La Guajira, ese territorio lleno de potencial y riqueza natural, hoy agoniza bajo una administración que parece haber perdido el rumbo. El departamento atraviesa una de sus etapas más oscuras, no por falta de recursos, sino por la gestión deficiente, opaca y arrogante del gobernador Jairo Aguilar Deluque, quien ha convertido la institucionalidad en un espectáculo vacío y peligroso.
Las cifras no mienten. Según el Ministerio de Defensa, los homicidios en La Guajira han aumentado un 24 % en lo corrido de 2025, sumando ya 63 muertes violentas. Pero el dato más escalofriante es el aumento del 116 % en extorsiones, una señal clara de que el control territorial lo disputan las bandas y no el Estado. A esto se suman 344 casos de hurto a personas, confirmando que la ciudadanía está sola frente al crimen.
Y mientras la inseguridad hace estragos, el gobierno departamental guarda silencio o, peor aún, se refugia en las redes sociales y la propaganda institucional, como si el problema desapareciera con fotos y frases motivacionales. Gobernar no es posar, es actuar. Y en eso, Jairito está en deuda.
Pero si en seguridad el panorama es alarmante, en la gestión de recursos es indignante. Esepgua, la empresa pública encargada del agua potable se ha convertido en el emblema del derroche burocrático: más de 3.500 millones de pesos —el 15 % del SGP para agua potable— se gastan solo en nómina y administración, mientras comunidades enteras siguen con sed. ¿Cómo se justifica que en una tierra donde la falta de agua es una tragedia diaria, los recursos se vayan en cargos y contratos sin impacto?
La respuesta parece estar en la lógica perversa del clientelismo y el “todo vale” para sostener una estructura de poder desconectada de la realidad. Por eso muchos lo dicen sin temor: por Esepgua están sacando la pulpa.
La Guajira no aguanta más maquillajes ni promesas recicladas. Necesita gestión seria, ética, cercana a la gente. Necesita recuperar el rumbo, antes de que sea demasiado tarde. Porque el desastre que hoy vivimos no llegó por sorpresa, fue anunciado. Y si no se actúa, será también condenado al olvido.


