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EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

Por: Francisco Cuello Duarte

El Código Nacional de Policía y Convivencia (Ley 1801 de 2016), que entró en vigencia en enero 29 de 2017, sustituyó al viejo Código Nacional de Policía, el Decreto 1355 de 1970. Dicha norma produjo algunos traumatismos en su aplicación dado el rigor centralista y la mala redacción de algunos artículos que no tuvieron en cuenta los aspectos culturales o climáticas de algunas regiones del país, sino las condiciones particulares del altiplano cundi boyacense.

En este sentido, se prohibió, por ejemplo, el consumo de bebidas alcohólicas en el espacio público (artículo 33 numeral 2º, literal c y el artículo 140 numeral 7º), cuando no es lo mismo tomarse una cerveza en Tunja que en Fundación (Magdalena) o Magangué, la primera con 8º C, y las dos últimas con 37º, bajo la sombra de un palo de mango. Afortunadamente, la Corte Constitucional en sentencia C- 253 de 2019 declaró inexequible las prohibiciones allí señaladas, considerando que   existen otras herramientas de policía aplicables a este caso concreto.

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Ahora bien, en estos momentos de crisis en la salud pública por ocasión de la pandemia del coronavirus existen otras disposiciones también cuestionables que pueden producir más daños que beneficios, como por ejemplo el artículo 33 parágrafo 2º, cuyo texto dice:

“Artículo 33. Comportamientos que afectan la tranquilidad y relaciones respetuosas de las personas.

Parágrafo 2°. No constituyen actos sexuales o de exhibicionismo los besos o caricias que las personas, sin importar su género, color de piel, orientación sexual o identidad de género, manifiesten como expresiones de cariño, en ejercicio de su derecho al libre desarrollo de la personalidad”.

En nuestro concepto esta disposición debe ser retirada del ordenamiento jurídico, pues constituye un peligro para la salud pública, dadas las condiciones sanitarias que estamos viviendo a nivel mundial donde el tapaboca y el distanciamiento son las recomendaciones del día, y por muchos años.

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El coronavirus va a producir cambios en la cultura y comportamiento de nuestros pueblos, sobre todo en las expresiones del saludo y la comunicación: no más besos en la mejilla y apretón de manos, ni mucho menos la besuqueadera de los bogotanos como muestra de cariño colectivo en sitios públicos, como si se tratara del último beso entre dos personas que muchas veces no se aman, ni tampoco se odian, pero se entretienen como dos niños malcriados.

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