El senador estadounidense Lindsey Graham afirmó que mantuvo una reunión con el presidente Donald Trump, quien le comunicó su intención de imponer aranceles contra Colombia como represalia por lo que considera un respaldo al narcotráfico. Según Graham, Trump adoptará una postura “más dura que la de ningún otro presidente en nuestra historia” y atacará a Colombia “no solo a sus narcotraficantes, sino también donde más le duele: el bolsillo”.
El anuncio genera inquietud por las implicaciones diplomáticas y económicas: Colombia, aliada tradicional de EE. UU., podría verse afectada por sanciones comerciales que atenten contra exportaciones clave y tensen la relación bilateral. Asimismo, Estados Unidos envía una señal de que la lucha contra el narcotráfico está vinculada a mecanismos de presión económica y diplomática.
La situación convoca atención sobre cómo se definirán los criterios de “respaldar al narcotráfico” y cuál será el impacto real para la economía colombiana, sus exportaciones y relaciones comerciales con EE. UU. En un panorama regional ya tensionado, la medida abre interrogantes sobre la autonomía de Colombia en materia de política exterior y seguridad, y sobre cómo Washington está dispuesto a instrumentalizar el comercio para objetivos de seguridad nacional.




