
Lo que fue presentado con bombos y platillos como una obra de progreso, hoy es sinónimo de abandono, enfermedad y engaño. El barrio Fátima, uno de los sectores más antiguos y emblemáticos de Gamarra, con más de cuarenta años de historia, denuncia el incumplimiento del alcalde municipal Cristian Márquez, quien en marzo socializó el proyecto de pavimentación con la comunidad, mostrando planos, maquetas, maquinaria y prometiendo que las obras comenzarían en agosto.
Sin embargo, el pavimento nunca llegó. Las calles siguen convertidas en lodazales, las viviendas sufren constantes inundaciones y los habitantes afirman que varios niños y adultos han presentado infecciones en la piel a causa del estancamiento de aguas lluvias dentro de las viviendas.
“En marzo, el alcalde realizó la socialización del proyecto y aseguró que primero se ejecutaría la obra del alcantarillado. Según explicó, una vez finalizada esa fase, quince días después iniciaría la pavimentación. Sin embargo, ya han pasado casi cinco meses desde que se terminó el alcantarillado y todavía no se ve ningún avance en el pavimento”, relató una vecina.
“Fue aquí en el barrio Fátima en Gamarra, donde nos prometió las obras. Y para rematar, tenemos más de diecinueve días esperando al alcalde o al secretario de Gobierno, y nada. Le cerramos la vía y ni así se pronuncian”, denunció Yuri Muñoz, habitante del barrio Fátima.
La comunidad asegura sentirse engañada y olvidada, pues a pesar de las múltiples promesas, ninguna autoridad local se ha acercado a verificar las graves condiciones en las que viven las familias del sector.
La necesidad es urgente
Libia Ruiz, presidenta de la Junta de Acción Comunal del barrio Fátima, denuncia que solo en este sector son 180 familias afectadas, además de otras 100 familias de barrios aledaños.
“Nos prometieron que el barrio iba a estar pavimentado antes de junio. Luego dijeron que para agosto, y por último octubre. ¡Y nada! Dejaron la carretera destrozada, con huecos, charcos y tuberías rotas. Tenemos niños con infecciones cutáneas y tos constante por el polvo”, relata con indignación Libia Ruiz.
Hoy, los habitantes viven una verdadera tragedia urbana: las lluvias se meten con fuerza a las casas, dañando todos los enseres. Las calles se convierten en lagunas, el barro se mete a las viviendas y, cuando el sol regresa, el polvo cubre todo, provocando infecciones respiratorias y cutáneas entre los vecinos, especialmente niños y adultos mayores.

El agua nos tapa, pero las mentiras nos hunden
Las imágenes captadas por los propios vecinos muestran calles convertidas en charcos, vehículos atascados, viviendas rodeadas de agua sucia y personas caminando con botas de caucho para poder salir de sus casas.
“Metieron la maquinaria, rompieron todo, instalaron unas tuberías y se fueron. Dejaron un daño peor del que había. Nos engañaron. Si uno reclama, nadie responde, el alcalde no da la cara”, agrega Libia Ruiz, mientras muestra las fotografías que evidencian el deterioro del sector.
Ante la falta de respuesta, la comunidad decidió cerrar la vía principal como acto de protesta, impidiendo el paso de vehículos oficiales y exigiendo la presencia inmediata del alcalde. Sin embargo, hasta ahora, ningún funcionario se ha presentado.
Las obras se detuvieron, pero la indignación no
“Estamos cansados. Ya no queremos más excusas. Si el alcalde no puede cumplir, que lo diga. Pero que no nos mienta. No tenemos acceso, no entra la basura, los niños se enferman, los negocios se arruinan. Esto es una locura”, afirma otro vecino afectado.
El problema sanitario se agrava: la combinación de agua estancada y basura acumulada ha generado proliferación de mosquitos, infecciones y malos olores. La comunidad teme que se produzcan más enfermedades cutáneas provocadas por el contacto constante con el agua contaminada.
A pesar de que en reuniones oficiales el alcalde prometió que el pavimento era un hecho y que en menos de tres meses estaría terminado, la realidad es que la obra no solo está inconclusa, sino que dejó el barrio peor que antes.
La indiferencia amenaza la tradición más querida de Fátima
Los residentes del sector aseguran que han tenido que cerrar vías como forma de protesta, pues el proyecto de pavimentación anunciado por el alcalde a inicios de año nunca comenzó. Además, temen perder su tradicional celebración navideña del “Pajarito”, que lleva más de 40 años realizándose en las mismas calles hoy convertidas en lodazales.
El barrio Fátima, conocido por su tradición cultural —especialmente por el evento navideño del “Pajarito”— teme perder este año su celebración, pues las calles donde se realiza están completamente destruidas. “Es triste que una tradición de más de 40 años se pierda por el abandono de las autoridades”, lamentó Lidia.
Ni el alcalde ni la secretaria de Planeación se atreven a responder
Mientras el alcalde de Gamarra y el secretario de Planeación guardan silencio ante las reiteradas denuncias de la comunidad del barrio Fátima, fue el secretario de Gobierno municipal quien finalmente entregó una respuesta, aunque sin ofrecer fechas concretas sobre la esperada pavimentación.
Según el funcionario, el tramo desde la Defensa Civil hasta el fondo del barrio no contaba con alcantarillado, por lo que primero se ejecutó la obra de conducción de aguas fluviales y conexión con el sistema principal, requisito previo para iniciar la pavimentación.
“Ya al municipio les hizo un alcantarillado, les condujo las vías fluviales y conectó al sistema para proceder a montar el proyecto de pavimento, pero eso ya lo explicará más técnicamente el jefe de la carretera de Planeación, José Francisco”, indicó el secretario de Gobierno.
El funcionario agregó que el tramo del barrio Fátima será pavimentado con recursos propios de la Alcaldía, aunque no especificó si los recursos ya están disponibles ni en qué etapa contractual se encuentra el proyecto.
“Ese tramo se va a pavimentar con recursos propios. Pero ya más técnicamente el secretario de Planeación le puede explicar en qué estado está, si la plata está o en qué fase del contrato se encuentra”, afirmó el secretario general.
La comunidad, sin embargo, denuncia que ni el alcalde ni el secretario de Planeación han respondido a los llamados. “Les hemos cerrado la vía, hemos enviado cartas, pero nadie da la cara”, dicen los vecinos, quienes aseguran sentirse burlados por promesas incumplidas.




