Ser felices implica ser nuestra mejor versión aunque esta no se amolde a los cánones que la sociedad ha establecido. Y por ello cada día tenemos que buscar más espacios en los que podamos ser tal cual somos sin miedos, ni vergüenza ni culpa.
Me levanto eufórico. Debo bajar un cambio. Voy a mi biblioteca y busco un libro de Emil Cioran que siempre logra devolverme a un estado más realista. Es que él insinúa en uno de sus aforismos que la vida tiene sentido cuando todavía podemos decepcionar a alguien. Es decir, cuando todavía podemos ser nosotros mismos y no responder a las expectativas que los otros se han fabricado de nosotros.
Me siento a meditar porque creo que el miedo a decepcionar a los demás es una de las grandes causas del agotamiento emocional contemporáneo. Nos hemos creído el cuento que para ser felices necesitamos ser aplaudidos por todos. Y, claro, en esa tarea de lograr que los demás estén contentos con nosotros terminamos traicionándonos: diciendo que sí cuando queremos decir no; estudiando lo que otros esperan; trabajando donde no queremos; fingiendo felicidad; ocultando emociones. Esto nos hunde en el fango del hastío, del absurdo y de la tristeza.
Las redes sociales han potenciado esa intención de buscar agradar, por eso cada vez más crean filtros para que parezcamos más lindos de lo que somos, más exitosos y nos impulsan a publicar solo lo que puede agradar a los demás. Lo peor es que quienes nos ven se sienten con el derecho y hasta la obligación de dar su opinión y de expresar que no les gusta lo que somos o hacemos. Como si eso fuera realmente importante.
Los que tenemos alguna figuración pública estamos siempre sometidos al juicio constante y severo de los que nos ven. Ellos creen que estamos obligados a ser como nos soñaron o nos piensan. Y cuando uno vive interpretando un personaje durante demasiado tiempo termina olvidando quién es.
La trampa es obligarnos a complacerlos. Es vestirnos, peinarnos, hablar, caminar, como ellos quieren. Esto implica una violencia interior muy grande porque supone la ruptura con nuestra esencia.
Ser felices implica ser nuestra mejor versión aunque esta no se amolde a los cánones que la sociedad ha establecido. Y por ello cada día tenemos que buscar más espacios en los que podamos ser tal cual somos sin miedos, ni vergüenza ni culpa. Seguro eso ocasionará que algunos no nos quieran pero tenemos que asumir esa decisión de ellos como una ganancia y nunca como una pérdida.
Cuidemos y consintamos a aquellos que nos aman y nos valoran tal cual somos; con nuestras limitaciones y heridas. Sabiendo que tenemos la intención siempre de superarnos y de ser éticos y legales.
vez crecer consista justamente en esto: aceptar que decepcionaremos a algunas personas. No porque queramos herirlas, sino porque nadie puede vivir siendo el personaje que los demás escribieron para él.

