Por: Damelis Vásquez, psicóloga clínica infantil y juvenil. Docente del programa de Psicología de Areandina Valledupar.
En mi labor clínica y académica veo, cada semana, historias como la de María, una madre de Valledupar que pasó casi tres meses esperando una cita para su hijo de 8 años con un psicólogo infantil. Tres meses en los que el niño presentó terrores nocturnos, bajo rendimiento escolar y dolores de estómago sin causa médica aparente. Cuando por fin obtuvo la remisión, el hospital le informó que los cupos estaban colapsados y que la lista de espera seguiría aumentando.
Esta situación, lejos de ser excepcional, es la realidad de miles de familias en Colombia que buscan atención psicológica especializada para sus hijos. Lo que debería ser un proceso ágil y prioritario termina convirtiéndose en un camino agotador, repleto de demoras que profundizan el malestar emocional de los menores.
Las cifras confirman la gravedad del panorama. El Observatorio de Talento Humano en Salud reporta cerca de 100.000 psicólogos inscritos en el país, con una densidad de 173 por cada 100.000 habitantes. Sin embargo, este número global no diferencia áreas de práctica ni permite saber cuántos profesionales están realmente dedicados a la atención de la infancia y la adolescencia. En la práctica, la disponibilidad de especialistas sigue siendo insuficiente frente a la creciente demanda.
Los datos epidemiológicos son aún más reveladores. El Colegio Colombiano de Psicólogos indica que el 44,7 % de los niños y niñas del país presenta señales de posibles afectaciones en su salud mental; entre los jóvenes, un 11,6 % manifiesta síntomas de ansiedad y un 15,8 % presenta cuadros compatibles con depresión. Se trata de una generación expuesta a múltiples riesgos, violencia, pobreza, presión académica, uso problemático de tecnologías, pero con un acceso muy limitado a profesionales especializados. Y esto no ocurre solo en la infancia. El Ministerio de Salud ha reportado que el 66,3 % de los colombianos ha enfrentado algún problema de salud mental a lo largo de su vida. Un reflejo de que el malestar emocional atraviesa todas las edades, pero también una evidencia de que el sistema aún está lejos de ofrecer respuestas equitativas y oportunas.
La brecha es evidente: la demanda supera con creces la oferta de psicólogos infantiles. Cada vez llegan más padres con situaciones urgentes, y aún así deben enfrentarse a tiempos de espera prolongados y a la escasez de profesionales formados para atender oportunamente.
Cómo identificar cuándo un niño necesita apoyo psicológico
Los niños rara vez expresan su malestar con palabras; lo hacen con conductas. Cambios de humor repentinos, apatía frente a actividades que antes disfrutaban, quejas físicas sin causa médica, irritabilidad persistente y alteraciones del sueño son señales que no deben subestimarse.
Reconocer estos signos a tiempo permite actuar antes de que el problema se vuelva persistente o debilitante. Acudir al psicólogo ante las primeras alertas puede prevenir que un síntoma inicial se convierta en un trastorno mayor.
Mientras las familias esperan una cita, se recomienda fortalecer estrategias de contención emocional en casa: aumentar la supervisión, modelar la calma, evitar castigos severos, abrir espacios de conversación sin presión y validar lo que el niño expresa. Los acudientes deben convertirse en un lugar seguro, donde el menor pueda hablar sin temor a ser ridiculizado o reprendido.
Aunque algunos optan por acudir a psicólogos generales ante la falta de especialistas, es importante entender sus limitaciones. Pueden ofrecer una orientación inicial, pero no siempre cuentan con la formación en desarrollo evolutivo o en dinámicas familiares propias de la niñez, lo que reduce la profundidad y precisión de la intervención.
Qué hacer mientras llega la cita y cómo enfrentar la brecha
Mientras se accede a atención especializada, es fundamental que las familias sigan algunos pasos:
- Registre síntomas para entregar un historial al especialista.
- Apóyese en recursos confiables, como Mindheart o Headspace for Kids.
- Mantenga rutinas y espacios recreativos, que aporten seguridad emocional.
- Busque redes de apoyo locales (EPS, universidades con servicios psicológicos gratuitos y líneas de salud mental como la 106 en Bogotá, entre otras).
- Acuda a urgencias si hay riesgo de autolesión o pensamientos suicidas.
La formación de más especialistas en psicología infantil es urgente. Cuando terminé mi posgrado hace seis años, en Valledupar apenas éramos dos psicólogas dedicadas a este campo. Hoy el número ha aumentado, lo cual es un avance, pero aún insuficiente frente a la magnitud del desafío.
El reto es sistémico y exige acción conjunta: incentivar la formación especializada, distribuir profesionales en todo el país y garantizar acceso temprano desde la escuela y la familia. Solo así podremos cerrar una brecha que hoy deja a miles de niños esperando la ayuda psicológica que necesitan para desarrollarse plenamente.

