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Los peces de la Gobernación que enternecen el alma

Revolotean felices a lo largo y ancho de la fuente, mientras las miradas maravilladas de los visitantes del edificio de la Gobernación del Cesar, los siguen en sus andares de aleteo tranquilo, sin afanes: tienen todo el tiempo del mundo para ir y volver las interminables veces que sean necesarias en la vida agradable que llevan. Y, entonces, sale la frase repentina (pero constante, aunque suene contradictorio) de algún peatón solitario que quiere sacarle una sonrisa al de al lado, quien también admira la belleza natural que nada en la belleza artificial creada por el hombre: «Oiga, ojalá media hectárea de yuca para sacar esta tarea hecha viuda»; y, enseguida, la risotada.

El papá llega con su pequeña hija cargada y la baja para que admire los peces: «Mira, mama, qué hermosos», la anima. El caminante de perros se detiene con su mascota negra para ponerla a desear, así sea uno de los animales del pequeño cardumen que coquetea en la fuente: «…Y con el miedo que le tienes al agua», le dice a su cuadrúpedo.

Tanto los visitantes de la Asamblea Departamental del Cesar, como los de la misma Gobernación, tienen ese bello panorama para admirar, mientras esperan la hora de ser atendidos.

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