Por: Martín Trujillo, Politólogo
El tema en furor para quienes nos interesamos por las políticas públicas en la ciudad se dio el pasado 15 de enero, cuando “Valledupar Cómo Vamos” presentó los resultados de su Encuesta de Percepción Ciudadana.
Como tal, la encuesta ha dejado opiniones divididas sobre cómo los ciudadanos percibimos la gestión de Valledupar, especialmente en su pregunta de apertura “Valledupar, en general, ¿va por buen camino o por mal camino?” en la que se observa un paso inusual del 28.1% al 64% en las personas que consideran que vamos por buen camino.
Valledupar Cómo Vamos es una iniciativa de la sociedad civil que busca medir los avances (o retrocesos) en la calidad de vida de la ciudad y a tomar el pulso de la opinión ciudadana, aportando al debate público y a la toma de decisiones. Valledupar Cómo Vamos ofrece a los habitantes del municipio una herramienta para expresar sus preocupaciones y expectativas, útil también para que gobernantes y tomadores de decisiones puedan actuar mejor.
Además, uno de sus usos más valiosos -y tal vez el más olvidado- es la investigación académica desde las universidades y centros de pensamiento de la ciudad, donde estos insumos son clave para comprender los problemas urbanos y brindar apoyo a las políticas públicas.
A pesar de este aporte a la discusión pública, uno de los mensajes que más se han repetido en redes sociales sobre la encuesta se refiere a la diferencia entre los resultados y lo que “en verdad” sienten los habitantes de la ciudad. Quisiera profundizar en esa idea, que tiene múltiples causas.
La primera se relaciona con el cambio de la empresa encargada de hacer estas encuestas, lo que vino acompañado de un cambio en la forma en la que se recogen los datos. En años anteriores la encuestadora contratada fue Cifras y conceptos, en 2025 fue la firma SIGMA DOS. Entre ambas hay diferencias en cómo recogen la información y cómo formulan algunas preguntas, lo que pone dificultades para comparar directamente los resultados de 2025 con los años previos.
¿Cómo se manifiesta esta diferencia? Para empezar, entre ambos años hay una diferencia sustancial en el número de encuestados, pasando de 1.239 en 2024 a 628 en 2025. Esto representa una disminución del 49.3% que hace a la encuesta de SIGMA DOS menos precisa en sus estimaciones. Adicionalmente, aunque las encuestas tienen un tipo de muestreo idéntico, la encuesta de 2025 no aclara cuáles fueron las etapas de recolección o si usaron las mismas del año pasado.
Debido a este cambio entre la cantidad de personas y cómo se seleccionaron, es difícil verificar con seguridad qué tan comparables son los resultados y podría ser una explicación del cambio en la composición etaria, que pasó de estar compuesta mayormente por personas entre 26 a 35 años a personas mayores de 55.
Otro aspecto que no parece quedar claro en la encuesta de 2025 es el error. En el informe se afirma que existe un “4% para estimaciones al total de la población, con un nivel de confianza del 95%”, esto puede significar muchas cosas. El error muestral indica que tanto los resultados de una encuesta pueden alejarse de la realidad y el 95% se refiere a que sí la encuesta se hiciera muchas veces, en la mayoría las respuestas estarían en el mismo rango.
Para que esta información pueda ser clara se debe conocer si ese 4% es el valor máximo que todas las preguntas pueden tener o si solo es para ciertos resultados. Una omisión de este tipo podría llevarnos a análisis vacíos o a conclusiones imprecisas y apresuradas.
No obstante, la nueva encuesta tiene un gran potencial para demostrar de forma más granulada cuál es la opinión de los vallenatos en varias temáticas clave, pues se agregaron temáticas como la alimentación, los medios de comunicación, los servicios públicos e, incluso, la inteligencia artificial. Adicionalmente, la encuesta agregó más preguntas basadas en el sentir de los vallenatos, lo que dio más detalles sobre el clima social y la evaluación del gobierno local.
En este sentido, la iniciativa Valledupar Cómo Vamos cumple un papel valioso al consolidarse como un referente para la toma de decisiones y la pedagogía ciudadana, aun así, tiene un largo camino que recorrer y que se manifiesta en su última sección, donde se expresa que solo el 9,4% de los encuestados los conoce.
Entre las principales necesidades de la iniciativa, está traducir mejor sus hallazgos para públicos más amplios, promover espacios abiertos de discusión sobre los resultados y fortalecer la articulación con universidades y otras organizaciones que puedan aportar análisis, seguimiento y soporte técnico a iniciativas como esta y a los Informes de Calidad de Vida.
Independientemente del cambio, estas iniciativas son invaluables para cualquier ciudad donde sus habitantes quieran expresarse, conocerse y mejorar. Sin embargo, su permanencia en el tiempo depende de superar los retos de reconocimiento y apropiación por parte de la sociedad civil y grupos empresariales que puedan financiar y mantener estándares de calidad. Contar con información confiable sobre las percepciones y necesidades de la ciudadanía es un insumo estratégico para la toma de decisiones públicas y empresariales.


