el proyecto.
Por eso, las preguntas siguen creciendo entre los habitantes de Maicao.
¿Dónde están reflejados realmente los más de 8.200 millones de pesos invertidos? ¿Cómo es posible que después de tantos contratos y administraciones el estadio todavía no esté completamente terminado? ¿Quién responde por los retrasos acumulados durante más de una década? ¿Qué controles se realizaron sobre la ejecución de los recursos? ¿Cuánto dinero más necesitará esta obra para finalmente dejar de ser una promesa eterna?
Por ahora, las respuestas siguen siendo insuficientes para una comunidad cansada de discursos, inauguraciones anunciadas y promesas recicladas. Porque mientras desde la política se sigue hablando de avances, el Hernando René Urrea continúa siendo, para muchos ciudadanos, un estadio mucho más visible en los discursos oficiales que en la realidad.


