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EL ESTADO INTERIOR

Los estados son interiores, y los eventos son exteriores. Los estados se refieren a la condición psicológica, mental y emocional que tenemos en un momento dado, como consecuencia de las muchas impresiones que nos llegan en el trajín de la vida diaria; o en otras palabras, estados de alegría, serenidad, tristeza, dolor, odio, desconfianza, ira, ansiedad, depresión, resentimiento,

venganza, miedo, temor, pánico, etc., etc. Los eventos se refieren específicamente al comportamiento de la gente que nos rodea, así como los fenómenos de la naturaleza tales como un terremoto, un sismo, un fuerte aguacero, una tempestad, un derrumbe, una inundación, cualquier catástrofe natural, etc., etc.

Combinar estados interiores con acontecimientos exteriores en forma correcta es saber vivir inteligentemente. Hay una frase muy coloquial que reza: “A lo hecho, pecho”. También hay otra que encierra mucha sabiduría: “No hay que llorar sobre la leche derramada”. Miles de cosas nos suceden en nuestra vida, que no son lo que esperábamos, y después nos lamentamos o nos quejamos, que “porqué hice esto y no aquello”, “dándonos látigo” o maldiciendo, gastando nuestras energías emocionales y mentales estúpidamente. No queremos darnos cuenta que la película de nuestra vida no es únicamente los eventos exteriores sino también los estados interiores.

Aunque muchos no lo crean, nosotros vivimos la mayoría del tiempo en los Mundos Internos y no en los Mundos Externos; en otras palabras pasamos mucho tiempo pensando, pensando y pensando. Dicen eminentes Científicos, Psicólogos y Psiquiatras, que nosotros tenemos en promedio de seis mil a diez mil pensamientos al día, y la gran mayoría son repetitivos, automáticos y mecánicos. Sobre este asunto se ha investigado muchísimo durante muchos años, pero lo que sí es cierto es que nosotros desperdiciamos miserablemente mucha energía mental o psíquica, como consecuencia de pensar demasiado.

La causa de todo esto, o el enemigo oculto es por un lado la mala combinación de los estados interiores con los eventos exteriores, y por el otro, la diversidad de los agregados psíquicos que se nos manifiestan permanentemente durante el transcurso de nuestra vida. Estos son centenares y para eliminarlos, una sola vida no basta. Los cabecillas, los generales o los coroneles, son los siete grandes defectos psicológicos que menciona la Santa Biblia (los llama pecados capitales), y son los cabezas de Legión. Detrás de cada uno de estos hay un “rabote”

impresionante que son los agregados psíquicos que mencionamos anteriormente. Cuando nosotros revisamos nuestra vida, pensamos que está constituida únicamente por eventos exteriores. Pensamos que si tal o cual acontecimiento no nos hubiese sucedido, habríamos tenido una vida mejor. Suponemos que la suerte nos salió al encuentro, pero la despreciamos y perdimos la oportunidad de ser felices. Lamentamos lo perdido, lloramos estúpidamente, gemimos recordando los viejos tropiezos y calamidades. Traer todos estos eventos al presente, nos genera mucho sufrimiento, hay un gran desgaste de energía psíquica, o en otras palabras, no estamos viviendo dignamente sino vegetando.

Hay muchos ejemplos de una mala combinación de estados y eventos. Vamos a citar algunos:

  • Alguien aguarda con ansiedad la fiesta de bodas, es un acontecimiento, más podría suceder que estuviese tan preocupado en el momento preciso del evento, que realmente no gustase en ello ningún deleite y que todo aquello se tornase tan árido y frío como un protocolo. En este caso su estado interior no se corresponde con el evento exterior.
  • La experiencia nos ha enseñado que no todas las personas que asisten a un banquete o a un baile, gozan de verdad. Nunca falta un aburrido en el mejor de los festejos y la piezas más deliciosas alegran a unos y hacen llorar a otros. Muy raras son las personas que saben combinar conscientemente el evento externo con el estado interno apropiado. Es lamentable que mucha gente no sepa vivir conscientemente: lloran cuando deben reír y ríen cuando deben llorar.
  • Cuando estamos en un velorio, debemos respetar a los dolientes y familiares del difunto. Es de mal gusto referir chistes o chismosear. Este es un rato de mucho respeto. Sucede con frecuencia que convertimos el velorio en un chismoseadero. No se trata de estar en silencio todo el tiempo, sino de tener una conversación respetuosa, baja, acorde con el ambiente de espiritualidad que se está viviendo en esos momentos. Yo he asistido a muchos velorios donde el “cotorreo” es impresionante. Debo aclarar que muchos años atrás yo respetaba poco los velorios. Lo importante ahora es que he tratado de corregirme en este asunto.
  • Cuando estamos manejando nuestro carro y hay un tráfico pesado, es donde más se pone a prueba nuestra cordura y serenidad. Yo he explotado muchas veces, así que no estoy aquí dando consejos. Simplemente expongo mi experiencia y aunque no lo crean, en dos ocasiones del pasado, me sacaron o amenazaron con armas de fuego. Actualmente me cuido mucho, y cuando salgo en la mañana a hacer mis vueltas, siempre me encomiendo a Dios para que me proteja. Si nosotros contestamos insultos y madrazos con insultos y madrazos cuando alguna moto o carro comete una imprudencia, de pronto se puede ocasionar una tragedia. Lo mejor es quedarnos callados, hacernos los pendejos, y si tenemos ganas de protestar, “mordámonos” la lengua. Así estamos manejando correctamente nuestro estado interior frente a un evento exterior muy desagradable.
  • Si tenemos una discusión con alguna persona o nuestra pareja, lo mejor es bajar el tono lo más que se pueda, para evitar agresiones verbales o físicas. Dicen los Antioqueños que “para pelear se necesitan dos”; así pues lo mejor en muchos casos es alejarse de esta escena peligrosa. Pero si nos van a agredir físicamente y en igualdad de condiciones, tenemos que defendernos. Si nos amenazan con arma de fuego en un atraco, lo mejor es quedarse quieto. El cementerio está lleno de héroes. Ya yo pasé por esta experiencia.

 

  • Si se presenta un sismo o terremoto, cada quien debe manejar este asunto a su manera. El miedo o pánico no nos deja pensar correctamente. Dicen que lo mejor es colocarse debajo del marco de las puertas; en realidad a mí no me ha tocado vivir la experiencia de sismos fuertes sino leves. Yo pienso que lo mejor es salir corriendo para la calle y encomendarse a Dios.

 

  • Las personas melancólicas y pesimistas piensan de la vida lo peor y francamente no desean vivir. Todos los días vemos gentes que no solamente son infelices, sino que además (y lo que es peor), hacen también amarga la vida de los demás. Gentes así no cambian ni viviendo diariamente de fiesta en fiesta; la enfermedad psicológica la llevan en su interior; tales personas poseen estados íntimos definitivamente perversos. Sin embargo estos sujetos se auto-califican como justos, santos, virtuosos, nobles, serviciales, mártires, etc., etc., etc.

 

  • Hay mucha gente que se auto-considera demasiado; son personas que se quieren mucho a sí mismos. Individuos que se apiadan mucho de sí mismos y que siempre buscan escapatorias para eludir sus propias responsabilidades. Personas así están acostumbradas a las emociones inferiores y es ostensible que por tal motivo crean diariamente elementos psíquicos infrahumanos. Los eventos desgraciados, reveses de fortuna, miseria, deudas, problemas, etc., son exclusividad de aquellas personas que no saben vivir inteligentemente, que no saben combinar correctamente estados interiores con eventos exteriores.

 

  • Nosotros somos seres humanos y por consiguiente estamos plagados de defectos psicológicos y emocionales en un alto porcentaje. Lo importante es tratar de superarlos, y no decir: “Yo soy así, yo nací así y a mi nada ni nadie me cambia”. Todo el mundo puede cambiar después que se lo proponga. Uno de los defectos más terribles que nosotros tenemos es la envidia, unos más y otros menos.

 

  • En muchos casos esto nos puede generar sufrimiento por estar envidiando propiedades, posiciones de poder, títulos profesionales, cultura intelectual, etc., de otra gente, que ha conseguido todo esto a base de mucho trabajo y disciplina. Aquí se presenta el caso típico de un estado interior perverso y equivocado que no está en consonancia con un evento exterior muy común de la vida diaria o sea la gente exitosa que nos rodea e interactúa con nosotros. Yo creo que la mejor manera de arreglar esto es bendecir y desearle más prosperidad a esas personas en lugar de profetizarles fracasos en todo sentido, enfermedades, y hasta del mal que se van a morir.

Hay una ley espiritual que dice: Cuando uno le desea bien a una persona (bendiciones), se le devuelven bendiciones; y cuando uno le desea mal, puede recibir muchos males y complicaciones en su vida. En términos generales, las personas exitosas no andan pendiente de hacerle daño a los demás. CADA QUIEN TIENE LO QUE SE MERECE.

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