Difícilmente habrá en Valledupar, y sus alrededores, unas fanáticas por la música de Los Hermanos Zuleta como lo son las hermanas Jiménez Zuleta. “Nosotras somos sus seguidoras número uno”, dice Cecilia Jiménez, quien junto a sus otras hermanas convirtieron la primera casa de bareque en la habitaron, en el barrio San Joaquín de Valledupar, en un santuario de la música y la cultura vallenata, y por supuesto tienen un lugar muy especial para sus ídolos, Los Hermanos Zuleta.
Nelly, Carmen, Cecilia, Luz Marina, Fanny, Mariela, Marlene y Carlos son los hijos de José Benito Jiménez y Bernarda Zuleta, esta última prima en tercer grado de Poncho y Emilianito y con quienes tejió un fuerte lazo de hermanad, a tal punto que el patio de la casa de esta pareja de esposos, que ya fallecieron, se convirtió en el epicentro de las mejores parrandas del valle hacia los años de los 70 y los 80.
“Esta casa fue el lugar tradicional de las mejores parrandas de Poncho Zuleta, aquí lo conocimos por primera vez en el año de 1966, estaba yo muy pequeña y recuerdo una parranda que hicieron de inauguración de la casa de bareque, vinieron muchísimos amigos entre ellos el doctor Edgardo Pupo, Cristín Villazón de Armas, el doctor Rodrigo López, Colacho Mendoza, Jairo Negrete, y varias personalidades de aquí de Valledupar”, remembró Cecilia.
Los años dorados de las parrandas más sabrosas de Poncho en esa vieja casa de bareque se dieron desde el 75 hasta al 86. “Él venía a cualquier hora, a las 7 de la mañana, o en la madrugada, pero eso sí cuando venía traía hasta el vinagre, leña, bastimento, gallina, cerdo, chivo lo que él quería que le preparaban y siempre le cocinaba mi mamá”, afirmó Cecilia, la única de las hermanas que se tomó la vocería para contarnos todas estas historias, ante la timidez de sus otras hermanas.
Otro invitado habitual a esas parrandas era el ‘Cacique de la Junta’ Diomedes Díaz, con quien compartían patio allá en el barrio San Joaquín, esas parrandas reunían a los personalidades más destacadas de la política y el folclor de esos años, quienes encontraban en esa vieja casa de bareque el lugar perfecto para desconectarse del mundo y entregarse de lleno a sus parrandas.
Poncho le daba el punto al arroz
En medio de la remembranza de esos años de parrandas de Poncho y las esporádicas apariciones de Emilianito, quien no era mucho de este tipo de fiestas, nos contaron que Poncho era el que le daba el toque al arroz.
“Se metía en la cocina y él estaba pendiente del arroz, lo destapaba y él le daba el punto. Le gustaba que le hicieran gallina criolla, pero que quedara especita, por eso le gustaba venir a donde mi mamá, porque ella ya le tenía el gusto”, narró una de las hermanas Jiménez.
Pero allí no termina la jocosidad de Poncho, pues cuentan las mujeres que cuando la comida estaba lista, al ‘Pulmón de Oro’ le gustaba que la sirvieran en el patio en una mesa con hojas de plátano para que sus invitados cogieran a su gusto. “Aquí estamos en mi casa, así que coman a su gusto” eran las palabras que Poncho les decía a sus invitados en medio de las parrandas.
En el año de 1996 se acabaron las parrandas
En 1996 las parrandas en la casa de las hermanas Jiménez Zuleta se acabaron, con la muerte del señor José Benito, quien era una persona por la que Poncho tenía mucho aprecio. Pese a que el señor José Benito no era familia de Los Zuleta fue muy cercano a ellos, especialmente a Poncho, esa confianza se vio reflejada cuando se lo llevaron a trabajar a las fincas La Salvación y Las Tamacas, tanto era el cariño de Poncho hacia José Benito que en una oportunidad le rogó para que se tomaran una foto, la cual se exhibe en aquella casa de bareque que ya se convirtió en sitio turístico de la capital a vallenata.
La última vez que Poncho volvió a esa casa fue en 2007: “Pegamos un grito de la emoción cuando supimos que Pocho había venido a visitarnos, eso fue un 23 de diciembre del 2007, ya mi mamá estaba un poco enferma, nos trajo un chivo para que lo preparamos para el 24 de diciembre, le dejó plata a mi mamá, y fue la última vez que Poncho vino y también la última vez que mi mamá pudo verlo”, cuenta con algo de nostalgia Cecilia, pues hoy su madre ya descansa en la paz de Dios.
“Hablar de los Hermanos Zuleta es nobleza, es cultura, es tradición, es folclor, Los Hermanos Zuleta son únicos, y todo ese talento que tienen es un legado familiar”, parafrasea Cecilia con una emoción que no puede ocultar.
La fanática de Los Zuleta aprovechó para decirle a sus ídolos que siempre tendrán las puertas de su casa abierta para recibirlos como en aquellos años dorados: “Él (Poncho) sabe que hemos convertido la casa en un atractivo turístico porque queremos hacerle un homenaje”, recalcó la mujer.

