La construcción del nuevo Hospital Cristian Moreno Pallares se ha convertido en uno de los proyectos más importantes para Curumaní y el centro del Cesar. La obra, impulsada por la Gobernación del Cesar, promete transformar la atención médica de miles de personas que durante años han enfrentado un sistema hospitalario colapsado, con deficiencias de infraestructura y limitaciones para atender la creciente demanda de pacientes.
Sin embargo, mientras el proyecto avanza en materia administrativa y financiera, también crece la incertidumbre entre decenas de familias que hoy habitan el terreno donde se levantaría la nueva sede hospitalaria. Habitantes de los asentamientos La Bendición de Dios y La Mano de Dios aseguran sentirse atrapados entre la necesidad de un hospital moderno y el temor de perder el hogar que durante años han construido con sacrificio.
El Semanario La Calle habló con varios residentes del asentamiento La Bendición de Dios, quienes relataron la preocupación y el temor que hoy viven ante una posible reubicación sin garantías claras.
La licitación del proyecto ya se encuentra publicada en SECOP II y contempla una inversión cercana a los 150.502 millones de pesos. La obra tendría impacto regional y beneficiaría no solo a Curumaní, sino también a municipios vecinos como El Paso, Manaure y Agustín Codazzi, donde el sistema de salud enfrenta dificultades similares.
¿En qué condiciones se encuentra el hospital?
Actualmente, el Hospital Cristian Moreno Pallares opera en condiciones que para muchos ya resultan insuficientes. El crecimiento poblacional y el aumento de usuarios han desbordado la capacidad física del centro asistencial. En áreas como urgencias, la congestión es constante y en diferentes ocasiones el personal médico ha tenido que improvisar espacios de atención ante la falta de camillas y habitaciones.
La construcción de una nueva infraestructura médica aparece entonces como una necesidad urgente para el municipio. No obstante, detrás del proyecto también existe una realidad social compleja que involucra a más de 60 familias que hoy viven en el terreno destinado para la obra.
Familias desesperadas y sin respuestas
En el asentamiento La Bendición de Dios, los habitantes aseguran llevar cerca de siete años viviendo en el lugar. Lo que comenzó como una ocupación terminó convirtiéndose, según ellos, en un barrio levantado con esfuerzo propio, préstamos y años de trabajo.
Leydis Rincón
“Para nosotros ya no es una invasión, es un barrio. Aquí tenemos nuestras casas, nuestra vida y nuestras familias”, expresó Leydis Rincón, una de las residentes del sector.
Las familias afirman que durante estos años construyeron viviendas de madera, barro y material, adecuaron espacios, sembraron árboles y consolidaron una comunidad donde hoy viven madres cabeza de hogar, adultos mayores, niños y personas desplazadas por la violencia.
Aunque reconocen la importancia de construir un nuevo hospital para Curumaní, aseguran que el problema no es la obra, sino la manera en que se estaría manejando el proceso de reubicación.
“Nosotros sí queremos el hospital porque el pueblo lo necesita, pero también queremos una solución digna. No es justo salir de nuestras casas para llegar solamente a un lote vacío”, manifestó Leydis Rincón.
Según relatan los habitantes, funcionarios de la Alcaldía de Curumaní llegaron recientemente al asentamiento para realizar un censo poblacional. Sin embargo, aseguran que durante la visita no entregaron información concreta sobre el lugar donde serían reubicadas las familias ni las garantías que tendrían.
Una comunidad que solo busca una vivienda digna
De acuerdo con la comunidad, la propuesta planteada hasta el momento consistiría únicamente en entregarles lotes, los cuales incluso no contarían aún con servicios públicos básicos.
José Méndez señaló que muchas familias adquirieron deudas para poder construir sus viviendas y que abandonar el lugar significaría enfrentar una situación económica aún más difícil.
“Aquí nos tocó sacar préstamos para construir. Si nos vamos de aquí, ¿cómo hacemos para pagar arriendo, pagar los préstamos y volver a construir otra vez?”, cuestionó el residente.
Los habitantes también denunciaron que todavía no conocen la ubicación exacta del supuesto terreno donde serían trasladados. Según explicaron, funcionarios como el inspector de Policía y representantes de Planeación indicaron que el lote ya habría sido adquirido, pero no entregaron mayores detalles.
La incertidumbre aumentó luego de que la comunidad decidiera no aceptar el censo realizado por la Alcaldía. Los residentes argumentan que no pueden firmar o aceptar procesos sin tener claridad sobre las condiciones reales de la reubicación.
“Vinieron solamente a censar, pero no trajeron propuestas claras ni explicaron cómo sería el traslado”, afirmaron algunos habitantes durante la reunión.
Otro de los cuestionamientos planteados por la comunidad está relacionado con las condiciones ambientales del terreno donde se proyecta construir el hospital. Los residentes aseguran que en la zona existe un nacimiento de agua y además funciona un CDI cercano al lote.
“Antes se habló de otro terreno al lado de un colegio y la comunidad no aceptó esa ubicación. Entonces nosotros preguntamos por qué aquí sí aprobaron construir”, expresó una de las habitantes.
A pesar de la preocupación, las familias insisten en que no buscan frenar el proyecto hospitalario. Por el contrario, aseguran entender la necesidad de mejorar el sistema de salud en Curumaní y en el centro del Cesar. Lo que piden es que el proceso de traslado incluya garantías reales de vivienda digna y acompañamiento social.
¿Y ahora qué queda para los habitantes de los asentamientos?
Hermes Martínez
Hasta ahora, según denuncian, ni representantes directos de la Gobernación del Cesar ni el alcalde Hermes Martínez se han reunido formalmente con la comunidad para explicar el proyecto y escuchar las inquietudes de las familias afectadas.
Además, El Semanario La Calle intentó comunicarse con el alcalde Hermes Martínez para conocer cuál sería la solución planteada por la administración municipal frente a la reubicación de las familias y las inquietudes de la comunidad; sin embargo, al cierre de esta edición no hubo respuesta por parte del mandatario.
Mientras la Gobernación avanza con uno de los proyectos de salud más ambiciosos para el departamento, en La Bendición de Dios la incertidumbre sigue creciendo. Entre paredes levantadas con esfuerzo y el sueño de un hospital moderno, decenas de familias esperan respuestas claras sobre el futuro de sus hogares.