La Guajira, tierra de desiertos, cultura y riqueza ancestral, enfrenta una de las crisis más alarmantes en Colombia: la falta de acceso al agua potable. En pleno siglo XXI, miles de familias de esta región siguen viviendo en condiciones que atentan contra la dignidad humana, sin el recurso más básico para la vida.
¿Cómo es posible que una región que ha aportado tanto a la riqueza del país, desde su carbón hasta su cultura, se encuentre sumida en esta crisis? Mientras se realizan grandes proyectos de infraestructura y se explotan los recursos naturales, las comunidades indígenas y rurales padecen enfermedades, desnutrición y desesperanza por la falta de agua.
No es una cuestión de caridad, sino de justicia social. El agua es un derecho fundamental, consagrado en nuestra Constitución y en tratados internacionales. Sin embargo, la corrupción, la negligencia y la falta de voluntad política han perpetuado esta tragedia.
Los niños Wayúu no deberían morir de sed mientras los recursos destinados a su bienestar desaparecen en manos de inescrupulosos. Las mujeres no deberían caminar kilómetros bajo el sol abrasador para llenar un balde. La Guajira merece soluciones reales, sostenibles y urgentes.
¡No hay derecho! Como sociedad, debemos exigir rendición de cuentas y garantizar que cada habitante de esta región tenga acceso al agua. Porque sin agua, no hay vida, no hay dignidad y no hay futuro para La Guajira.





