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DUEÑO DE MI DESTINO

Por: Alberto Linero

La vida no se puede dejar a la improvisación total. Hay que saber repentizar, pero partiendo siempre de un proyecto claro y coherente. Me gusta pensar en esas bellas coincidencias que el azar genera, pero sé que no puedo vivir de ellas, que tengo que trabajar con disciplina para disfrutarlas de mejor manera cuando aparezcan.

Matrix y su novedoso relato nos ponen de nuevo frente al tema del “libre albedrío”. ¿Somos realmente libres? ¿Es la posibilidad de elección una ilusión? Yo creo que vivimos en libertad y que construimos diariamente el destino con nuestras propias decisiones y acciones. Me niego a creer que todo esté programado. Ni siquiera entiendo la voluntad de Dios como un libreto que debemos realizar al pie de la letra. Ni me asumo como un condenado a repetir las cadenas de mi familia. Entiendo que la vida se define todos los días y tengo que ser consciente de las causas y las consecuencias de cada decisión y acción, tratando de entender su sentido en el todo de la existencia. Construir la vida, para mí, supone por lo menos tres actitudes en este nuevo año:

  1. Buscar todos los días motivos de esperanza. No podemos ahogarnos en el pantano del pesimismo, ni dejar que la atención selectiva nos lleve solo a enfocarnos en las desgracias y las limitaciones. La esperanza es esa certeza de que el futuro va a ser mejor y que podemos confiar en lo que somos capaces de decidir y hacer. Todos los días al despertar hay que encontrar esas motivaciones que nos llevan a confiar y creer que tenemos lo necesario para salir adelante, evitando aferrarnos a ilusiones irracionales e imposibles, más bien creyendo en lo probable. A veces me hago oídos sordos a tanto agorero que sueña con un futuro distópico, en el que todo está mal y que supone vivimos en medio de un “platanal”. Tengo certeza de los problemas y los asumo con valentía, pero siempre creyendo que los podemos superar. Sin esperanza no hay destino.
  2. Trabajar con disciplina y organización. La vida no se puede dejar a la improvisación total. Hay que saber repentizar, pero partiendo siempre de un proyecto claro y coherente. Me gusta pensar en esas bellas coincidencias que el azar genera, pero sé que no puedo vivir de ellas, que tengo que trabajar con disciplina para disfrutarlas de mejor manera cuando aparezcan. Es necesario tener cuidado con todas las propuestas espirituales que nos invitan a confiar más en lo que está fuera de control, que en aquello que realmente podemos realizar desde nuestras capacidades.
  3. Estar atento al trabajo en equipo. La vida se reduce en muchas de las áreas fundamentales a trabajar con otros, a ser y hacer equipo. Si somos malos para trabajar en conjunto con otros, seguro no podremos ser felices, porque la vida es estar con los demás construyendo proyectos, celebrando con alegría lo que logramos, compartiendo cómo enfrentar las dificultades y tratando de alcanzar objetivos. Hay batallas personales, pero siempre el pre y el post de ellas se viven con otros y se analizan con ellos.
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Me emociona saberme libre. Prefiero creer que puedo darle dirección a mi historia y no que estoy a merced de fuerzas que no conozco. Por eso, desde estas tres actitudes trato de vivir este 2022, creyendo que podremos generar contextos más sanos que nos ayuden a vivir en armonía, con fuerza ante las dificultades y disfrutando de muchas más emociones positivas.  Tomemos el control de la vida y permitamos que nuestra autoconversación nos impulse a vivir con firmeza, alegría y solidaridad en el ejercicio de nuestra libertad. Solo quien tiene el timón de su propia existencia, la puede construir con felicidad.

 

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