publicidad

publicidad

Ciudades esponja: la lección que Valledupar ignora

Por: Hernando Dangond , Wilson Pérez, Rodolfo Quintero, Alfredo Quintero

Mientras que en el urbanismo contemporáneo a escala global, las ciudades están dejando la ingeniería dura para adoptar soluciones basadas en la naturaleza, en las cuales desmontan canalizaciones de concreto, renaturalizan riberas, crean parques lineales y corredores ecológicos, y aplican modelos de “ciudad esponja” que infiltran y almacenan agua, reducen islas de calor y mejoran la gestión de inundaciones, en Valledupar los gobernantes y funcionarios públicos insisten en repetir el error que aquellas urbes cometieron hace más de 50 años: encerrar al Guatapurí en una mole de concreto e invadir su ronda hídrica con la llamada Avenida del río o  “vía paisajística”. 

Antes de analizar la “Avenida del Río” y sus consecuencias sobre el río Guatapurí, vale la pena mirar referentes internacionales como Climate-ADAPT, una plataforma europea que impulsa políticas y proyectos sostenibles para enfrentar el cambio climático y sus efectos, como inundaciones, sequías prolongadas, aumento de temperaturas, pérdida de biodiversidad y degradación de ecosistemas.

En Múnich, Alemania, el Plan Isar demolió el concreto de su canalización sobre el río Isar, amplió 90 metros sus márgenes y recuperó áreas verdes, hoy hay más biodiversidad, menos riesgos de inundación y una mejora en espacio público. 

En el río Emscher (Alemania), la renaturalización y el modelo de “ciudades esponja” transformaron los diques de concreto en parques, lagos y espejos de agua que absorben crecientes y guardan agua en sequía, reducen islas de calor y mejoran la calidad del aire. La lección es simple: renaturalizar ríos urbanos funciona y genera beneficios ambientales y sociales medibles.

En Qinhuangdao, China, a orillas del río Tanghe, derribaron el dique de concreto y abrieron paso a la rehabilitación natural del cauce, con el proyecto Red Ribbon —una mínima cinta roja peatonal que se curva con el terreno— integra luz, asientos y sendero sin invadir la ribera, dejando que la vegetación y la fauna vuelvan. Donde antes había basura y zanjas, hoy hay corredor fluvial vivo y espacio público seguro.

A este tipo de proyectos de renaturalización sí se les puede llamar Ingeniería Ambiental Sostenible. Estos responden a los tres pilares de la sostenibilidad: ambiental, social y económico, que deben interactuar en equilibrio para generar beneficios sin dañar la naturaleza ni el futuro de las próximas generaciones. 

En sentido contrario, la Gobernación del Cesar y la Alcaldía de Valledupar proponen construir   una muralla vial de concreto sobre la ronda hídrica del río Guatapurí, la cual compromete gravemente el entorno, no solo lo pone en riesgo, sino que amenaza con destruir su ecosistema al sustituir un corredor ambiental por un corredor gris “maquillado de verde”. Otra consecuencia sería el incremento de la contaminación, ya que, en un escenario de una vía desolada, sin fachadas activas, ni presencia ciudadana, corre el riesgo de convertirse en depósito de escombros, de basuras y animales en descomposición; además, los espacios deprimidos asociados a estas obras suelen facilitar delitos y agravar la inseguridad que tanto agobia a la población valduparense.

En lo económico, es una apuesta costosa e ineficiente que sacrifica servicios ecosistémicos; incluso, ante una creciente súbita de gran magnitud, la infraestructura podría colapsar por erosión, multiplicando las pérdidas. No es una obra que construya futuro; lo hipoteca.

60 metros intocables: la norma que la obra ignora

Para comprender la polémica sobre la vía propuesta por la Gobernación del Cesar, es necesario precisar dos conceptos, ronda hídrica y franja de protección. La ronda hídrica es el espacio que protege al río y sus ecosistemas, incluye el cauce, la franja de protección, las zonas de inundación natural y los humedales asociados. No tiene un ancho fijo, pues su delimitación depende de las dinámicas del cauce, el terreno y la biodiversidad; mientras que la franja de protección o Zona de Manejo y Preservación es una franja de terreno paralela al cauce, generalmente medida desde el borde de la corriente principal. Su objetivo es cuidar el cauce para evitar la erosión y el daño, además de dejar espacio para que el río pueda moverse de manera natural y conservar su equilibrio. 

Normativamente, el Decreto 2811 de 1974 y el art. 25 del POT–Sistema Hídrico de Valledupar fijan 60 m intocables (30 de ronda hídrica + 30 de protección); la vía proyectada se ubica dentro de esa zona, lo que equivale a contravenir la norma según su planimetría. Además, la Ley 99 de 1993 (art. 1, principio de precaución) obliga a impedir obras riesgosas aun sin certeza absoluta. Una doble calzada con tramos de dos metros de altura en su cota más baja,  en plena ronda podría erosionar, fragmentar la conectividad ecológica, aumentar inundaciones y afectar humedales.

El trazado modificado: ¿ahorro o improvisación?

Le puede interesar  Ernesto está arreglando esto con la transformación vial de Valledupar

La Avenida del río “vía paisajística” contratada por la Gobernación del Cesar es una modificación del trazado original de la vía paisajística planteada en el POT, que comprendía en su tramo inicial un recorrido por la circunvalar y luego la carrera cuarta. La Gobernación argumenta que el cambio se justificó por razones de viabilidad financiera, ya que construir el trazado original habría generado sobrecostos en rellenos y obras de ingeniería necesarias para ampliar el perfil vial de la carrera Cuarta, donde, de acuerdo con la consultoría, sería obligatorio rellenar taludes de hasta 8 o 9 metros.

A partir de estas afirmaciones surgen preguntas como:

 ¿Qué altura debería tener la vía que funcionaria como jarillón para retener las inundaciones en caso de una creciente extrema o retorno de los 100 y 50 años? 

¿No tendría la vía que igualar la altura de la carrera Cuarta y Circunvalar para cumplir esa función de proteger el suelo urbano de la ciudad y las áreas con asentamientos formales e informales ?

¿Es más costoso rellenar taludes al lado de la carrera 4ta para ampliar la vía paisajística que construir una vía jarillón desde cero? 

¿No es más estratégico y una mejor inversión de los recursos públicos ampliar y reforzar el perfil de la Cuarta y la Circunvalar para corregir las fallas geológicas que presenta y mejorar la seguridad vial?

Corredor vial disfrazado de Ecología

En el debate urbano de Valledupar es clave distinguir entre un corredor verde y un corredor ambiental, conceptos que a menudo se confunden. El corredor verde forma parte de la planificación urbana sostenible: es una franja de vegetación dentro de la ciudad que promueve el transporte sostenible, la mitigación del cambio climático, la resiliencia urbana y la mejora de la salud pública, al integrar la arborización con los espacios públicos. Su objetivo es mejorar la calidad de vida y reducir la contaminación, aunque sin una adecuada planificación puede derivar en simples estrategias paisajísticas de alto costo y escaso impacto ambiental.

En contraste, el corredor ambiental cumple una función ecológica esencial: conecta ecosistemas y hábitats fragmentados, facilita la movilidad de especies, conserva la biodiversidad y amortigua fenómenos como la erosión, las inundaciones y el aumento de temperatura. Busca mantener vivos los procesos naturales que la sostienen. Por eso, mientras el corredor verde pertenece a la ciudad, el ambiental pertenece a la naturaleza y ambos solo funcionan si se respetan sus límites y propósitos.

Es importante subrayar que, aunque el Artículo 112 del POT denomina la Vía Paisajística del río Guatapurí como un corredor verde, no debe confundirse este concepto con el de corredor ambiental. Los corredores verdes en el contexto urbano de planeación corresponden a vías con cualidades especiales de espacio público, con una generosa área de arborización, pero no dejan de ser parte de la infraestructura vial de la ciudad. Pretender atribuirles connotaciones ambientales es un error que termina desvirtuando las verdaderas necesidades del río Guatapurí. Lo que nuestro afluente, símbolo insignia de Valledupar ¡pide a gritos!, no es una obra de concreto presentada bajo un ropaje de “verde”, sino programas de preservación, recuperación y desarrollo sostenible que fortalezcan sus auténticos corredores ambientales en la ronda hídrica. Llamar corredor “verde” a una vía es maquillar la realidad: se trata de un proyecto vial, no de una estrategia de protección del ecosistema.

Valledupar pierde su pulmón

Le puede interesar  Valledupar disfrutará de la Exposición Equina Grado A del 14 al 16 de agosto: una feria para toda la familia

Según el Plan de Ordenamiento Territorial (POT), la Zona de Manejo y Preservación Ambiental en la margen derecha del área urbana —establecida en el Artículo 27— se ubica entre el límite externo de la ronda hídrica del río Guatapurí y el trazado vial original (circunvalar, carrera Cuarta y carrera Segunda), proyectado para la llamada Vía Paisajística Parque Guatapurí. En este espacio intermedio, el POT prevé la creación del Ecoparque Lineal Guatapurí, clasificado como suelo prioritario y de reserva para espacio público, se proyecta como un corredor natural concebido para proteger la ronda del río, ofrecer espacios de recreación pasiva y promover la educación ambiental. 

Sin embargo, la Gobernación insiste en construir la vía justo al borde del afluente, esa franja de preservación desaparecería por completo, eliminando el área destinada al Ecoparque y reduciendo la protección del río a una estrecha franja de pocos metros entre el jarillón y el cauce y en algunos casos sobre el mismo cauce del río. En otras palabras, la obra no solo pondría en riesgo la integridad ecológica del Guatapurí, sino que también anularía la oportunidad de que Valledupar cuente con un verdadero parque lineal natural, tal como lo contempla su propio instrumento de planificación urbana.

Principio de precaución: detener hoy para no lamentar mañana

El fallo de la tutela radicada bajo el número 20001-40-09-010-2025-00346, proferido por el Juzgado Décimo Penal Municipal que amparó parcialmente los derechos al ambiente sano y a la vida frente al proyecto “Avenida del Río” (Vía Paisajística Parque Guatapurí), ordenó a la Gobernación del Cesar y a Corpocesar verificar, antes de iniciar el contrato, que el trazado no invada la zona de inundación histórica del río, con base en cuatro puntos técnicos y bajo los principios de prevención, precaución y enfoque ecocéntrico como la de la Sentencia T-622 de 2016 que convirtió al Río Atrato sujeto de derechos. 

Sin embargo, el juez negó declarar al Río Guatapurí como sujeto de derechos, designar guardianes, suspender el proyecto y las licitaciones LOP-SIN-0003-2025 y CMA-SIN-0002-2025, exigir estudios ambientales adicionales, consulta previa y audiencia pública, al considerar que no se probó deterioro actual ni presencia de comunidades indígenas en el tramo urbano (POMCA 2019).

Esta decisión es parcial, ya que, aunque reconoce riesgos ambientales y aplica principios preventivos, no aborda el núcleo de la tutela ni garantiza una protección integral del río como ecosistema estratégico, corredor biológico y territorio ancestral indígena.

De corredor ambiental a autopista exprés

En conclusión, la llamada “Avenida del Río” no es más que un proyecto que maquilla infraestructura vial bajo el disfraz de sostenibilidad. Al final, queda como un ejercicio de imaginación visualizar un corredor verde que en realidad es gris, como un homenaje al concreto disfrazado de ecología. Mientras el mundo avanza hacia la renaturalización de sus ríos y la recuperación de ecosistemas urbanos, Valledupar parece insistir en el error de encerrar al Guatapurí en concreto, ignorando la normativa ambiental, la ronda hídrica y las verdaderas necesidades ecológicas de la ciudad. Los corredores verdes como están planteados actualmente en el POT son una antesala al verdadero corredor ambiental que es el Eco Parque Lineal Guatapurí, y que hoy parece un espejismo lejano que desaparecería, gracias a la propuesta que la gobernación del Cesar está licitando.

Lo que el Guatapurí exige son políticas de conservación, inversión en corredores ambientales reales y planificación responsable, no un costoso proyecto que compromete el futuro de uno de los símbolos naturales más valiosos de Valledupar.

publicidad

publicidad