Por: Eduardo L. Gullozo
Un herrero sabe que para moldear el metal debe someterlo al fuego a altas temperaturas, en el mundo existen cosas tan duras y difíciles de moldear como el material, y éstas son nuestra voluntad y nuestras costumbres.
Una manera sencilla de comprender la complejidad del comportamiento humano es por medio de esta parábola: imaginemos que en el ser humano hay un fuego, el cual tiene el fin de fundir, de darle maleabilidad y forma a nuestra voluntad y costumbres. Ese fuego tiene la particularidad de avivarse con cada pensamiento con el que lo atizamos: si los pensamientos son ideas de fracaso, derrota y decepción, el fuego arderá de esa misma manera y le dará esa semejanza a nuestra voluntad, si los pensamientos son de perseverancia, valentía y todo tipo de virtudes, el fuego arderá con esa misma similitud y le dará esa misma representación a nuestra voluntad.
En esa analogía, el combustible y la chispa son nuestros pensamientos, el fuego son nuestras emociones, nuestro temperamento y todo lo que es propio de nuestra naturaleza instintiva, y el acero es nuestra voluntad, nuestro carácter, costumbres y personalidad.
“Los pensamientos avivan nuestras emociones, nuestras emociones moldean nuestra voluntad e intenciones, y con la voluntad podemos actuar y crear costumbres”
Es sencillo notar en la parábola que para determinar la raíz de todo problema en el comportamiento humano solamente hay que conocer la manera de pensar de éste, puesto que todo lo que una persona es y hace, comienzan en la manera cómo piensa. Sin embargo, para comprender un poco más, es sensato también preguntarse: ¿Qué cosas les dan forma a nuestros pensamientos?, o, mejor dicho: ¿Cómo se forman o se construyen las maneras de pensar de cada individuo?
En el ejercicio de la filosofía siempre se ha hecho énfasis en buscar el mayor bien del individuo, y existe una corriente filosófica conocida como el “estoicismo”, cuyos fundadores (Zenón de Citio y uno de sus mayores exponentes, Epicteto) establecieron como axioma de que el mayor bien para el individuo era y es el de guiar su vida por la razón y el sentido común, instituyendo como principio la siguiente sentencia: El mayor y único bien es la virtud.
Lo anterior, lejos de ser solo palabras de filosofías viejas, representa la base y fundamento epistemológico de una de las terapias psicológicas más eficaces en la actualidad para tratar con los problemas de la conducta humana, y es la corriente o enfoque psicológico cognitivo conductual. En esta terapia se considera que la raíz de todos los comportamientos problemas de un individuo están en la manera cómo éste piensa, por eso en este enfoque hay una máxima que dice: cambiando tu manera de pensar, cambiarás tu manera de vivir. Sin embargo, esa máxima simplifica el modo cómo una persona puede empezar a notar cambios significativos en las actitudes que considera son un problema para su autorrealización personal, por ello los quiero conducir a la pregunta con la que cerré la parábola: ¿Cómo se forman o se construyen las maneras de pensar de cada individuo?
La estructura cognitiva tiene sus bases en nuestra constitución biológica, es decir que el fundamento de toda forma de pensar son nuestras emociones básicas y nuestro temperamento. Luego, todo lo que se construye sobre esa base es con la influencia de la sociedad, empezando por nuestro núcleo familiar, la crianza que nos dan, el colegio, los amigos y el contexto social en el que crecemos. Todas esas cosas le dan forma nuestro carácter, el cual también se construye con todo aquello que perciben nuestros sentidos al interactuar con el entorno en el que crecemos y nos desarrollamos, luego están aquellas cosas que aprendemos por nuestras experiencias, y, por último, todo lo que manifestamos a los demás, es decir, nuestra personalidad.
Ese cúmulo de cosas le dan forma a nuestros pensamientos, los cuales representan el combustible que le da forma al fuego que moldea nuestra voluntad, ésta nos conlleva a tomar decisiones y actuar de tal manera que podemos crear costumbres o actitudes difíciles de modificar. Por eso es que una mala costumbre es tan difícil de moldear como lo es el más duro de los metales, y solo cuando es sometido a altas temperaturas podemos darle la mejor forma… así sucede con nuestros comportamientos, actitudes y costumbres.


