El pasado martes 21 de octubre en el Centro Cultural y de Convenciones de la Música Vallenata (CCMV) se develó la escultura “Koone”, obra del maestro Eduardo Ramírez Ocampo, un símbolo que rinde distinción al espíritu creativo del Caribe colombiano, no obstante es inspirada y es un homenaje al protector y guardián, el tigre o jaguar, cuyo nombre genérico es Panthera Onca un símbolo chamánico y de mitos para algunos de los indígenas del norte de Colombia, que desde su visión usos y costumbres creen que sus chamanes pueden volverse jaguares a voluntad. Pero no solamente es de espíritu y fuerza.
También un protector y donde él existe, como está en la cúspide de la cadena trófica, él puede y hace que el oxígeno, el agua se purifique, se polinicen con las abejas y haga un beneficio que por ende es de bienestar para el ser humano.
La gobernadora Elvia Milena Sanjuán Dávila invitó al Círculo de Periodistas de Valledupar (CPV) y asistentes para marcar un hito en la historia cultural de Valledupar. «Este nuevo espacio, revestido por una arquitectura que evoca las notas del acordeón y los colores del folclor vallenato, abre sus puertas como un punto de encuentro entre la tradición y la modernidad», argumentó.
El presidente del Círculo de Periodistas Rafael Escalona, expresó que El CCMV no es solo un edificio; es un homenaje a nuestra memoria musical.

«Aquí el vallenato se escucha, se ve y se siente”, expresó el Presidente del CPV Rafael Escalona. Durante la visita guiada, donde asistieron miembros de la prensa local y regional, además de gestores culturales y autoridades civiles, fue destacada la curaduría museográfica que busca conectar a las nuevas generaciones con las raíces del género declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
El Centro Cultural y de Convenciones de la Música Vallenata se proyecta como un escenario para la formación, la investigación y la promoción del arte vallenato, integrando espacios interactivos, salas de exposición, archivo sonoro y zonas para espectáculos.
Con esta inauguración simbólica, la Gobernación del Cesar reafirma su compromiso con la cultura y la preservación del legado musical de la región, apostando por un Valledupar que no solo narra su historia con acordeones, sino también con arte, investigación y memoria.
«Él Gobernador Luis Alberto Monsalvo en su momento quiso hacerlo lo más pronto posible y le pusieron muchas trabas, pero finalmente va a salir el centro de la música vallenata que va a ser nuestro pueblo de desarrollo económico. Y fíjate, no solamente para los juglares, esa será la casa para el Vallenato como tal.
Yo miro eso más como polo de desarrollo económico. siempre he dicho y es que de eso es que vamos a comer. Valledupar ahora tiene un centro de convenciones muy atractivo». dijo el Actor John Bolívar Acosta”.

Es un legado
La gobernadora Elvia Milena Sanjuan llegó con la serenidad de quien entrega un legado. En su discurso, entre palabras de gratitud y orgullo, resumió el sentido profundo de la jornada: “El vallenato nos ha dado tanto, que este proyecto es una deuda con nuestra historia. Hoy devolvemos al folclor lo que él nos ha regalado durante siglos: identidad, unión y alma”.
Porque en Valledupar esta ciudad que respira al compás de caja, guacharaca y acordeón, la música no es sólo arte: es raíz, resistencia y territorio», expresó la Mandataria.
Y llegó Koone
La Gobernación del Cesar develó la escultura que tiene un significado muy enriquecedor, se llama Koone que traduce al guardián inspirado en la etnia Chimila originaria de los ancestros cesarense, «esta joya simboliza la herencia vallenata, todo lo que nuestros periodistas han recogido de la esencia, de las historias, de las fotografías, de esas anécdotas no contadas, custodiadas, pero que tendrán lugar aquí en el Centro Cultural de la Música Vallenata. También hemos develado la escultura y estamos invitando a nuestros visitantes a que nos acompañen a hacer un recorrido por el Centro Cultural de la Música Vallenata», expresó la Gobernadora en su discurso.
Siguió contando que, «entendiendo que la obra civil está completamente lista, pero nosotros, gobierno del Cesar, estamos preparando todo para que la apertura que será la gran fiesta del vallenato y queremos hacerla en ocasión del aniversario del departamento del Cesar, escoger el 21 de diciembre, para la gran apertura.
«Esta es la inversión más ambiciosa que se ha hecho en el tema de cultura y de música vallenata», terminó diciendo Sanjuán.
Un regalo para las dinastías
Para el acordeonero José Fernando ‘El Morre’ Morre Romero hijo de una estirpe de músicos que representan una de las dinastías más grandes del vallenato, la Dinastía Romero, el Centro Cultural de la Música Vallenata es un regalo invaluable al folclore y a las dinastías, que encuentran en este centro un nicho donde se conservará la historia del Vallenato, precisamente en la Capital Mundial del Vallenato, desde donde se exporta la música representativa de nuestro país, y adonde podrán llegar turistas de diferentes partes del mundo a conocer acerca de nuestra historia.
«Es grande ver que tenemos un lugar dedicado a nuestra música, es algo que emociona. Que los jóvenes puedan venir, aprender, compartir con los maestros. El vallenato nació de la enseñanza entre generaciones, y este centro puede ser el punto de encuentro para seguir transmitiendo esa herencia», expresó Romero.
A la altura de los grandes del mundo
Para el actor John Bolívar, este museo está a la altura de los grandes del mundo, dice sin solemnidad, pero con orgullo. “No es solo una obra arquitectónica: es una obra del alma. Por fuera es arte, pero por dentro… por dentro es identidad”.
Para Bolívar, el centro es más que un homenaje: es una semilla. Sueña con verlo lleno de niños, de colegios que lleguen desde los pueblos cercanos para aprender de los juglares, de la historia, de la poesía de los ríos. “Hay que sembrar hacia el futuro insiste. Si los jóvenes no conocen su pasado, difícilmente podrán disfrutar su presente y construir su futuro”.
Para el fotógrafo y director cultural Romel Amador “Esto es apenas un comienzo aquí hay una oportunidad para aprender a valorar lo nuestro, como los mexicanos valoran su mariachi o los cubanos su son. Si logramos hacerlo, esto puede ser el corazón de una industria cultural vallenata”.
Rommel Amador sueña con una cultura que se expanda: cine, diseño, producción musical, instrumentos hechos en el Cesar, festivales que mezclan lo tradicional y lo contemporáneo. “La clave advierte está en mantenerlo vivo. En manejarlo con visión, aquí vendrá gente de todo el mundo”.
En el centro del patio principal, bajo el cielo abierto, reposa Koone, una escultura monumental del maestro Eduardo Ramírez Ocampo. El jaguar —símbolo de fuerza, sabiduría y espíritu protector parece observar todo con la paciencia de los dioses antiguos. Su cuerpo, tenso y vigilante, guarda la esencia de un pueblo que ha sabido sobrevivir a la violencia, al olvido, al silencio. “El jaguar representa la pasión y la conservación”, explica Manuel Rangel, secretario de Cultura. “Es el guardián de la casa del vallenato”.
Cuando el sol comienza a bajar detrás de la Sierra Nevada, las luces del edificio se encienden poco a poco, como si el corazón del lugar despertara. Las paredes reflejan tonos dorados y rosados, el viento trae el sonido lejano de una caja y una guacharaca, y el ambiente se llena de algo que no se puede explicar: un orgullo que se siente en la piel.
La meca de la cultura
El compositor Beto Murgas, ese sabio que ha visto pasar medio siglo de música y aún guarda la misma chispa. Habla despacio, con la pausa de quien entiende el peso del tiempo. “Esto convertirá a Valledupar en la meca de la cultura colombiana dice. Ya lo vimos en nuestra Casa Museo: la gente llega de todas partes del mundo atraída por esta magia. Esto es un paso hacia adelante, hacia el porvenir del vallenato”.
Este museo puede ser el Louvre del vallenato”. Valledupar parece volver a su esencia: la ciudad donde la vida se canta.
El Centro Cultural de la Música Vallenata no es solo un edificio. Es una metáfora. Una promesa. Un puente entre lo que fuimos y lo que seremos. En sus muros respira el tiempo, en sus pasillos se cruzan el pasado y el porvenir. Es un recordatorio de que la música —esa que nace del alma y del polvo del camino— nunca muere, solo cambia de forma.

