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La ‘Ruta Santa’ de San Diego: fe pintada en los muros del alma

Por las calles de San Diego, Cesar, no solo caminan los feligreses durante la Semana Santa, también desfilan la historia, la fe y el arte, plasmados en una galería a cielo abierto que convierte al pueblo en un santuario visual y espiritual.

Durante la Semana Mayor, San Diego se transforma. Las casas vestidas con murales que reviven los pasajes más profundos de la vida y pasión de Jesucristo, dan vida a lo que hoy se conoce como la ‘Ruta Santa’. Son alrededor de 40 obras, realizadas en su mayoría en las fachadas de las viviendas de los hermanos pertenecientes a la Hermandad de Jesús Nazareno y de otros devotos del pueblo, que han abierto las puertas de su fe para que esta se convierta en arte.

Las amplias paredes de las casonas tradicionales se han convertido en lienzos donde artistas plásticos de la región han dejado su huella, utilizando la aerografía como técnica para recrear escenas que conmueven y enseñan: Jesús Nazareno, La última cena, La Dolorosa, El lavatorio de los pies, El camino del monte Calvario, Jesús Resucitado, entre muchas otras. Cada una de estas imágenes está cargada de simbolismo, emoción y un mensaje que invita a la reflexión espiritual.

Este corredor de arte sacro, que se extiende por unos 800 metros desde la plaza principal, tiene como epicentro la Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, templo que también enmarca la profunda devoción que profesa la Congregación de Los Nazarenos. Es aquí donde inician y culminan muchas de las procesiones que recorren este sendero bendecido.

Pero la ‘Ruta Santa’ no solo es un espacio para quienes profesan la fe católica. Con el pasar de los años se ha convertido en un sitio de peregrinación cultural, donde confluyen creyentes, turistas y amantes del arte, quienes llegan atraídos no solo por el fervor religioso que se respira en el ambiente, sino también por la riqueza cultural y gastronómica del pueblo, que en Semana Santa se viste de solemnidad y tradición.

Cada mural narra una historia, pero también despierta sentimientos: devoción, esperanza, sufrimiento, nostalgia… y otros, una profunda alegría espiritual. Es un recorrido que invita a detenerse, observar y dejarse tocar por lo intangible, por ese realismo mágico que envuelve a San Diego en esta época del año.

La iniciativa, nacida del deseo de unir arte y religiosidad, ha logrado sembrar un legado de identidad para el municipio. Porque en San Diego, la fe no solo se reza: también se pinta, se camina y se vive.

 

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