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Fabio Torres: el hombre que convirtió los sueños en una forma de vida

Hay personas que pasan por una ciudad y dejan recuerdos. Otras dejan obras, empresas y proyectos. Y hay quienes, además, consiguen dejar una huella en la memoria colectiva de toda una generación. Fabio Andrés Torres Molina, conocido cariñosamente como ‘El Rector’, pertenece a esta última categoría.

Su muerte, ocurrida el lunes 24 de agosto de 2026, a los 42 años, sorprendió a Valledupar y provocó un profundo sentimiento de tristeza entre familiares, amigos, empresarios, artistas y trabajadores de la industria musical. Su partida puso fin, de manera inesperada, a una vida marcada por la creatividad, el trabajo, la perseverancia y una permanente voluntad de convertir los sueños en proyectos.

Fabio Torres construyó su historia desde abajo. A los 13 años comenzó a trabajar en el taller de artes gráficas de su tío, Éder Torres, después de haber sido expulsado del Colegio Nacional Loperena. Lo que pudo convertirse en un episodio adverso terminó siendo el punto de partida de una vocación que lo acompañaría durante toda su vida: el diseño, la publicidad y la creatividad.

A finales de los años noventa llegó a la revista Rumbera, vinculada al mundo de la música vallenata. Allí comenzó a relacionarse con artistas, periodistas y empresarios y a entender que detrás de una canción también había una historia que contar, una imagen que construir y un público al que conquistar.

Con el tiempo, esa intuición se convirtió en empresa. Desde Zona Creativa, Fabio desarrolló proyectos de publicidad, diseño, artes gráficas, marketing y producción de eventos. Su trabajo estuvo ligado a campañas y lanzamientos de importantes artistas vallenatos, entre ellos Silvestre Dangond, Ana del Castillo, Elder Dayán, Diego Daza, Mono Zabaleta y Churo Díaz.

Pero hablar de Fabio Torres solamente como publicista sería reducir la dimensión de su trayectoria.

Fue un hombre que entendió la importancia de creer en los demás. Su relación con Silvestre Dangond es quizá uno de los capítulos más conocidos de su historia. Lo que comenzó como una relación profesional terminó convirtiéndose en una amistad de muchos años, construida alrededor de la música, los sueños y las dificultades que acompañan el camino de un artista.

Torres estuvo vinculado a distintas etapas de la carrera de Dangond y participó en estrategias de promoción que ayudaron a consolidar la imagen del artista. Pero, con el paso del tiempo, la relación trascendió los negocios. Fabio se convirtió en amigo, confidente y hombre de confianza.

Quizá por eso, durante sus honras fúnebres, uno de los momentos que más conmovió a Valledupar fue el abrazo de Silvestre Dangond a la pequeña hija de Fabio. En medio del dolor de una familia que acababa de perder a uno de sus pilares, aquel gesto resumió una amistad que durante años había ido mucho más allá de los escenarios y las campañas publicitarias.

Fabio también quiso contar su propia historia. En 2025 presentó su libro autobiográfico ‘Cumplir mi sueño, mi plan favorito’, una obra en la que relató los obstáculos que enfrentó desde su adolescencia y el camino que recorrió hasta convertirse en empresario y conferencista. Su propósito era demostrar que los sueños no son solamente deseos, sino metas que requieren disciplina, trabajo y determinación.

En sus conferencias llevó ese mensaje a diferentes escenarios. Hablaba de emprendimiento, planificación, disciplina y crecimiento personal, pero sobre todo hablaba desde su propia experiencia. Su historia tenía una particular fuerza porque no era la de alguien que recibió el camino despejado, sino la de un hombre que aprendió a abrirse paso.

 

Y mientras su nombre crecía en el mundo empresarial y artístico, Fabio conservó una característica que quienes lo conocieron destacan por encima de sus logros: su capacidad para establecer vínculos humanos.

Por eso su muerte no representa solamente la pérdida de un empresario o de un publicista. Valledupar pierde a un creativo que ayudó a construir la imagen de una parte importante de su industria musical; el vallenato pierde a uno de los hombres que trabajó detrás de escena para que artistas y proyectos llegaran a miles de personas; y quienes compartieron su vida pierden al amigo, al padre, al esposo, al compañero y al hombre que convirtió la perseverancia en una filosofía.

Fabio Torres tenía todavía proyectos por realizar. Su historia empresarial continuaba, sus conferencias buscaban nuevos escenarios y sus sueños apuntaban incluso hacia una proyección

internacional. La muerte llegó demasiado pronto, cuando todavía había páginas por escribir.

Sin embargo, queda su obra.

Quedan las campañas, los diseños, los escenarios, los artistas que acompañó, las empresas que impulsó, las personas que inspiró y, especialmente, queda una historia de superación que él mismo se encargó de contar.

Valledupar lo despidió con tristeza, pero también con reconocimiento. Porque en una ciudad donde la música es identidad y donde detrás de cada artista existe un ejército silencioso de personas que hacen posible que los sueños lleguen al público, Fabio Torres ocupó un lugar propio.

‘El Rector’ se fue demasiado pronto, pero dejó una lección que parece resumir su propia vida: los sueños sí pueden cumplirse cuando se convierten en trabajo, disciplina y pasión.

Y quizá ese sea el mejor homenaje para Fabio: seguir soñando, seguir creando y seguir creyendo que, aun cuando la vida cierre una puerta de manera inesperada, las huellas que dejamos en los demás permanecen.

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