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¡Qué fraude!

Editorial

La Concesión de Tránsito en Valledupar se ha convertido en un sinónimo de recaudación desmedida, enfocada más en llenar las arcas de sus propietarios que en cumplir su verdadera función: mejorar el transporte y la seguridad vial. Con el 55% de las acciones de la sociedad concesionaria en manos privadas, el interés principal parece estar orientado hacia el beneficio económico, dejando de lado las necesidades reales de la ciudad.

Las cámaras de vigilancia que deberían estar instaladas y que deberían ser herramientas para promover la seguridad vial y la organización del tráfico, se han reemplazado por vehículos que andan pescando el menor descuido de los conductores; en pocas palabras son una fuente constante de multas e infracciones. Los vallenatos, que ya enfrentan un día a día complicado por el caos vehicular, ahora se ven asfixiados por sanciones que en muchas ocasiones parecen injustas o excesivas. Este esquema ha generado una sensación de desamparo y de persecución constante, donde más que promover el cumplimiento de las normas, se busca imponer sanciones que contribuyan a incrementar las ganancias de la concesión.

A pesar de los altos ingresos que genera esta operación, aún no se ven reflejadas mejoras sustanciales en la modernización del transporte público ni en la infraestructura vial. Las promesas de calles mejor señalizadas, sistemas de transporte más eficientes y seguridad vial avanzada parecen haberse quedado en el papel. La realidad es que los vallenatos siguen transitando por vías deterioradas y enfrentando una movilidad caótica, mientras los fondos recaudados por las multas se desvanecen sin que se sepa en qué se invierten.

Lo más preocupante es que la concesión no socializa sus decisiones con la comunidad. No existe un verdadero diálogo con los ciudadanos sobre las medidas que implementan, ni una justificación clara sobre el enfoque punitivo de su gestión. Esto refuerza la percepción de que solo están interesados en imponer multas para recaudar, en lugar de generar un cambio positivo en la dinámica vial de Valledupar.

Es importante que las autoridades locales y la ciudadanía exijan transparencia y una reorientación de la concesión. Si no se toman medidas, Valledupar seguirá atrapada en un sistema donde el Tránsito, lejos de ser una herramienta para mejorar la ciudad, se ha convertido en una carga para sus habitantes.

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