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Omar Geles: un año sin ti

Ha pasado un año desde que se detuvo el corazón de uno de los más grandes hijos del folclor vallenato. Un año desde que el acordeón quedó en silencio por unos segundos, estremecido por la noticia de la partida de Omar Geles. Y, sin embargo, su música, su voz y su legado no han hecho más que crecer. Porque hay ausencias que no se aceptan, que no se superan. Solo se aprenden a llevar.

Omar Geles no fue solo un artista. Fue un creador de sentimientos, un narrador de amores imposibles, un tejedor de versos que se quedaron para siempre en la memoria colectiva del Caribe, de Colombia y del mundo. Su obra no cabe en cifras ni premios, porque lo que él dio fue vida a través de la música.

En su primer aniversario, Valledupar lo recuerda con el corazón en la mano. El barrio El Edén, donde forjó amistades sinceras y sembró afecto, ya lo rebautizó en su honor. Las canciones que compuso —como puentes entre las almas— suenan más que nunca. Y sus letras, esas que alguna vez escribió para otros, ahora parecen hablar de él: del hombre que se convirtió en mariposa, del amigo que se volvió leyenda, del rey que hoy habita en el cielo.

La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata lo nombró, con justicia, Rey de Reyes Póstumo, cerrando un ciclo de grandeza que comenzó cuando era solo un niño con un acordeón prestado y un sueño inmenso. Un título que llegó tarde para su presencia, pero a tiempo para su eternidad.

A un año de su partida, no hay mejor homenaje que seguir escuchando sus canciones, seguir nombrándolo con amor, y seguir dejando que, en medio de nuestras propias nostalgias, su música nos abrace como siempre lo hizo.

Porque Omar Geles no ha muerto. Solo cambió de escenario.

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