Por: Sebastián Manotas Garrido
Lácteos del Cesar, comercialmente conocido como Klaren’s, llegó a Valledupar hace 38 años, en 1984, de la mano de Manuel Gutiérrez Murillo. Incursionó en el campo agroindustrial con el acopio de 500 litros de leche, producto base que sería de los primeros en comercializar y más adelante materia prima de sus derivados. El departamento del Cesar es reconocido por su potencial agropecuario, por lo que Klaren’s tuvo una gran acogida en Valledupar y más adelante en la región. La empresa creció gracias a la alta demanda de sus productos y a la inversión por parte de ganaderos cesarenses y personas que veían en ella un futuro prometedor. Con el paso de los años expandió su presencia a Barranquilla, Bogotá, Maicao, Cartagena y Santa Marta, demostrando el crecimiento que sufría y su consolidación como una de las empresas más importantes de la ciudad. En 2018 contaban con más de 400 empleados directos a su disposición, como lo deja saber un artículo de El Heraldo.
Pero no solo crecía la empresa económicamente, sino que su arraigo y presencia en las familias costeñas se hacia evidente. Con productos de excelente calidad y buen sabor como el suero (producto insignia), arequipe, avena, tanllerín, quesos, entre otros, lograron ganarse un espacio en los hogares de la región. Esa presencia generó en mí curiosidad. También me generó pánico cuando supe de la crisis en la que había caído, producto de la pandemia, desaciertos en la producción de la leche e infortunios en la materialización de negocios. A raíz de lo anterior, comenzaron los rumores acerca de la disolución de la empresa o la compra de esta por algún grupo económico del sector lácteo.
Con la consternación que generó en mí esta situación, también llegó la profunda reflexión acerca de mi relación con Klaren’s, en especial con su suero. Pensé en la primera vez que lo había probado, y me doy cuenta de que crecí acompañando la mayoría de mis comidas con su suero. Pensé cómo se ha impregnado en la familia, y son contadas las integraciones familiares en las que no esté presente, para acompañar los asados o pasabocas. Pensé en qué representaba para mí el suero Klaren’s, y no puedo concluir más que es la fiel representación de un tradicional aperitivo costeño, que por medio de un proceso industrial logró exportarse al interior del país. Pensé en qué venía a mi cabeza al ver o escuchar sobre Klaren’s, y la respuesta es la razón de este artículo: mi hogar.
No satisfecho con mis apreciaciones quise escuchar las de otras personas. Las respuestas que recibí me sorprendieron aún más. Dentro de lo que mencionaban está: “pienso en cultura, sabor, historia…”; “me dicen Klaren’s y pienso en el suero”; “pienso en la ganadería que se desarrolla aquí”; “me representa la costa”; “pienso en mi hogar”. Esta última me impactó, pues la persona que lo dijo se encuentra lejos de su familia en el extranjero; sin embargo, este producto tiene el poder de ventear aires de cercanía, así sea solo por medio de recuerdos. Increíble. En ese momento dimensioné el impacto de Klaren’s.
Entonces el corolario de este escrito no es solo demostrar lo importante que es esta empresa en términos económicos para la ciudad y el departamento, donde hay escasez de industria local, sino la relevancia cultural que tiene. Es sorprendente como un producto lácteo contiene en sí mismo momentos inolvidables, infancia y el camino directo a nuestro hogar. Exhorto a Klaren’s, las administraciones locales y a la sociedad vallenata de no dejar que una de las pocas empresas propias muera y que los productos con los que crecimos dejen de circular, porque “Klaren’s es tan tuyo como el vallenato” (lema de la empresa).

