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‘Popo’ Barros advierte que la variante es ‘un chicharrón’ para Bosconia

Con la inminente entrada en funcionamiento del anillo vial que rodea al municipio de Bosconia, en el centro del departamento del Cesar, como parte de las obras de la Ruta del Sol 3, crecen las preocupaciones por las repercusiones que este proyecto traerá a nivel económico y social para esta población.

Así lo expuso el diputado Jorge ‘Popo’ Barros durante la sexta sesión del tercer periodo de sesiones extraordinarias de la Asamblea Departamental, al alertar que el llamado “cruce” que históricamente ha sido el corazón comercial del municipio se verá gravemente afectado.

Un proyecto vial que podría apagar el motor económico de Bosconia

“Bosconia es un municipio cuya dinámica propia sobrevive por su comercio, el cual se deriva de sus cuatro vías, compuestas por dos nacionales como son la Troncal del Oriente y la vía de los contenedores”, señaló el diputado, haciendo énfasis en el papel vital que cumple la conectividad vial en el desarrollo del municipio.

El anillo vial, construido por la Concesionaria Yuma y ubicado en el tramo 9 del sector 3 de la Ruta del Sol, contempla cuatro glorietas que permitirán a los vehículos de carga pesada y pasajeros evitar el paso por el centro de Bosconia, reduciendo así el congestionado tráfico, pero también desviando la oportunidad de consumo en la zona.

¿Cómo se verá afectado el comercio local?

Jorge ‘Popo’ Barros

La preocupación central, según el diputado, radica en que, al desaparecer el tránsito vehicular por el corazón del municipio, se esfumarán las posibilidades de ingresos para comerciantes formales e informales.

“Con la puesta en funcionamiento de las variantes, Bosconia y su gente se verán muy afectados, ya que el comercio sufrirá una baja muy alta en la prestación de sus servicios y, por ende, se irá abajo la economía municipal”, advirtió Barros.

Y añadió: “Cuando hablo de comercio no sólo hablo de restaurantes y almacenes, sino de centenares de personas que se dedican a las ventas ambulantes y que también tienen puestos en mesitas y kioscos”.

¿Puede evitarse una catástrofe económica?

Para el diputado, el impacto económico no puede tratarse como una consecuencia colateral inevitable del desarrollo. Urge un plan de acción.

“Ahora se debe tener un plan de choque para detener lo que puede ser una catástrofe para el municipio en su economía”, sostuvo, y propuso una obra concreta: “Este plan no puede ser otro que hacer una realidad el Terminal Galería para ese municipio. Con esta obra el municipio seguiría siendo lo que es: un municipio de origen y salida. Se organizará el transporte con la presencia de empresas transportadoras y se generará empleo para la gente”.

¿Y qué pasará con el vendedor ambulante?

Barros también expresó su inquietud sobre un posible desplazamiento económico y social. “Los grandes empresarios quizás compren terrenos aledaños a las variantes y allí monten sus negocios, pero ¿qué pasa con el vendedor ambulante y el comercio informal?”, cuestionó.

Para él, el Estado no puede ser indiferente ante el impacto que las grandes obras de infraestructura pueden causar en comunidades que históricamente han dependido del flujo vehicular para sobrevivir.

El llamado del diputado fue directo y concreto: convocar a todos los actores involucrados a revisar esta situación con seriedad. “Creo que sería oportuno revisar con el alcalde y con su gente qué alternativa tienen contemplada en su plan de desarrollo para hacer frente a la situación que se generará una vez se pongan en funcionamiento las variantes, y qué aportes puede hacer el gobierno departamental y el nacional en gran manera”.

“El Estado no puede hacerse el ciego y el sordo frente a la afectación de la gente”

Si bien reconoció la importancia de continuar con la ejecución de las vías, dejó claro que el desarrollo no puede significar el olvido para las comunidades. “Las vías hay que hacerlas, máxime cuando son proyectos que ya tienen una inversión pública garantizada. En eso estamos de acuerdo. Pero cuando el desarrollo de obras tiene una afectación en la gente y en su calidad de vida, el Estado no puede hacerse el ciego y el sordo frente a la afectación de la gente”.

En tono crítico, Barros denunció la falta de articulación del Instituto Nacional de Vías (Invías) con las autoridades locales: “Invías siempre se ha pasado por el forro a la Asamblea del departamento del Cesar. Si tengo una preocupación es el tema de Bosconia, que sabemos que es un municipio cuya dinámica propia sobrevive por su comercio”.

El cruce: punto neurálgico del Caribe colombiano

Bosconia es conocido como uno de los cruces más importantes del Caribe colombiano, por donde transitan a diario cientos de vehículos de carga, buses de pasajeros y viajeros que conectan regiones como la Costa Atlántica, el interior del país y los Santanderes. “La vida de Bosconia es el cruce. De ahí se deriva todo”, insistió el diputado, asegurando que cerca del “70 u 80%” de los habitantes vive del comercio informal generado por ese tránsito constante.

“Son vendedores ambulantes, gente que sale a ganarse el diario y lo hacen por esa familia que tiene que llevar sustento a diario. A mí Bosconia siempre me ha preocupado y la verdad que es un tema que ojalá nos cumpla Invías y nos cumplan los contratistas”.

¿Será escuchado el clamor de Bosconia?

La advertencia está hecha. Ahora queda en manos del Gobierno Nacional, el departamento del Cesar, la Alcaldía de Bosconia y las entidades responsables de la ejecución del proyecto, escuchar las voces del territorio. Porque si bien el progreso vial es necesario, el progreso humano no puede quedarse rezagado en las glorietas de una variante que amenaza con desconectar más que caminos.

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