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Alcantarillado pluvial de Valledupar: cuatro años de retrasos y una comunidad que sigue esperando

Una obra contratada con un plazo inicial de 24 meses continúa generando molestias en sectores del norte de la ciudad. Mientras Aguas del Cesar reportó avances del 38 % en 2023 y del 54,8 % en 2024, los habitantes de Los Ángeles describen problemas de movilidad, polvo, inundaciones y calles intervenidas durante largos periodos.

Lo que fue presentado como una solución para los problemas de aguas lluvias en el norte de Valledupar terminó convirtiéndose en una obra de larga duración para quienes viven en los sectores intervenidos. El alcantarillado pluvial, contratado mediante el proceso 033 de 2022 por un valor cercano a los $50.608 millones y con un plazo inicial de 24 meses, acumula varios años de ejecución y todavía genera inquietudes entre los residentes. El proyecto está a cargo de Aguas del Cesar y su construcción fue adjudicada al Consorcio Colector Guatapurí. Su propósito es mejorar el manejo de las aguas lluvias y reducir las afectaciones que históricamente han padecido diferentes sectores de la ciudad. Sin embargo, el tiempo transcurrido ha puesto sobre la mesa una pregunta que sigue sin una respuesta suficiente para los ciudadanos: ¿por qué una obra con un plazo definido ha tardado tanto en llegar a su conclusión?

 

Las cifras oficiales muestran el ritmo de ejecución

Los propios informes de Aguas del Cesar permiten seguir la evolución del proyecto. En el acta de entrega de gestión correspondiente a 2020–2023, la entidad registró un avance del 38 % al cierre de 2023; Posteriormente, en su informe de gestión de 2024, reportó un avance físico del 54,8 % con corte a diciembre de ese año. Aunque las cifras muestran que hubo progreso, también dejan en evidencia que, después de varios años de ejecución, todavía quedaba una parte considerable de los trabajos por completar.

En agosto de 2026 se informó públicamente que el proyecto alcanzaba un avance del 92 %, con una proyección de culminación de las obras físicas para octubre. No obstante, los recorridos y registros fotográficos realizados en sectores como Los Ángeles muestran que todavía había frentes de trabajo, excavaciones y espacios intervenidos. La proyección de terminación, por tanto, debe contrastarse con el estado real y el recibo de las obras.

 

Los vecinos también han pagado el costo de la espera

En el barrio Los Ángeles, las cifras de avance tienen otra dimensión: calles abiertas, dificultades para transitar y afectaciones cotidianas para quienes viven o trabajan en la zona.

Olger Romero, vigilante de una panadería del sector, resumió así una de sus principales preocupaciones: “Ahorita, principalmente, la movilidad de los ciudadanos acá del sector Los Ángeles”. Sobre las condiciones que se presentan durante las lluvias, agregó: “Eso es un caos” y “esto queda rebosado todo”.

El residente también cuestionó la forma en que se desarrollaron las intervenciones: “No era necesario como que toda la cuadra afecte todas estas casas de por aquí, la entrada, la salida, de todo”.

Por su parte, Sesil Pérez, habitante del sector, recordó las consecuencias que dejó el tiempo que permanecieron las calles intervenidas. “El polvo se pegó a las paredes, entró a las habitaciones, entró a las cocinas”, relató.

Pérez también señaló que durante meses recibió anuncios de que los trabajos estaban próximos a terminar. Aunque reconoció que recientemente comenzó a notar avances, su testimonio refleja el desgaste de una comunidad que tuvo que convivir durante un periodo prolongado con las consecuencias de la obra.

Suelo inestable, lluvias y redes de servicios: las explicaciones técnicas

Consultado sobre las razones de la demora, Álvaro Hurtatiz, identificado como ingeniero del área de proyectos del Ministerio de Vivienda, explicó que uno de los principales inconvenientes estuvo relacionado con las condiciones del suelo encontradas durante las excavaciones; Según su explicación, la inestabilidad del terreno obligó a realizar trabajos adicionales de entibado y protección de las excavaciones, lo que dificultó la construcción de las estructuras. También mencionó las lluvias y las interferencias con redes de servicios públicos como factores que afectaron el rendimiento de los trabajos.

Sobre la red de gas, Hurtatiz indicó que la interferencia había sido identificada desde la etapa de diseño, pero que su traslado terminó siendo más complejo de lo previsto. Explicó que Gases del Caribe exigió que la intervención fuera realizada por un proveedor autorizado por la empresa, situación que incidió en el desarrollo del proyecto. El ingeniero sostuvo que las ampliaciones de plazo tuvieron justificaciones técnicas y administrativas presentadas por Aguas del Cesar, y descartó que los inconvenientes obedecieran a fallas de coordinación o supervisión; Estas explicaciones ofrecen la versión institucional sobre los retrasos, pero también hacen necesario revisar los estudios iniciales, las modificaciones contractuales y los informes de interventoría para establecer cómo se anticiparon y atendieron esos riesgos.

 

La pregunta pendiente: ¿quién responde por el seguimiento?

Una obra de esta magnitud no puede evaluarse únicamente por el porcentaje de avance anunciado. También deben conocerse las modificaciones al contrato, las razones de cada ampliación, los recursos adicionales que eventualmente se hayan comprometido y las observaciones formuladas por quienes tenían a cargo la supervisión y la interventoría. Aguas del Cesar, como entidad contratante, y los responsables de la ejecución, interventoría y seguimiento deben ofrecer información clara sobre el cronograma vigente, los trabajos pendientes y las condiciones en las que se entregarán las obras.

El alcantarillado pluvial es una infraestructura necesaria para Valledupar, pero su importancia no elimina la obligación de rendir cuentas. Los habitantes del norte de la ciudad no solo necesitan que las excavaciones terminen: necesitan calles recuperadas, espacios seguros y una solución que funcione cuando lleguen las lluvias; Después de años de trabajos y de sucesivos anuncios de avance, la pregunta ya no es solamente cuánto se ha construido, sino cuándo podrán los ciudadanos comprobar que la obra está terminada y cumple realmente con el propósito para el que fue contratada.

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