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Elecciones atípicas en Fonseca: cinco candidatos en contienda y una pregunta en el ambiente: ¿puede o no puede volver Micher Pérez?

El municipio de Fonseca se encamina hacia unas elecciones atípicas que, más que una simple jornada democrática, se han convertido en un pulso entre la legalidad y la astucia política. La cita será el próximo 3 de mayo de 2026, convocada tras la vacancia del cargo de alcalde, para completar el periodo 2024–2027. Pero aquí no todo es trámite. Aquí hay tensión. Y hay nombre propio.

Micher Pérez: el regreso que incomoda

En el centro del debate está Micher Pérez Fuentes, inscrito con el aval de la Alianza Social Independiente (ASI), quien pretende volver al cargo en medio de serios cuestionamientos por una presunta inhabilidad. No es un detalle menor. No es un tecnicismo jurídico. Es el corazón de la controversia. La pregunta que recorre calles, oficinas públicas y corrillos políticos es directa: ¿cómo logra inscribirse alguien cuya situación jurídica sigue bajo la lupa?

Inscripción bajo la lupa

La inscripción de Micher Pérez no pasó desapercibida. Por el contrario, reabrió heridas institucionales y dejó en evidencia lo que muchos señalan como un uso “creativo” de los vacíos legales. Mientras unos analistas que hablaron con La Calle hablan de derechos políticos, otros advierten un riesgo evidente: que se normalice competir aun cuando existen dudas razonables sobre la legalidad de esa aspiración. En otras palabras, que la elección arranque con sombra.

Un pasado que vuelve a pasar factura

Pero la polémica no nace de la nada. Durante su anterior administración, la gestión de Micher Pérez estuvo rodeada de cuestionamientos que hoy vuelven al debate público: decisiones administrativas controvertidas, señalamientos sobre manejo político del poder local y un estilo de gobierno que dejó más dudas que consensos. “En Fonseca hay memoria y esa certeza debe pesar en estas elecciones”, dijo otro de los conocedores de estos temas.

Los respaldos que ya tienen nombre

A esto se suma un elemento político que no pasa inadvertido: el respaldo de dos figuras clave del ajedrez local. Por un lado, el actual secretario de Gobierno departamental, Misael Velásquez Granadillo, cuyo nombre suena con fuerza en los corrillos políticos como uno de los respaldos determinantes en la estructura que hoy impulsa la candidatura de Micher. Por el otro, Benedicto de Jesús González Montenegro, quien ocupó el tercer lugar en las elecciones territoriales de 2023 y que decidió sumarse al proyecto político de Micher Pérez (que había quedado de segundo en esas mismas elecciones territoriales) en las pasadas elecciones atípicas, reconfigurando alianzas y moviendo fichas en un tablero donde nada es gratuito. En política, los apoyos no son inocentes. Y en Fonseca, menos.

La de Micher Pérez, más que una candidatura, una estructura

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Lo que se empieza a dibujar no es solo una aspiración individual, sino una estructura política que busca retomar el control del municipio. Una candidatura que no camina sola, sino acompañada de acuerdos, respaldos estratégicos y viejas relaciones de poder que hoy vuelven a activarse. Y ahí es donde crecen las preguntas.

Los otros candidatos en la carrera

Marco Antonio Jaramillo Daza, Hirohito Almanza Barcasnegra, Oswaldo Rodríguez Figueroa y Nelson Álvarez Obregón

Aunque el foco mediático lo acapara Micher por toda la polémica que ha generado, hay otros cuatro aspirantes que también buscan la Alcaldía: Marco Antonio Jaramillo Daza, por el Nuevo Liberalismo; Hirohito Almanza Barcasnegra, por el Pacto Histórico; Oswaldo Rodríguez Figueroa, por Unión por la Gente, y Nelson Álvarez Obregón, por el Partido Liberal Colombiano.

Cinco nombres en el tarjetón, pero no todos con el mismo peso político, ni el mismo nivel de ruido. Porque aquí, seamos claros, la contienda gira alrededor de uno y no, precisamente, por sus ‘buenas’ acciones u obras.

Una elección con más preguntas que certezas

La jornada electoral, organizada por la Registraduría Nacional del Estado Civil, se realizará entre las 8:00 a. m. y las 4:00 p. m., con toda la logística institucional: jurados, puestos de votación y mecanismos de control. En el papel, todo está listo, pero en la realidad, el ambiente está cargado porque, más allá de la técnica electoral, lo que está en juego es la credibilidad del proceso.

Incripción de Micher Pérez: ¿legalidad o maniobra?

El caso de Micher Pérez pone sobre la mesa un debate incómodo. Los analistas que hablaron con La Calle se preguntan: ¿hasta dónde llega el derecho a elegir y ser elegido, y dónde comienza la responsabilidad de garantizar reglas claras? “No es solo una discusión jurídica. Es política. Es ética. Y es profundamente institucional. Permitir que una candidatura cuestionada avance sin claridad definitiva puede terminar contaminando el resultado, cualquiera que este sea”, dijo uno de los conocedores del quehacer político en Fonseca.

Fonseca decide, pero con ruido de fondo

El 3 de mayo no solo se elegirá un alcalde. Se pondrá a prueba la capacidad del sistema electoral para cerrar filas frente a las dudas o, por el contrario, para convivir con ellas. Fonseca vota, pero lo hace en medio de un murmullo que crece: el de la desconfianza.

Bogotá: una decisión que llegó tarde

Y ese murmullo no es gratuito. Tiene antecedentes, tiempos muertos y decisiones que, lejos de aclarar el panorama, lo enredaron aún más porque, antes de que se produjera la anulación de la elección de Micher Pérez, en Bogotá el proceso caminó con una lentitud que no pasó desapercibida. Recursos, trámites y actuaciones que se extendieron más de lo esperado terminaron estirando una definición que era clave para la estabilidad institucional de Fonseca. La decisión del Consejo de Estado llegó, sí, pero lo hizo después de un desgaste innecesario que dejó al municipio en vilo durante meses.

Una demora con efectos políticos

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Aquí el problema no es menor. Cuando las definiciones de fondo se tardan, el escenario se vuelve terreno fértil para las interpretaciones interesadas. Para unos, ese tiempo jugó a favor de consolidar una narrativa de legitimidad; para otros, fue la evidencia de que el sistema no logró responder con la celeridad que exigía el caso.

El hospital: una herida que sigue abierta

Y es ahí donde vuelve a entrar el pasado reciente, ese que muchos en Fonseca no olvidan. El caso del hospital —convertido en símbolo de las falencias administrativas y de las decisiones cuestionadas durante su mandato— sigue siendo una herida abierta. No solo por lo que significó en términos de gestión pública, sino por lo que refleja: un estilo de gobierno que, lejos de generar confianza, dejó interrogantes sobre el manejo de lo público en un sector tan sensible como la salud.

Insistir, pese a todo: señal de desconexión de Micher Pérez

Por eso, para muchos, la insistencia de Micher en regresar no es solo una aspiración política: es una señal de desconexión con ese balance crítico que aún pesa en la memoria colectiva. Es como si el debate no hubiera ocurrido. Como si las cuentas pendientes no existieran.

Más que votos: memoria y responsabilidad

En ese contexto, la elección de Fonseca deja de ser una simple competencia entre cinco nombres y se convierte en algo más profundo: una prueba de memoria, de criterio ciudadano y de la capacidad institucional para no repetir errores. Porque aquí no solo se trata de quién puede inscribirse, sino de quién debería gobernar.

El dilema, entonces, queda planteado sin rodeos, según los analistas: ¿se impone la legalidad clara o la jugada al límite? ¿se vota con la urgencia del momento o con la memoria de lo ocurrido? “Fonseca tiene la palabra. Pero esta vez, más que nunca, también tiene la responsabilidad”, dijo uno de los expertos en política a La Calle.

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