Lunes 15 de septiembre
Jesús te ama incondicionalmente, Él conoce cada parte de tu historia, incluso aquello que otros no ven, o que tú mismo preferirías olvidar. Sabe cuándo finges estar bien, sabe dónde estás roto o cansado. Y aún así, Él te busca. Él se detiene por ti. Él quiere saciar tu sed más profunda. No te define por lo que fuiste, sino por lo que puedes llegar a ser en Él.
Puede que haya momentos en los que sientas que no encajas, que no eres suficiente o que tu pasado pesa demasiado. Pero recuerda esto: Jesús no te ve como otros te ven. Él no se escandaliza con tu verdad. No se aleja de tu dolor. Él se acerca justo ahí donde crees que nadie lo haría.
Su amor es un amor que mira al corazón y no a las apariencias. Es un amor que no te exige cambiar para aceptarte, sino que te acepta para comenzar a transformarte. No estás fuera de su alcance. Estás exactamente en el lugar donde Él quiere encontrarte.
Jesús ve en ti lo que nadie más puede ver. No lo que fuiste, sino lo que puedes llegar a ser en sus manos. Él no pasa de largo, Él se detiene. No te rechaza, te redime. Y si le permites entrar, como la mujer del pozo, tu historia también será transformada.
Martes 16 de septiembre
Hay un viejo dicho de los alfareros que dice: “la arcilla tiene memoria”. Presiona con el pulgar un montículo de tierra blanda y la huella permanecerá mucho tiempo después de alisar la superficie. Bajo el esmalte, bajo la forma terminada, la arcilla aún recuerda dónde fue presionada, dónde fue estirada, dónde fue herida.
¿No somos así también nosotros?
Nuestras almas llevan la huella de momentos ya pasados. Las palabras pronunciadas con ira, el amor ofrecido y retirado, las alegrías que nos hicieron cantar, las traiciones que nos vaciaron, todo ello está grabado en nosotros. Podemos alisar nuestros rostros y construir vidas firmes, pero por debajo hay surcos e impresiones que el tiempo no ha borrado.
Quizá parezca una debilidad estar tan condicionados por lo que hemos vivido. Pero, ¿y si también es lo que nos hace más hermosos? ¿Y si la memoria que guardamos dentro de nosotros no es simplemente tejido cicatricial, sino un testimonio de que hemos vivido, de que hemos sido moldeados tanto por el dolor como por la gracia?
Miércoles 17 de septiembre
Hoy elevo una oración especial por ti, que quizás te has sentido sin fuerzas, agitada, con la fe tambaleando. Oro para que seas renovado y puedas creer que el Dios de lo imposible el mismo en quien has confiado obrará milagros en medio de esa situación que hoy atraviesas.
Así como Dios le dijo al profeta: “Levántate, come y bebe, porque largo camino te resta”, hoy también te lo dice a ti. Aunque ahora sientas que no puedes más, aunque tus fuerzas parezcan agotarse, recuerda: aún hay promesas por conquistar y un camino preparado que espera por ti.
Levántate en fe, toma nuevas fuerzas en Dios y cree: lo mejor todavía está por venir.
Jueves 18 de septiembre
La fe no es algo que debamos guardar para nosotros mismos, sino un legado que debemos transmitir. Estamos llamados a hablarles a nuestros hijos acerca del poder de Dios y sus maravillosas obras en nuestra vida. Compartir acerca de nuestro asombroso Dios y ser un testigo fiel para ellos es una herencia espiritual importante que tenemos el honor de dejarles. Dios nos ha llamado a ser puentes entre generaciones, asegurando que el fuego de conocer y seguir a Dios continúe ardiendo en los corazones de los que vienen detrás de nosotros. Se nos ha encomendado hablar “de tus obras poderosas y de la majestad y gloria de tu reinado [el de Dios]” (v. 12 NTV).
Cómo vivamos hoy con Dios en el centro de nuestras vidas repercutirá en nuestros hijos y nietos. Y no se trata solo de nuestra historia. Lo mejor que podemos dejarle a nuestros hijos será la historia de Dios escrita a través de nosotros. Déjales un legado de fe.
Viernes 19 de septiembre
El pueblo de Israel sabía lo que significaba esperar en las promesas de Dios. Durante siglos, anhelaron al Salvador. Isaías profetizó su venida (Isaías 7:14). Miqueas predijo su lugar de nacimiento (Miqueas 5:2). Entonces, un día, en una sinagoga, Jesús desenrolló el rollo de Isaías y declaró: «Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros» (Lucas 4:21). La espera había terminado.
Pero ¿y cuando esperamos y nada parece cambiar? ¿Cuándo las dificultades persisten y las oraciones no parecen recibir respuesta?
Aférrate a esto: Dios es fiel. Todas las promesas del Antiguo Testamento se han cumplido en Cristo Jesús (2 Corintios 1:18–22). Si Dios puede cumplir más de trescientas profecías, puede ayudarte en tus luchas; incluso aunque las dificultades no terminen en esta vida, Dios promete la salvación a través de Jesús, del dolor y las luchas que el pecado ha provocado en este mundo. Si Dios cumplió su palabra al enviar a Jesús, también la cumplirá contigo.
¿En qué área de tu vida necesitas acordarte de que Dios es fiel? ¿Cómo puedes recordar hoy que Jesús es el cumplimiento de todo lo que Dios ha prometido?
Sábado 20 de septiembre
En 1 Juan 4:7, el apóstol Juan dice: “Queridos amigos, amémonos unos a otros”. Esto nos recuerda que fuimos llamados a amar porque conocemos a Dios. Cuando amamos, seguimos el gran mandamiento, “‘Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente (…) Este es el primero y el más importante de los mandamientos” (Mateo 22:37–38) Se nos instruye entonces: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (v. 39). Servimos y amamos a Dios sirviendo y amando a su pueblo.
¿Cómo servimos a los demás? Una manera de hacerlo es mostrar la misma compasión y gracia que Dios nos muestra cada día. Esta gracia y compasión es un don maravilloso para compartir con los demás y les muestra la luz de Cristo (Juan 8:12).
¿Con quién puedes compartir el amor de Dios este día? ¿En qué áreas puedes servirle a Dios en tu iglesia, tu comunidad o en tu trabajo?
Domingo 21 de septiembre
Jesús ve lo que necesitas, aunque no lo digas. Él no está tan ocupado con lo espiritual como para ignorar lo emocional, lo físico, lo cotidiano. Si hay carencia en tu vida, si hay algo que te pesa, si sientes que tienes muy poco, recuerda que Jesús puede multiplicar lo que tienes, suplir lo que falta y cuidar lo que a veces ocultas.
Su amor es tierno, atento y presente. No solo te habla de salvación eterna, también se preocupa por lo que hoy te quita el sueño. Él quiere cuidar de ti, alimentarte en lo profundo y recordarte que no estás solo. Puede que lo que tienes en tus manos parezca poco, pero en las suyas se vuelve más que suficiente.

