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La explotación infantil en Valledupar ya tocó fondo, ¿dónde está el ICBF?

De escándalo en escándalo, así es el trascurrir del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, regional Cesar. Mientras el 2021 inició con diversas denuncias por la nueva modalidad de contratación para los diferentes programas que se desarrollan en pro de la niñez, el año se va ‘sin pena ni gloria’ frente al aumento de cifras de trabajo infantil en la capital cesarense… panorama frente al que parecer nadie hace nada.

Mendicidad, explotación y trabajo infantil hacen parte del diario vivir de decenas de niños de la capital vallenata que recorren los principales semáforos y calles de la ciudad tratando de obtener dinero. En algunos casos acompañados de adultos, en otros, aparentemente solos, lo cierto es que todo esto ocurre ante los ojos de las autoridades responsables de su cuidado, sin que pase nada.

El común denominador dice que el principal responsable de la no vulneración de los derechos de los niños es el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, toda vez que desde la Nación se giran millonarios recursos para que la niñez colombiana, en este caso cesarense, cuente con las garantías que le permitan su libre desarrollo; sin embargo otra es la versión que tiene el director de esta entidad en el departamento, toda vez que afirma que los responsables directos de esta situación, no son otros que los entes territoriales, es decir alcaldía y gobernación.

Declaraciones que dejan entrever que el ICBF estaría centrando su atención en la contratación de modalidades para los niños, y no en la resolución de las situaciones en las que le son vulnerados sus derechos. “¿Fundamentalmente quienes tienen la competencia de ayudar en la resolutividad de esos problemas? Las entidades territoriales llámense alcaldías y gobernaciones, nosotros nos unimos, hacemos el acompañamiento, ponemos a disposición el equipo móvil de protección EMPI, que trabaja de la mano de la policía nacional, en la identificación e intervención, sobre todo en las formas de trabajo infantil, situación de vida en calle”, dijo el director del ICBF, regional Cesar, Gabriel Castillo.

Quien además agregó que, “se identifican, se aborda la familia, se le da acompañamiento psicosocial, se establecen la redes vinculares con el fin de prevenir las vulnerabilidades en estos niños para trasformar los patrones culturales que reproducen y perpetúan el trabajo infantil”, acotó.

Pese a que ICBF afirma no ser la entidad directa encargada de la resolución, si es la primera que se aborda cuando un niño está siendo vulnerado, toda vez que una vez el caso es identificado por parte de la Policía de Infancia y Adolescencia lo primero que se hace es informar al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. “Tenemos en conocimiento el caso, pero se lo ponemos a disposición de Bienestar Familiar para el restablecimiento de los derechos”, aseguró el intendente James Sánchez, integrante Policía de Infancia y Adolescencia.

Pero más allá de lo que se ve en las calles, hay un factor que le pone el ‘dedo en la llaga’ a este panorama, y son las razones que llevan al trabajo infantil. Según el neuropsicólogo infantil, Antonio Amarís, muchas investigaciones sustentan que el trabajo infantil se encuentra relacionado con fenómenos como discapacidad intelectual, maltrato infantil, consumo de sustancias psicoactivas, prostitución, entre otras.

Lo que lleva a cuestionar el papel que están cumpliendo las entidades territoriales frente a la vulneración de los derechos de los niños, toda vez que el problema tiene un trasfondo con complicaciones de mayor relevancia. Sin embargo, en Valledupar y en el Cesar de charlas de prevención, no pasan.

¿Las cifras en aumento?

Cifras exactas del número de niños que en su diario vivir son explotados ante los ojos de la ciudad, no se tienen, puesto que cada día salen nuevas poblaciones que han visto en la mendicidad o la venta ambulante, una salida. Situación que, ante los ojos de las autoridades competentes es imposible de erradicar, es decir el trabajo infantil es una realidad a la que la población debe acostumbrase. Así lo confirmó el director del ICBF, regional Cesar, Gabriel Castilla Castillo, “Las cifras son variables, lo que hoy tenemos, mañana ya no es. Hay riesgos que no se eliminan, se reducen a su misma expresión”.

Al parecer los casos aumentan tan rápido que ha sido imposible medir el número de estos, así lo confirma la Policía de Infancia y Adolescencia del Cesar, “estadísticas y cifras exactas no tenemos, pero sí tenemos una estrategia que se llama ‘Abre tus ojos’, programa enmarcado a la protección integral de nuestros niños, niñas y adolescentes, con el que hacemos actividades preventivas, damos charlas, sensibilizamos a la gente”, dijo el intendente James Sánchez.

Cifras exactas del número de niños que en su diario vivir son explotados ante los ojos de la ciudad.

Otro de los datos que conoció este medio de comunicación es que esta modalidad de explotación se ve en su mayoría en población migrante de Venezuela; sin embargo, esto no influye en que sean o no atendidos. Lo cierto es que todo apunta a que la escasa solución que se le ha dado a esta situación es campañas de prevención, y pare de contar.

“Nosotros tenemos un programa bandera y es el que venimos implementando para realizar todas las actividades que hacemos, uno de los controles que hacemos en los semáforos controlando el trabajo infantil y la mendicidad, eso se hace constantemente”, aseguró integrante Policía de Infancia y Adolescencia.

Mendicidad, explotación y trabajo infantil, hacen parte del diario vivir de cientos de niños de la capital vallenata que recorren los principales semáforos y calles de la ciudad tratando de obtener dinero.

¿El ICBF destinado a la corrupción?

Que la mendicidad y la explotación infantil estén a la orden del día sin que la entidad responsable haga algo mayor a campañas de prevención e información no es algo novedoso, toda vez que esto es una perla más al relicario de quejas y denuncias que adornan esta entidad, en la que se manejan millonarios recursos y donde al parecer prima la corrupción. Frente a este panorama el gerente Gabriel Castilla, afirma que, si bien es cierto, este es un lastre que durante años ha afectado la imagen del ICBF.

“El ruido más fuerte que tiene la institución es el ruido de corrupción, y frente a ese ruido tenemos resultados. Desde el año pasado el instituto decidió vehementemente adelantar procesos de selección de operadores para desarrollar sus servicios misionales a través de selección objetiva o pluralidad oferente; eso pisó muchos callos porque antes se seleccionaba de manera diferente; y este año bajo la dirección de la doctora Lina Arbeláez se dispuso de una herramienta tecnológica la cual creó nuevos retos y también generó críticas”, dijo Castilla Castillo.

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