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¿Qué se viene con la Reforma Tributaria?

El Gobierno destapó por fin las cartas de la reforma tributaria con la que espera financiar los gastos generados por la pandemia. Con este proyecto, que llegó al Congreso este jueves 15 de abril, la administración Duque espera conseguir cerca de $26,1 billones, equivalente a 2,2 % del PIB.

El documento tiene 163 artículos, muchos de ellos de grueso calibre para el ciudadano. Personas naturales pagarán impuesto de renta a partir de una base gravable de $2,4 millones. Pensiones, gravadas desde $ 4,8 millones.

La iniciativa tributaria descarga mayor peso sobre los asalariados con ingresos desde los $2,5 millones mensuales, alivia la carga impositiva de las empresas y aprieta el pago del IVA para extenderlo a más servicios y productos. Esto último se da a la vez que busca beneficiar a más familias colombianas con las compensaciones de este tributo, que arrancan desde los $50.000 mensuales.

En el proyecto, el Gobierno incluye, a modo de zanahoria, mantener los beneficios sociales como el Programa de Apoyo al Empleo Formal (PAEF) hasta junio de este año, entregar subsidios a las cotizaciones temporales para los jóvenes de primer empleo, personas en situación de discapacidad, aprendices del Sena, mujeres mayores a 40 años desempleadas y adultos mayores no pensionados. Igualmente, propone ampliar los recursos que se destinan para cubrir hasta el 100 % de la matrícula de los estudiantes en condición de vulnerabilidad.

Además, propone hacer del programa Ingreso Solidario una renta básica permanente para los hogares que se encuentren en situación de pobreza o pobreza extrema.

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Pero, ¿cómo llegamos hasta acá?

La reforma tributaria ha tenido un camino agitado, pasado por duros debates acerca de la ampliación del IVA en bienes esenciales de la canasta familiar, por ejemplo. Los debates también incluyeron la extensión de la base gravable del impuesto de renta para personas naturales.

Hasta hoy, la reforma tributaria se había construido a punta de declaraciones del Gobierno, que en una medida nada despreciable tenían retractaciones del propio Gobierno días después.

La necesidad de hacer una tributaria para ajustar los golpes fiscales creados por la pandemia comenzó a ser esbozada desde hace por lo menos un año, en una entrevista del ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, con este diario.

En ella, el funcionario aseguró que “la crisis económica que atraviesa el país implica, de una parte, mucho más gasto público para atender los desafíos en salud pública, los humanitarios y los de iliquidez empresarial; pero también implica muchos menos ingresos públicos como consecuencia del frenazo económico que tiene el manejo de la pandemia. Esto significa mucha más deuda y es una deuda que tenemos que pagar una vez superemos esta tragedia”.

Aunque algunos sectores abogaron por la presentación de la reforma el año pasado, sin las complicaciones preelectorales que trae 2021, el propio Gobierno consideró que no era conveniente hacerlo en un momento de pandemia y se trazó el primer trimestre de este año, marzo específicamente, como el momento máximo para hacerlo.

Medio mes después, el texto por fin ve la luz, luego de intensas consultas con los congresistas, que por estos días tienen una responsabilidad doble: discutir a fondo una reforma que por su contenido y momento histórico bien puede ser llamada crítica y, además, estar pendientes de su propia seguridad laboral de cara a las elecciones de 2022.

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La demora en la presentación del proyecto se debe en buena medida por el trabajo a puerta cerrada que ha hecho el Gobierno con los congresistas para ir apuntalando su apoyo de cara a la discusión en el Legislativo. A principios de marzo de este año, el propio Carrasquilla aseguró que el proyecto estaba siendo discutido con “influyentes parlamentarios de muchas bancadas”.

A pesar de este trabajo, y por cuenta de la dinámica de declaraciones y retractaciones, el paso por el Congreso puede ser tumultuoso, como ha sucedido con el resto del proyecto. ¿Qué puede pasar en el trámite? Experiencias pasadas muestran que, al final, este tipo de reformas salen trasquiladas, que la “mermelada” aparece como motivación para aprobar o negar propuestas y que no falta quien intente colgarle algún “mico”, entendido como aquellos artículos o párrafos que aparecen de repente y que responden a intereses particulares. Duque pide un debate constructivo y que se escuchen las ideas de todos los sectores.

El panorama legislativo podría resumirse de esta forma: los partidos de Gobierno le darán un espaldarazo al proyecto, aunque con reservas, los sectores independientes aún no cuentan con una postura unificada y definida y la oposición cerraría filas contra la reforma.

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