El proyecto para la creación de la sede de la Universidad Popular del Cesar (UPC) en La Jagua de Ibirico debería ser, sin duda, una prioridad regional. No solo representa acceso a educación superior para miles de jóvenes del centro minero del departamento, sino una oportunidad real de diversificación económica, movilidad social y mitigación de las brechas históricas que han marcado a esta zona del Cesar.
Sin embargo, el reciente fracaso de la sesión del Consejo Superior Universitario, clave para avanzar en la aprobación del proyecto, ha puesto sobre la mesa una pregunta que la ciudadanía no puede seguir ignorando: ¿por qué la gobernadora Elvia Milena Sanjuán no ha mostrado el respaldo decidido que este proyecto exige?
La ausencia de la mandataria en un debate trascendental, sumada al silencio institucional frente a la sede de La Jagua, contrasta con la urgencia de un municipio que reclama oportunidades educativas inmediatas. Resulta difícil comprender cómo un departamento que se precia de impulsar la educación permite que un proyecto con recursos asegurados y viabilidad técnica quede congelado por falta de voluntad política.
No se trata de cuestionar el conjunto de acciones de la Gobernación en materia educativa, que existen y deben reconocerse, sino de exigir coherencia: si la educación es un pilar del desarrollo, debe serlo para todo el departamento, no solo para algunos municipios.
La Jagua de Ibirico ha dado durante décadas riqueza mineral al Cesar y al país, mientras sus comunidades siguen esperando inversión social verdadera. La llegada de la UPC sería un acto mínimo de justicia territorial.
Por eso, este periódico hace un llamado directo y respetuoso a la gobernadora:
Escuche a La Jagua. Atienda el clamor de sus jóvenes. Priorice este proyecto. Cumpla con el compromiso que merece el Cesar.
Porque la educación no puede ser víctima de agendas políticas, silencios estratégicos ni ausencias injustificadas.
El futuro del departamento depende, precisamente, de no perder oportunidades como esta.

