
En Valledupar el sol no perdona, el fenómeno de El Niño amenaza con apretar todavía más el calor y los árboles siguen siendo el aire acondicionado más barato de la ciudad. Pero entre permisos de tala, compensaciones sobre el papel y una directora que no respondió a este medio al cierre, la pregunta es quién está pendiente de que el verde no termine convertido en otro cuento burocrático.
En el teatro político del Cesar hay una obra que parece no bajar de cartelera. Kaleb Villalobos, el nombre que sus críticos siguen asociando con el poder detrás de Corpocesar, vuelve a aparecer en la conversación, mientras Adriana García ocupa oficialmente la dirección de la entidad. Uno es señalado como el titiritero; la otra tiene la silla, la firma y la responsabilidad institucional. Y los árboles, como casi siempre, ponen el cuerpo.
Después de tantos años de política alrededor de Corpocesar, la pregunta cae por su propio peso. ¿Quién mueve los hilos y quién responde por los resultados? ¿Hay que preguntarle al titiritero qué pasa en la función o la directora va a salir a explicar qué está haciendo la corporación para proteger el patrimonio ambiental de Valledupar?
Porque para cortar árboles aparecen resoluciones con número, fecha y ubicación. Para explicar qué ocurrió después, en cambio, la ciudadanía necesita respuestas. Y en una ciudad donde el calor se siente como una plancha encendida, perder sombra no es un asunto de decoración urbana. Es perder una defensa natural contra las altas temperaturas.
Con el fenómeno de El Niño asociado a condiciones de calor y sequedad en la región durante sus episodios, y con una ciudad que conoce de sobra los rigores de las temperaturas elevadas, cada árbol cuenta. No se puede hablar de adaptación climática por un lado y mirar la pérdida de cobertura vegetal por el otro como si fueran dos asuntos que nunca se cruzan.
Un árbol no reemplaza por sí solo una política climática, pero una ciudad con menos sombra queda más expuesta al calor. Por eso la compensación ambiental no puede quedarse en la aritmética de sembrar más ejemplares de los que se talaron. Hay que revisar si se sembraron, dónde están, si reciben mantenimiento y si siguen vivos.

Primera función. Galería popular, once árboles en el centro del debate
La Resolución 0011 del 21 de febrero de 2025 autorizó la tala de once árboles en la carrera 7 número 18A, en la Galería Popular de Valledupar. La intervención provocó cuestionamientos de la comunidad y del Foro Ambiental, incluidos reparos sobre la socialización del procedimiento.
Once árboles pueden parecer poca cosa en un expediente. Bajo el sol de Valledupar, la historia cambia. La sombra no se mide con sellos ni con membretes, y el calor no pregunta si la compensación quedó bien redactada en una resolución.
La pregunta para Corpocesar es concreta. ¿Qué seguimiento se ha realizado a las obligaciones de compensación y cuál es el estado actual de los ejemplares que debían reemplazar la cobertura perdida? Si todo marcha bien, que se muestre. Si hubo dificultades, que se explique qué medidas se tomaron.

Segunda función. Avenida Simón Bolívar y río Guatapurí, 65 árboles en la cuenta
La Resolución 0113 del 11 de diciembre de 2023 se refiere a la intervención de árboles urbanos en el sector de la avenida Simón Bolívar y el corredor del río Guatapurí, en el área descrita en el acto administrativo. Entre sus obligaciones figura la compensación de 65 árboles.
Sesenta y cinco. No son una cifra para adornar un informe ni una tarea que se pueda dar por terminada porque alguien firmó un documento. La ciudadanía tiene derecho a conocer dónde se estableció la compensación, qué controles se han hecho y qué resultados arrojan las revisiones.
Porque si el árbol de reemplazo se seca y nadie vuelve a mirar, la compensación puede cuadrar en el papel mientras la sombra sigue perdiéndose en la calle. Y esa es precisamente la diferencia entre administrar expedientes y cuidar el ambiente.

Tercera función. Vía Valledupar–La Paz, 628 talas y 844 árboles prometidos
La Resolución 0019 del 24 de marzo de 2026 autorizó la tala de 628 árboles en la intersección de la nueva vía Valledupar–La Paz, a la altura de la carrera 4 con calle 44. El acto contempla la siembra compensatoria de 844 ejemplares nativos, además de un año de mantenimiento y otras obligaciones de cuidado.
En las cuentas, 844 es más que 628. En el terreno, la operación no termina con una resta. Los árboles sembrados necesitan sobrevivir, recibir mantenimiento y ser reemplazados cuando no prosperen. De lo contrario, la ciudad puede terminar con una compensación que se ve abundante en el documento y bastante menos convincente cuando se verifica en campo.
No estamos afirmando que esos 844 ejemplares hayan fracasado. Estamos preguntando algo elemental: ¿cuántos están vivos hoy, dónde están ubicados y qué seguimiento documentado ha hecho la autoridad ambiental? Una respuesta con registros, visitas y datos despejaría dudas mucho mejor que cualquier discurso.

Mucho hilo político y demasiadas preguntas en el aire
El problema no es solamente quién aparece en la foto de la dirección. El problema es que una corporación ambiental debe demostrar que sus decisiones se toman con rigor técnico y que sus obligaciones se cumplen, independientemente de las alianzas y las influencias que se comenten en los círculos políticos.
A Kaleb Villalobos, señalado por sus críticos como el titiritero de esta historia, le cabe una pregunta política legítima sobre la influencia que se le atribuye. A Adriana García, como directora, le corresponde responder por la gestión institucional de Corpocesar. No son responsabilidades intercambiables: la influencia política debe examinarse con pruebas, y la gestión pública debe rendir cuentas con información verificable.
Este medio intentó comunicarse con la directora para conocer su versión sobre los casos y el seguimiento a las obligaciones ambientales. Al cierre de esta nota no había sido posible obtener respuesta. La puerta sigue abierta para que entregue su explicación, pero la falta de respuesta hasta el cierre no despeja las inquietudes que motivaron esta revisión.
Mientras tanto, el sol sigue haciendo su trabajo sin necesidad de contratos ni resoluciones. La temperatura aprieta, la sombra se vuelve un bien cada vez más valioso y Valledupar necesita que las autoridades estén a la altura de ese desafío.
Porque el titiritero podrá seguir siendo tema de conversación y la directora podrá conservar la silla, pero ninguno de los dos puede reemplazar un árbol que no está. La ciudad no necesita una función de marionetas, necesita controles que se puedan comprobar, compensaciones que prosperen y funcionarios que respondan.
En esta obra, los hilos del poder se discuten en los pasillos, pero las consecuencias se sienten en la calle. Y cuando el calor cae a plomo, la ciudadanía no puede sentarse a esperar el próximo acto para saber si los árboles prometidos existen, sobreviven y cumplen su propósito.
Opines:
“Sí es necesario tener arborización, ya que por naturaleza nos da aire y oxígeno natural”. También propone “crear más naturaleza, crear más conciencia en la naturaleza” y tener más espacios verdes.

“Opino que es porque cortan los árboles y no siembran más árboles”. Propone que “hicieran más siembras de árboles en zonas donde se pudieran hacer más arborizaciones”.

“Los árboles de la galería tocaba mocharlos o cortarlos, ya que en un estudio que se hizo estaban huecos por dentro”. Afirma que “se tala uno y se siembran 3”.


