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El crecimiento urbanístico de Valledupar, ¡un desastre de marca mayor!

“Una de las razones por las cuales los mandatarios no asumen grandes proyectos que superen los cuatro años de gestión es, precisamente, que no alcanzan a inaugurar las obras: Si los alcaldes no salen en la foto, entonces, van a identificar que ese proyecto se lo regalaron al siguiente mandatario”: Alberto Gutiérrez Pineda, coordinador de Veeduría Ciudadana para el contrato del POT.

Hasta el 25 de febrero, la Alcaldía de Valledupar estará en el proceso de construcción del Plan de Desarrollo Municipal 2024-2027. Desde que el pasado 31 de enero, los funcionarios de este ente territorial participaron en lo que el Departamento de Planeación nacional (DNP) llama  “apoyo y acompañamiento técnico”, el municipio ha venido desarrollando una serie de mesas de trabajo con organismos y organizaciones sociales, culturales, económicas, gremiales para erigir este documento “con participación activa de la ciudadanía, incluyendo proyectos de inversión que garanticen un verdadero impacto de progreso económico y social”, según “reta” a alcaldes y gobernadores el subdirector de Descentralización y Desarrollo Territorial del DNP, Hugo Guerra.

Hay una enorme expectativa por conocer el proyecto final que resulte de estas reuniones entre funcionarios de la alcaldía de Valledupar y ediles, líderes, madres cabeza de hogar, organizaciones, niños, gremios (como Camacol, Cotelco, Fedegán, Fendipetroleo, Fedecacao, Fedecafé, Fenalce, Fenalco, Acodres, Fedearroz, entre otros), en los barrios y corregimientos de la capital del cesar.

La otrora Valledupar ejemplar

Jaime Alfredo Bonet Morón

“Valledupar tuvo la tasa de crecimiento más alta entre las capitales de la región Caribe, pasando de tener aproximadamente 16.000 habitantes en 1938 a cerca de 160.000 en 1973”, escriben, en su Introducción al trabajo investigativo Historia del ordenamiento urbano de Valledupar, los autores Jaime Alfredo Bonet Morón y Diana Carolina Ricciulli Marín, publicado en la Revista tiempo&economía, volúmen 7, número 1, de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano, en 2020.

Diana Carolina Ricciulli Marín

Los autores traen a colación cómo se dieron las primeras invasiones en el sur de Valledupar, “específicamente en lo que hoy son los barrios Primero de Mayo, Siete de Agosto, San Martín y Doce de Octubre (Cuello, 2015)”. Para ellos, el crecimiento poblacional más la aparición de nuevos asentamientos se realizaron “sin un progreso similar en acceso a servicios públicos básicos. De acuerdo con el censo de población y vivienda de 1964, entre las capitales de la región Caribe, Valledupar era la segunda con menor acceso a servicios públicos después de Riohacha”.

Bonet y Ricciulli dicen que ese “crecimiento desordenado” hizo que las administraciones públicas “tomaran acciones  frente a la planeación urbana del territorio”. El primer plan de desarrollo urbano, presentado por el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) en 1969, y el primer plan maestro de acueducto y alcantarillado de 1975 materializaron los esfuerzos para corregir la situación.

“Como resultado de la buena gestión y planeación, Valledupar logró coberturas de servicios públicos superiores a las de otras capitales de la región Caribe colombiana (Ochoa, 1998)”, se lee en la misma introducción del trabajo investigativo. “De acuerdo con el censo de población y vivienda del DANE de 1993, Valledupar era la capital costeña con menor privación en acceso a servicios públicos básicos y la segunda con menor déficit cualitativo de vivienda después de Barranquilla”, agregan.

Tomado del artículo científico «Planificación urbana en América Latina: el caso de Valledupar (Colombia)”

Los dos autores destacan cómo “la ciudad alcanzó un importante reconocimiento en Colombia y toda Latinoamérica”.  Y traen a colación que en 1998, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) “destacó el caso de Valledupar como una experiencia exitosa en gestión del desarrollo urbano en América Latina (Rojas & Daughters, 1998)”. Rematan con este importante reconocimiento: “de acuerdo con Angell, Lowden y orp (2001), la capital cesarense fue considerada como una de las ciudades intermedias mejor planificadas de Colombia en el año 2000”.

Sobre ese dinamismo urbanístico planificado, Bonet y Ricciulli traen a colación lo que Rodolfo Campo Soto, alcalde de Valledupar en los períodos 1988-1990 y 1992-1994, llamó los cuatro pilares que guiaron las administraciones de la época: “pulcritud, honestidad, trabajo y apostolado; participación comunitaria; planificación como norma de gobierno; y mejoría de la hacienda pública”.

 

El debilitamiento de la planificación urbana en Valledupar

En el comienzo de este milenio, la violencia ha originado el desplazamiento forzoso en el país. Las masacres en los municipios y corregimientos cercanos a Valledupar han sido documentados por el Centro Nacional de Memoria Histórica. En otro artículo científico, publicado, también, por Jaime Bonet Morón y Diana Ricciulli Marín, en el número 51 de Cuadernos de historia económica, denominado “Planificación urbana en América Latina: el caso de Valledupar (Colombia)”, los dos autores señalan que “el siglo XXI comenzó con importantes retos para la planificación urbana de Valledupar. Por un lado, la ciudad recibió un número importante de desplazados como consecuencia del conflicto armado, lo que le imponía un desafío de atención de dicha población. De otra parte, la capacidad institucional de respuesta de años anteriores se debilitó, precisamente en un momento en que la ciudad requería gran capacidad de planificación y ejecución para atender el aumento de población”.

El Dane indica que esa población desplazada se concentró en el extremo norte y sur occidental de Valledupar. Como bien lo afirman Bonet y Ricciulli en este segundo artículo comentado, estos asentamientos en la periferia “resultaron en la reconfiguración de la estructura urbana de la ciudad, que hasta la década de los noventa mantenía su forma relativamente compacta”.

IDOM es una empresa líder en servicios profesionales de Consultoría, Ingeniería y Arquitectura. Según IDOM en 2006 se hace evidente la presencia de un crecimiento disperso con la aparición de barrios completamente desarticulados de la ciudad; obviamente, al crecer la población, hay un aumento en la demanda de bienes y servicios. Y, de acuerdo a Bonet y Ricciulli, en 2005 se concentra, en los desarrollos de la periferia, “las mayores privaciones” del servicio de acueducto. Y algo similar ocurre para el caso del alcantarillado.

Los dos investigadores anotan que, en la actualidad, Valledupar sigue enfrentando dificultades para atender las demandas en bienes y servicios de grupos poblacionales que se establecen en la ciudad. Recientemente, se ha presentado el caso de la llegada masiva de venezolanos. Y mencionan lo que Findeter publicó en 2017: debido a la falta de control y respuesta a todo este crecimiento por parte de la administración local, la ciudad ha ido buscando los espacios para suplir las necesidades de vivienda. “Los desplazados y la población más vulnerable se han asentado en barrios ilegales y de invasión, sin ningún tipo de infraestructura para la provisión de servicios públicos, desarticulados de la ciudad y en algunos casos ubicados en zonas de alto riesgo”.

Los conjuntos de viviendas de interés prioritario, bajo la iniciativa de viviendas gratis del gobierno nacional, desarrolladas en los últimos años como respuesta a este crecimiento, de acuerdo al mismo Findeter (citado en el artículo por Bonet y Ricciulli, “se encuentran social y espacialmente segregados del resto de la ciudad y presentan problemas de acceso a servicios públicos básicos”.

Además del problema en la eficiencia de prestación de servicios públicos, “una evaluación integral de la situación económica y social de la ciudad revela su posición de rezago actual. De acuerdo con el Índice de Competitividad de Ciudades de 2019, Valledupar se ubica entre las cinco ciudades con menor competitividad entre las 23 principales”, afirman los dos investigadores.

 

La importancia del largo plazo

Alberto Manuel Gutiérrez Pineda

El arquitecto Alberto Manuel Gutiérrez Pineda, veedor ciudadano para el seguimiento del contrato del Plan de Ordenamiento Territorial (POT), dice que se deben hacer planes de desarrollo a largo plazo. “Una de las razones por las cuales los mandatarios no asumen grandes proyectos que superen los cuatro años de gestión es, precisamente, que no alcanzan a inaugurar las obras: si no salen en la foto, entonces, van a identificar que ese proyecto se lo regalaron al siguiente mandatario”, dice.

Agrega que ese es un error grandísimo porque el compromiso de un mandatario es el aporte al desarrollo social, económico, ambiental, político y demás: no solamente para lucirse dentro lo que pueda hacer en sus cuatro años de administración. “Por eso, tenemos proyectos cortoplacistas, que no están, ni siquiera, financiados y que no sirven para nada”, dijo.

Para él, los grandes proyectos deben ser planeados, consensuados, sustentados técnicamente. “nos hemos quedado como si estuviéramos en la edad de piedra”. Destacó cómo los servicios públicos que existen hoy fueron dimensionados en la administración de Rodolfo Campo, que, afortunadamente, los continuó Aníbal Martínez y remató el mismo Campo Soto en su segunda administración. “De ahí en adelante, esto fue un desastre de marca mayor”.

En las reflexiones finales del segundo artículo reseñado, Bonet y Ricciulli también resaltan volver a proyectar a largo plazo. Hay que rescatar “la importancia de la visión de largo plazo en el diseño e implementación de las estrategias de desarrollo”, dicen.

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