El fútbol de Sudamérica está de luto. Este miércoles se confirmó la partida de Miguel Ángel Russo, el reconocido entrenador argentino que conquistó corazones, títulos y respeto a lo largo de más de cuatro décadas de trayectoria. Tenía 69 años y enfrentó con valentía una larga batalla contra el cáncer, sin que su pasión por el balón disminuyera jamás.
Nacido en Lanús, Argentina, Russo inició su historia como jugador en Estudiantes de La Plata, pero fue desde el banquillo donde escribió sus páginas más brillantes. En 2007, llevó a Boca Juniors a la gloria continental al ganar la Copa Libertadores junto a Juan Román Riquelme, y más tarde dejaría una huella imborrable en clubes como Vélez, Rosario Central, Estudiantes y Lanús.
En Colombia, su nombre está grabado con letras doradas en la historia de Millonarios FC, equipo con el que rompió una sequía de títulos en 2017, al consagrarse campeón frente a Santa Fe en una final inolvidable. Un año después, conquistó la Superliga, consolidando su vínculo eterno con la hinchada embajadora. Todo esto mientras luchaba contra una dura enfermedad, que enfrentó con la misma fortaleza y humildad que mostraba en la cancha.
Su frase más recordada,“Todo se cura con amor”, resume su espíritu: un líder que predicó la esperanza, la unidad y la fe incluso en los momentos más difíciles.
Tras dirigir en Chile, México, Perú, Paraguay, Arabia Saudita y España, regresó recientemente a Boca Juniors, convocado por Riquelme para una nueva etapa que lamentablemente no pudo completar.
Hoy, el fútbol llora a un hombre que fue mucho más que un entrenador: fue un ejemplo de resiliencia, compromiso y amor por el juego. Su legado quedará en cada vestuario que tocó, en cada jugador que formó y en cada hincha que lo recuerda con gratitud.




