La alcaldía ejecuta en el gobierno de Vicente Berardinelli intervenciones viales y deportivas en Sierra Azul, Patilla y Oreganal, apostando por la calidad de vida en las zonas rurales y corregimientos del municipio.
Barrancas, uno de los municipios del sur de La Guajira con mayor proyección en infraestructura pública, avanza en la ejecución de tres obras de alto impacto social que benefician a miles de habitantes en sus veredas, comunidades y corregimientos. La mejora de la vía terciaria hacia la vereda de Sierra Azul, la construcción de una cancha deportiva en la comunidad de Patilla y la edificación de otro escenario similar en el corregimiento de Oreganal son la evidencia concreta de una administración municipal comprometida con la equidad territorial y el bienestar de quienes históricamente han permanecido alejados del desarrollo.
Vía Sierra Azul: conectividad como motor de desarrollo rural
La vía terciaria Barrancas–Sierra Azul es, sin duda, la obra de mayor envergadura que hoy adelanta la administración municipal en alianza con el Instituto Nacional de Vías (Invías). Con una inversión superior a los 38.000 millones de pesos, el proyecto interviene el corredor que conecta el casco urbano de Barrancas con la vereda de Sierra Azul, en la zona rural del corregimiento de San Pedro, un trayecto que durante décadas estuvo marcado por el abandono y la precariedad ahora se convertirá en una de las últimas obras de conectividad para el desarrollo del corregimiento.
La obra se divide en dos fases: la primera, de 3,6 kilómetros, ya fue ejecutada al ciento por ciento con pavimentación en concreto hidráulico y la construcción de ocho boxes culverts (o alcantarilla tipo cajón). La segunda fase, actualmente en curso, contempla 2,3 kilómetros adicionales y la construcción de cuatro puentes, entre ellos uno de 60 metros con superestructura metálica sobre el río Cerrejoncito, una estructura fabricada especialmente para este tramo. A la fecha, el avance global del proyecto supera el 89,5 por ciento, con proyección de conclusión en abril de este mismo año.
El impacto de esta intervención va más allá del asfalto, Sierra Azul alberga el predio del resguardo indígena de Provincial, entregado por la empresa Cerrejón a la comunidad Wayuu como parte de acuerdos de responsabilidad social. Allí, familias campesinas e indígenas cultivan maíz, guineo, malanga, ahuyama, patilla y melón para abastecer mercados locales. Con la vía deteriorada, trasladar esa producción podía tomar hasta dos horas; hoy, las condiciones de movilidad han reducido ese tiempo a la mitad, y con la obra concluida, la cifra seguirá bajando.
«La gente está agradecida porque ahora vemos que vamos a tener una mejor fluidez para ir a nuestras casas», expresó uno de los veedores comunitarios que ha acompañado los trabajos desde el inicio. Para Barrancas, que durante décadas giró económicamente en torno a la minería del carbón, esta vía representa además un paso concreto hacia la transición agrícola que hoy impulsa el municipio: un modelo de desarrollo más sostenible, que mira al campo como su futuro.
Cancha en Patilla: deporte para una comunidad que lo merece
La comunidad de Patilla, ubicada en la zona rural del municipio, es uno de los territorios que históricamente cargaron el peso de la actividad minera del Cerrejón sin ver retribuido ese sacrificio en infraestructura social básica. Por eso, la construcción de un escenario deportivo en este sector tiene una dimensión que trasciende lo físico: es el reconocimiento institucional de que sus habitantes merecen espacios dignos para la recreación, el deporte y el encuentro comunitario.
La obra incluye una cancha multipropósito con especificaciones técnicas que garantizan condiciones adecuadas para la práctica deportiva. Niños, jóvenes y adultos de la comunidad contarán con un espacio que promueve la convivencia, aleja a la población juvenil de riesgos sociales y fortalece el tejido comunitario. En municipios como Barrancas, con una tradición futbolística que ha dado al mundo figuras como Luis Díaz, invertir en canchas no es un lujo: es una obligación moral con las generaciones que vienen.
La administración municipal ha reconocido que el deporte es también una herramienta de cohesión social. Con este escenario en Patilla, se suma un nuevo espacio a la red de infraestructura recreativa que la alcaldía viene construyendo en distintos puntos del territorio, bajo la premisa de que el desarrollo no puede concentrarse solo en la cabecera urbana.
Oreganal: un escenario deportivo para el corazón del corregimiento
El corregimiento de Oreganal, con su particular historia ligada a los procesos de reasentamiento derivados de la expansión minera en la región, también es protagonista de este ciclo de obras. La alcaldía adelanta allí la construcción de una cancha deportiva que formará parte del Parque Cultural Lúdico Recreativo y Deportivo del corregimiento, un proyecto que busca devolverle a sus habitantes un espacio de identidad y encuentro.
Este tipo de infraestructura resulta especialmente significativa en comunidades que han sido históricamente desplazadas o reubicadas, ya que la creación de espacios públicos de calidad contribuye a la reconstrucción del sentido de pertenencia y al arraigo territorial. Una cancha no solo sirve para practicar deporte: es el punto de reunión de las familias, el escenario de los torneos interveredales, el corazón vivo de la comunidad.
Con esta obra, Oreganal se suma a la lista de comunidades que en este periodo de gobierno reciben inversión directa en infraestructura social. La ejecución simultánea de proyectos en distintos corregimientos y veredas del municipio refleja un modelo de planeación territorial que prioriza la equidad y la presencia del Estado en los lugares donde antes solo llegaba el olvido.
Un municipio que construye su propio camino
Las tres obras son la materialización de una apuesta política clara: la de un municipio que decide invertir en sus territorios más alejados, en sus comunidades más necesitadas, en la gente que sostiene la vida rural de La Guajira. Sierra Azul necesitaba vías para sacar sus cosechas; Patilla y Oreganal necesitaban canchas para que sus jóvenes soñaran con el balón en los pies. Barrancas les está dando ambas cosas.
Cuando el Estado llega con concreto, con iluminación y con escenarios dignos a las veredas y los corregimientos, no solo mejora la infraestructura: cambia la narrativa de lo posible. Y en un municipio que durante décadas vivió a la sombra de la gran minería, esa es quizás la transformación más poderosa de todas.

