La carrera por la Presidencia de Colombia entró en una nueva dimensión política. A un mes de las elecciones, la más reciente encuesta de Invamer para Caracol Televisión y Blu Radio dejó un dato que sacudió el tablero nacional: el candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, aparece con 44,3 % de intención de voto y empieza a acercarse peligrosamente al umbral del 50 % más uno que permitiría ganar en primera vuelta.

La medición fue realizada entre el 15 y el 24 de abril de 2026 mediante 3.800 encuestas presenciales en 149 municipios del país —24 capitales y 125 municipios no capitales—, con un margen de error de diseño de 1,89 % y un nivel de confianza del 95 %. Los números muestran una ventaja amplia y difícil de ignorar. En segundo lugar aparece Abelardo de la Espriella con 21,5 %, mientras Paloma Valencia alcanza 19,8 %. Mucho más atrás quedaron Claudia López (3,6 %), Sergio Fajardo (2,5 %) y el resto de aspirantes.

En términos políticos, el mensaje es demoledor: Cepeda prácticamente duplica a sus perseguidores y entra a la recta final de la campaña convertido en el gran favorito. Pero más allá del número bruto, hay una lectura que empieza a repetirse en círculos políticos y académicos: el 44,3 % podría no representar el techo electoral del candidato del Pacto Histórico, sino apenas el punto visible de un fenómeno político todavía en expansión.
La herencia de Petro y el crecimiento propio de Cepeda
Para entender lo que está ocurriendo hoy con Iván Cepeda hay que mirar hacia atrás. En abril de 2022, una encuesta del Centro Nacional de Consultoría para la revista Semana mostraba al entonces candidato presidencial Gustavo Petro con 36,5 % de intención de voto en primera vuelta. Aquella medición, elaborada con 4.206 entrevistas y un margen de error de apenas 1,5 %, ya ubicaba a Petro como favorito, aunque todavía lejos de una victoria definitiva en primera vuelta.
Finalmente, Petro terminó imponiéndose en segunda vuelta y abrió el ciclo político más transformador de las últimas décadas en Colombia. Cuatro años después, ese capital político parece mantenerse vivo y, en buena medida, transferirse hacia Cepeda. El actual candidato del Pacto Histórico no solo recoge el respaldo natural del petrismo duro, sino también el apoyo de sectores que sienten que las reformas sociales impulsadas por el Gobierno deben continuar.

A diferencia de otros candidatos progresistas del pasado, Cepeda llega, además, con una trayectoria consolidada en derechos humanos, lucha anticorrupción y control político. Durante años fue uno de los congresistas más visibles en las denuncias contra la parapolítica y las estructuras mafiosas incrustadas en el Estado. Ese perfil le ha permitido construir una imagen de coherencia política que hoy parece tener eco en amplios sectores urbanos, estudiantiles y populares.
La conclusión que hacen algunos analistas es simple: al porcentaje histórico del petrismo se le suma ahora el crecimiento propio de Cepeda como figura presidencial.
Valledupar, la Costa y el discurso contra los clanes
Durante una entrevista exclusiva concedida al Semanario La Calle en enero de este año, Iván Cepeda dejó claro que la Costa Caribe será una de las regiones centrales de su estrategia electoral. En conversación con la jefe de redacción, Irina Celedón Cotes, el candidato habló de su vínculo histórico con la región y de su intención de disputar políticamente territorios dominados durante décadas por estructuras tradicionales.
“He recorrido durante muchos años la Costa Caribe y tengo una profunda afinidad con esta tierra. Mi madre era sucreña y mi identidad está muy ligada al Caribe colombiano”, expresó durante su visita a Valledupar. Cepeda insistió en que el eje de su campaña es lo que denomina “la rebelión ciudadana contra la gran corrupción”.
Según explicó, Colombia necesita romper definitivamente con la normalización de la corrupción y con la idea de que quienes convierten la política en negocio deban seguir siendo vistos como ejemplos de éxito. “Hemos visto cómo se saquean los recursos públicos mientras las regiones siguen sumidas en la pobreza”, sostuvo.
El candidato, incluso, lanzó cuestionamientos directos contra estructuras políticas tradicionales del Caribe y recordó investigaciones que han rodeado históricamente a algunos clanes regionales. En un departamento como el Cesar, donde históricamente las maquinarias políticas han tenido enorme peso electoral, el discurso de Cepeda parece encontrar receptividad, especialmente entre jóvenes, sectores universitarios y votantes urbanos cansados de las viejas prácticas.
La conciencia ciudadana y el ‘voto de opinión’
Uno de los fenómenos que más preocupa a las estructuras tradicionales es el crecimiento sostenido del voto de opinión. Durante años, muchos municipios del Caribe colombiano estuvieron marcados por dinámicas clientelistas donde la maquinaria electoral definía buena parte de los resultados. Pero el escenario ha comenzado a cambiar.
La expansión de redes sociales, el acceso a información independiente y el desgaste de sectores políticos tradicionales han producido un votante más crítico y menos dependiente de las estructuras. Cepeda habló, precisamente, de ese cambio durante su entrevista con La Calle.
“La juventud entendió que el voto sí transforma”, afirmó. Según el candidato, el estallido social de 2021 produjo un despertar ciudadano que todavía hoy sigue teniendo efectos políticos. “Hace algunos años se violaban derechos humanos y parecía que nada pasaba. Hoy la gente se moviliza, exige y participa”, señaló. Ese fenómeno podría explicar parte de la ventaja que muestran hoy las encuestas.
Los rivales y sus dificultades
La encuesta también deja ver problemas importantes en las campañas rivales. Aunque Abelardo de la Espriella aparece segundo, distintos sectores consideran que su candidatura enfrenta dificultades para expandirse más allá de un electorado altamente polarizado. En las últimas semanas, además, el candidato ha protagonizado fuertes confrontaciones públicas con periodistas y medios de comunicación, episodios que han terminado afectando su imagen ante sectores moderados. Lo que inicialmente parecía una narrativa de firmeza terminó siendo interpretado por algunos analistas como un exceso de agresividad política.
Paloma Valencia, por su parte, registra un crecimiento importante frente a febrero y se consolida como una figura fuerte dentro del electorado conservador y uribista. Sin embargo, la distancia frente a Cepeda sigue siendo enorme. Reducir más de veinte puntos en apenas semanas parece hoy una tarea extremadamente difícil.
Mientras tanto, otros nombres tradicionales como Claudia López o Sergio Fajardo permanecen rezagados, sin capacidad real de disputar el liderazgo nacional.
¿Un triunfo histórico?
Todavía falta campaña. Faltan debates, recorridos y, sobre todo, votos; sin embargo, algo parece claro: la elección presidencial de 2026 ya no se parece a ninguna otra. Iván Cepeda pasó de ser un candidato con respaldo ideológico sólido a convertirse en un fenómeno electoral con posibilidades reales de redefinir el mapa político colombiano. Y en ese contexto, la posibilidad de una victoria en primera vuelta dejó de ser una especulación lejana para convertirse en una conversación completamente seria dentro del país político.
Si la tendencia se mantiene, Colombia podría estar frente a una elección histórica: la consolidación definitiva del proyecto político iniciado en 2022 con Gustavo Petro y continuado ahora por un dirigente que ha construido su carrera alrededor de una bandera sencilla, pero poderosa: la lucha contra la corrupción y las viejas estructuras del poder.


