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El fracaso de Aguas del Cesar que tiene seco a los corregimientos 

En el municipio de Valledupar, el acceso al agua potable continúa siendo una deuda histórica para cientos de familias en los corregimientos de Aguas Blancas y Mariangola. Lo que debería ser un derecho básico hoy se vive como una lucha diaria, marcada por la escasez, la improvisación y enfermedades derivadas del consumo de agua no apta.

El semanario La Calle habló con habitantes de estas comunidades y encontró una constante, el agua no solo es insuficiente, sino que en muchos casos no sirve para el consumo humano.

Denis María Arévalo Ramírez

En Aguas Blancas, la situación es crítica. La comunidad depende de carrotanques que llegan de manera intermitente, de pozos y de la solidaridad entre vecinos. Denis María Arévalo Ramírez, habitante del barrio San Martín, explica que el agua del carro tanque “sí alcanza hasta que pase otra vez, pero hay que ahorrar”, dejando claro que no existe continuidad en el servicio.

En su caso, cuenta con un pozo profundo, lo que le permite sobrellevar la situación, pero reconoce que no todos tienen esa posibilidad. Para quienes no cuentan con esta alternativa, conseguir agua implica desplazamientos constantes, gastos adicionales o acudir a fuentes no seguras.

La preocupación por la salud es evidente. “En la comunidad ha habido varios casos de niños con diarrea y vómitos porque el agua no es tratada, muchas veces tenemos que hervirla”, afirma, dejando en evidencia un problema que trasciende lo básico y se convierte en una alerta sanitaria.

Sobre la calidad del agua que reciben, es directa, “La del carro tanque no es tratada, viene con suciedad”.

María Isabel Salas

María Isabel Salas, del barrio La Concepción, describe la misma realidad desde otra perspectiva: “El carro viene cada ocho días y esa agua no alcanza. Nos toca correr a recoger dos o tres canecas”.

La rutina diaria está marcada por la escasez. “Para bañarnos y lavar, usamos agua de pozo. Algunos nos enfermamos del estómago porque esa agua es salada”, señala.

En muchos casos, la única opción es pedir ayuda: “A veces toca pedirles a los vecinos o comprar bolsas de agua para poder tomar”.

Su petición es clara: “Pedimos que nos garanticen agua potable, porque estamos sufriendo mucho”.

Otra habitante agrega que ni siquiera recibe carro tanque: “Recibo agua dos veces a la semana. Buscamos agua en carretillas”. Además, advierte los riesgos, “Es súper difícil, tenemos que cruzar la carretera donde pasan muchos carros”.

La falta de infraestructura también es evidente en su llamado: “Que cambien las tuberías para que todos podamos beneficiarnos del agua potable sin tanto esfuerzo”.

La realidad de Aguas Blancas deja ver un sistema inexistente o insuficiente, donde el acceso al agua depende más de la suerte que de una planificación efectiva.

En Mariangola, aunque existe una obra en ejecución, la situación no es muy distinta. El acceso al agua sigue siendo irregular y la comunidad continúa consumiendo agua sin tratamiento.

Osneider Rumbo Salas

Osneider Rumbo Salas, habitante del barrio El Carmen, explica que el servicio depende de factores externos, “La disponibilidad del agua es variable. En épocas de verano puede tardar entre tres y cuatro días en restablecerse. Se distribuye por sectores”.

Actualmente, el panorama es aún más complejo: “El servicio de carro tanque no se está prestando. El agua que utilizamos viene de una manguera conectada a una fuente natural”.

Cuando esta alternativa falla, no queda otra opción que acudir a fuentes naturales: “Las familias acuden al río o a fincas cercanas donde hay pozos para poder abastecerse”.

Las consecuencias ya son visibles: “Se han presentado problemas en niños, jóvenes y adultos porque el agua no es apta para el consumo humano”.

A pesar de que se construye una obra de acueducto, ésta aún no entra en funcionamiento: “La comunidad ha tenido que consumir agua sin tratamiento. La solución urgente es que se termine y funcione el acueducto”.

Este panorama genera dudas inevitables. Si hay una obra en curso, ¿por qué la comunidad sigue en las mismas condiciones? ¿Qué está fallando para que esa inversión no se traduzca en agua potable en los hogares?

Solo después de escuchar a las comunidades, el semanario La Calle dialogó con Leonardo Zuleta Guerra, gerente de Aguas del Cesar, quien sostuvo que la responsabilidad directa del servicio no recae en la entidad, sino en el municipio.

Leonardo Zuleta Guerra

El funcionario resumió que en Mariangola se ejecuta una obra de optimización del acueducto con un avance del 85%, enfocada en mejorar la calidad del agua mediante una planta de tratamiento y ajustes en la captación. Sin embargo, dejó claro que esta intervención no garantiza la continuidad del servicio. En cuanto a Aguas Blancas, indicó que no existen obras en ejecución ni un plan maestro definido, y que actualmente el suministro depende de carrotanques mientras se adelantan estudios sobre el riesgo del territorio.

Más allá de las explicaciones técnicas, lo expuesto deja en evidencia un problema de fondo: la falta de planeación. Porque si no existe un plan maestro, si no hay obras en marcha y si ni siquiera se cuenta con un diagnóstico claro, ¿cómo se ha venido atendiendo esta problemática durante años? ¿Puede hablarse de gestión cuando las soluciones siguen siendo temporales? ¿Es suficiente argumentar falta de competencias mientras las comunidades consumen agua no apta? ¿Qué significa un avance del 85% cuando la población aún no recibe agua potable en sus hogares?

La ausencia de planificación estructural no sólo retrasa las soluciones, sino que perpetúa una crisis que ya está afectando la salud de niños, jóvenes y adultos. Y aunque se mencionan estudios, convenios y proyectos, en el territorio la realidad sigue siendo la misma, familias buscando agua todos los días y comunidades enteras sobreviviendo sin garantías básicas.

El acceso al agua potable no puede seguir condicionado a diagnósticos pendientes ni a responsabilidades compartidas. Es un derecho fundamental. Y hoy, en Aguas Blancas y Mariangola, más que una dificultad técnica, lo que queda en evidencia es una deuda histórica marcada por la falta de planeación y de respuestas concretas.

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