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GANA LA HUMANIDAD

Por: Alberto Linero.

Los Olímpicos han sido una oportunidad para volver a entender al ser humano desde su integralidad, para no desconocer ninguna de sus dimensiones y aceptar que tenemos que formarnos holísticamente.
Cuando era niño, se decía que solo los locos necesitábamos ir al psicólogo. Luego crecí y me di cuenta de que solo vamos al psicólogo los humanos que tenemos preguntas profundas sin responder, miedos que entender y gestionar, sueños por realizar, relaciones interpersonales que generan curiosidades y nos potencian para ser mejores, emociones intensas que nos mueven hacia algún lado y en las que tenemos que pensar. En fin, solo los que tenemos cerebro y corazón, necesitamos ir a tratar de comprender mejor lo que somos y hacemos, con la ayuda de un profesional de la psicología. Por eso, todavía hoy, en búsqueda de mi homeostasis, trato de estar en diálogo permanente con mi psicóloga; y también aprovecho cualquier momento para conversar con Belia Linero, mi hermana, una dedicada al estudio del comportamiento humano.
En estos días, en los Juegos Olímpicos ha quedado clara la importancia de la salud emocional y mental en el desarrollo de cualquier proyecto humano. Me ha gustado lo que pasa, porque esta sociedad sigue mirando con sospecha a los que no son máquinas de infinita producción y dedican tiempo para entender sus emociones y pensamientos. No falta el dinosaurio que crea que la gimnasta olímpica estadounidense Simone Biles, que se retiró de los Juegos de Tokio, es una humana fallida, porque reconoce que necesita centrarse en este momento en su salud emocional y mental. Considero que ahora es cuando ella más y mejor nos muestra lo grande y maravillosa que es como deportista y como ser humano. Asumiendo su situación, su vulnerabilidad y decidiendo buscar la ayuda que se requiere, nos dice que es alguien que trata de comprenderse integralmente y que tiene claras las prioridades en su proyecto de desarrollo. Algunos por el síndrome del héroe invencible desconocen lo que viven, no buscan ayuda y terminan en las peores situaciones.
Los Olímpicos han sido una oportunidad para volver a entender al ser humano desde su integralidad, para no desconocer ninguna de sus dimensiones y aceptar que tenemos que formarnos holísticamente. No basta con ser el deportista más talentoso y tener la mejor preparación física y técnica, se requiere saber gestionar las emociones, crear buenas relaciones interpersonales, saber enfrentar mentalmente los fracasos y los conflictos de la vida. No hay mucho sentido en ser el mejor empresario, llenándose de dinero con parpadear, y al tiempo ser aquel a quien no se lo soporta nadie, y la soledad, acompañada de la tristeza intensa, lo rompe por dentro cada vez que descubre que no todo lo puede solucionar con su billete. No está mal sentirse mal, lo que estaría mal sería negarlo o soslayarlo. Se requiere trabajar en ello. Definitivamente necesitamos cuidar nuestras emociones y nuestra mente.
Hace rato vengo trabajando todo el tema de la educación emocional –de hecho, estoy investigando con un grupo de amigos docentes de la Universidad de la Costa sobre “La emocionalidad en el discurso educativo de los profesores”- y la necesidad no solo de valorarla, sino de encontrar una didáctica que realmente permita desarrollar las herramientas emocionales y sociales, ya que tengo la certeza de que la actual didáctica –que funciona para lo cognitivo- ha fracasado estruendosamente en estos aspectos. No tiene sentido que sigamos formando excelentes profesionales, pero “malas personas”, ni grandes científicos y académicos que no han entendido la importancia de un actuar ético y, por eso, hacen de la corrupción uno de sus hábitos característicos. Definitivamente así, gana la humanidad. Tomado de ElHeraldo.com

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