Por Jaime Cruz Fuentes
Vivimos en una sociedad donde el éxito suele medirse por los cargos, el dinero o el reconocimiento. Sin embargo, la verdadera huella la dejan quienes sirven con humildad y hacen el bien sin esperar aplausos.
Servir es aportar desde el lugar donde estamos. Una palabra de aliento, un trabajo realizado con excelencia o una mano tendida en el momento oportuno pueden cambiar el día, e incluso la vida de otra persona.
El médico que salva vidas, el docente que forma generaciones, el campesino que alimenta al país, el emprendedor que genera oportunidades, el administrador que actúa con responsabilidad y el ciudadano honesto nos recuerdan que el progreso no depende de unos pocos, sino del compromiso de todos.
Hoy abundan las opiniones, pero hacen falta más acciones. Escuchar antes de juzgar, dialogar antes de confrontar, construir antes que dividir y servir antes que buscar reconocimiento son decisiones que fortalecen a cualquier sociedad.
Reflexión del día
Quien vive para servir no necesita demostrar quién es; su ejemplo siempre hablará por él.




