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El agua, un lujo en La Guajira

En La Guajira, cada anuncio de una nueva obra de acueducto se recibe con esperanza… y con cautela. Los habitantes de La Junta, La Peña y Curazao, corregimientos de San Juan del Cesar, no pueden evitar recordar el caso reciente de Zambrano, donde un acueducto terminado permaneció más de un año sin funcionar. Hoy, mientras las autoridades celebran la firma de un nuevo contrato por casi 25 mil millones de pesos, las comunidades prefieren aplicar el sabio dicho popular: “no ensille hasta que vea el burro.”

La desconfianza no surge del capricho, sino de la experiencia. La historia del agua en esta región ha estado marcada por promesas incumplidas, demoras injustificadas y proyectos que, más que soluciones, se convierten en monumentos a la ineficiencia. Las cifras oficiales, los plazos de ejecución y los comunicados optimistas contrastan con la realidad: llaves secas, tanques vacíos y familias que siguen comprando agua por baldes.

Lo más preocupante es que, sin haberse culminado el proyecto que debía llevar el agua desde la represa del Ranchería hasta la planta de tratamiento de San Juan del Cesar, ya se firmó un contrato para llevarla a los corregimientos. ¿Cómo se puede distribuir lo que aún no se ha garantizado? La lógica técnica y el sentido común parecen ausentes en un proceso que compromete recursos millonarios y la fe de más de 36 mil personas.

Mientras tanto, los líderes comunitarios, como el presidente de la Junta de Acción Comunal de La Junta, Jhon Acosta Imbreth, insisten en exigir transparencia y vigilancia constante. Y hacen bien. Porque en esta tierra sedienta, la gente ya no se alimenta de discursos ni de primeras piedras: esperan hechos, esperan agua.

La gerente de Esepgua, Andreina García Pinto, y las autoridades locales, incluido el alcalde Enrique “Cubita” Urbina y el gobernador Jairo Aguilar, tienen en sus manos más que una obra: tienen la oportunidad de devolverle la confianza a comunidades cansadas de esperar.

En La Guajira, donde el sol no perdona y la sed se ha vuelto costumbre, cada gota cuenta. Pero más que el agua, lo que urge es transparencia, planeación y respeto por la palabra empeñada. Porque ya basta de proyectos que se evaporan antes de llegar a las llaves.

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